Una vez depositadas todas nuestras monedas en las recreativas más emblemáticas de 1987 le toca el turno al entorno doméstico, concretamente a los ordenadores de 8 y 16 bits de aquel prolífico año. Si hoy las trifulcas y competiciones son, principalmente, entre usuarios de consolas (todavía hay millones de usuarios que pierden el tiempo con estas cosas…), hace 30 años el panorama era bastante similar. Si tenías Spectrum, gozabas de un catálogo interminable, muchos amigos con la misma máquina para intercambiar juegos y bastantes títulos que exprimían su limitado hardware con gran acierto; en su contra, una utilización del color por medio de atributos que solo permitía colorear zonas de 8 por 8 píxeles con dos colores, con el consiguiente y molesto contagio cromático, además de un despliegue sonoro, en el caso del Spectrum clásico, bastante limitado. Si eras de Amstrad CPC, contabas con un monitor para ti solito –nada de conectarlo al televisor principal de la casa-, un manejo del color interesante con tres modos gráficos y la industria francesa del videojuego animando el catálogo; pero si querías muchos colores en pantalla tenías que sufrir la infernal resolución del modo 0, con píxeles del tamaño de un ladrillo. Además, muchas conversiones directas de Spectrum no sacaban ventaja de su paleta de colores y el scroll de los juegos no era excesivamente suave.

doubledragonflyerLos usuarios de Commodore 64, pocos (al menos en España) pero bien avenidos, se sentían orgullosos de una máquina tremendamente potente que manejaba sprites con soltura y que gozaba de un chip de sonido prodigioso. Otra ventaja, podías apoyar el pie en la fuente de alimentación en las frías jornadas de invierno. La parte mala, pocos usuarios, un catálogo que alternaba maravillas y calamidades por partes iguales y una paleta de color algo apagada. Si por el contrario eras de MSX, podías ir de exótico por la vida, formar parte de algún club de usuarios y disfrutar con un buen puñado de maravillas japonesas exclusivas. Desgraciadamente las conversiones para MSX casi siempre eran calcos de Spectrum que no aprovechaban el mejor colorido del estándar nipón, su catálogo era bastante más limitado y siempre transmitía cierta sensación de que la novedad que acababa de salir a la venta iba a ser la última. Cada usuario defendía su máquina a muerte y en su testamento pedía ser enterrado con ella. Era como pertenecer a un equipo de fútbol, no podías cambiar…

Y luego estaban los PC, y más allá los grandes ordenadores, Atari ST y Amiga, pero de eso y de los títulos que marcaron nuestras acomodadas y domésticas vidas de aquella lejana etapa estival hablaremos en la próxima entrega. ¡Feliz agosto de 1987!

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