Hace treinta años las cosas no eran tan diferentes como podría suponerse, sobre todo si tenemos en cuenta la generosa cantidad de tiempo que ha transcurrido entre una etapa estival y otra. Es cierto que los videojuegos, a nivel global, no formaban parte del día a día como lo hacen ahora, que las consolas vivían un necesario renacimiento, y que las máquinas recreativas eran la referencia tecnológica y jugable del momento. Pero a grandes rasgos el panorama lúdico gozaba de buena salud y una buena cantidad de niños, adolescentes y adultos ya mostraban una pasión desmedida por el ocio interactivo por excelencia.

Para aquellos que no habían nacido, que no hayan llegado a la treintena o que precisen de referencias cinematográficas o musicales para situarse, 1987 fue testigo de películas como Robocop, Arma Letal, Dirty Dancing, Depredador, El Imperio del Sol o La Princesa Prometida. Mientras que It’s a sin de Pet Shop Boys, Who’s that girl de Madonna, With or without you de U2 o I wanna dance with somebody de Whitney Houston, martilleaban constantemente las emisoras de radio. Una vez hecha esta pequeña acotación, quizá innecesaria, centrémonos en el tema principal.

En 1987 los salones recreativos eran auténticos templos de adoración activa y/o contemplativa. Todos los que sentíamos una pasión desmedida por este universo, más pixelado que nunca, dedicábamos gran parte de nuestro tiempo libre a recorrer nuestras ciudades o poblaciones en busca de nuevas máquinas, o de aquella que se nos daba mejor, para invertir unas cuantas monedas de 25 pesetas. Luego, de vuelta a casa, tocaba enfrentarse a la dura realidad y sufrir un dramático downgrade a la hora de continuar nuestro devenir lúdico frente a nuestro Spectrum, Amstrad CPC, Commodore 64, MSX, PC o, si éramos lo suficientemente afortunados, a los mandos de los todopoderosos Atari ST o Amiga, más cercanos en el aspecto gráfico a esas ensoñaciones bitmap producidas por las potentes coin-ops.

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Y luego estaban las consolas, por aquel entonces protagonizando un obligado reboot. Después del doloroso crash del videojuego de 1983, los ordenadores tomaron el mando de la situación en Occidente, y tuvo que ser Nintendo con su NES la que tiró del carro en USA y Europa entre 1985 y 1987 para devolver al formato cartucho al lugar que jamás debió abandonar. En Japón, Nintendo, ya gozaba de gran éxito con Famicom desde 1983. Sega, con su entrañable Master System, también comenzó a reconquistar occidente en 1986, ya que en Japón el duelo contra Famicom era una guerra perdida. El caso es que el verano de 1987, mes de junio para ser exactos, fue testigo del lanzamiento de Master System en España por parte de Proein con un precio de 29.000 pesetas (174 euros). Hasta Navidad no pudimos echarle el guante a la NES española, aunque en otros países de Europa como Francia o Alemania ya llevaba un año a la venta. Pero de esto ya hablaremos más adelante y con más detalle.

Volvamos al auténtico motor inspiracional y tecnológico del videojuego de 1987, las máquinas recreativas. Las coin-ops contaban con la ventaja de no pasar de moda fácilmente. En un mismo salón recreativo podías presenciar una partida de dos clasicazos de Atari de la talla de Asteroids (1979) o Battlezone (1980) mientras que en la máquina de al lado alguien giraba enloquecidamente el volante del insuperable Out Run (1986). La jugabilidad reinaba sobre casi todos los apartados y aunque la evolución gráfica cada año era evidente, siempre había un lugar de honor para esquemas básicos y viejas glorias de la enjundia de Donkey Kong, Qix, Galaxian, Amidar o Pac-Man, por citar algunos.

2 RobocopAntes del verano de 1987, en ese mismo año, debutaron arcades épicos como el venerado Contra de Konami, un dificilísimo pero tremendamente adictivo run’n gun para dos jugadores simultáneos con doble perspectiva de juego. O Darius, el shooter de Taito cuyo mueble incorporaba un ingenioso montaje especular de tres monitores que ofrecía una resolución de pantalla de 864×224, sistema que también fue utilizado ese mismo año en The Ninja Warriors. Capcom, Sega y Konami perpetuaban su legado recreativo en primavera de 1987 con otro tridente de lujo, Bionic Commando, Super Hang-On y Combat School, respectivamente. Pero lo que nos ocupa y preocupa es el verano de ese mismo año y de él surgieron cuatro títulos que definieron, perpetuaron y optimizaron sus géneros hasta límites casi insospechados.

 

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