Hablar de Final Fantasy XIV es hacerlo de un ejemplo digno a seguir. Square Enix ha elevado a la enésima potencia el “please understand” de Satoru Iwata recomponiendo hasta el extremo una de sus mayores chapuzas. Quienes visitasen Eorzea en 2010 sabrán bien de lo que hablamos, un MMORPG a media cocción que las primeras críticas defenestraron sin tapujos.

Llegamos así hasta A Real Reborn, coletilla suficientemente explicativa. El mismísimo presidente de la corporación nipona, Yoichi Wada, encomendó a un nuevo equipo resolver la crisis. Naoki Yoshida fue el elegido, ejerciendo de director, productor y diseñador en lo que supuso un completo rediseño: mejorada estructura de servidores y nuevos motor gráfico, interfaz e historia. El aplauso fue unánime en esta ocasión.

Yoshida ha procurado además dos grandes adiciones de contenido, de la que destacamos 2.1 A Realm Awoken por introducir el juego player vs player y Crystal Tower, la primera raid de 24 usuarios. Dicha expansión y 2.2 Through The Maelstorm, están incluidas en la versión que nos ocupa, Final Fantasy XIV: A Real Reborn para PlayStation 4.

Prescindiremos de analizar el profundidad los entresijos de la revisión, dado su lanzamiento el pasado agosto tanto en Windows como PlayStation 3. La veterana máquina de Sony mantuvo el tipo, aunque sus carencias resultaron más que evidentes. Así, Square Enix no dudó un segundo en llevar la experiencia hasta la nueva generación de consolas y la jugada le ha salido redonda.

Conocíamos hace unas horas que A Real Reborn supera los 2 millones de usuarios registrados, lo que se entiende por una de sus excelencias. Todos los jugadores pueden interactuar a independencia de su plataforma e incluso saltar de una consola a otra con tan sólo descargar el cliente del juego y transferir su cuenta. No hay vuelta atrás, eso sí: una vez prosigamos la aventura en PS4, habremos de crear una cuenta distinta en PS3. El usuario actualizado constatará las mayores diferencias en el plano técnico, dado el potencial de la nueva plataforma. Poderío visual y rendimiento se equiparan con la edición para compatibles, lo que no es moco de pavo: resolución Full HD, texturas de nitidez cristalina, mayor distancia de dibujado y menores caídas en la tasa de frames aún con un número considerable de personajes en pantalla. Igualmente se brinda una resolución de 720p para las irremediables ocasiones en que un juego en línea como éste pierda fluidez.

Quienes no estén habituados a una interfaz claramente traída del PC, tampoco deberán preocuparse, dado que podemos personalizarla en grado sumo. Todos los indicadores pueden reubicarse a nuestro antojo y en consecuencia al tipo de control elegido. Sí, podemos jugar con teclado y ratón de forma nativa, aunque hacerlo con Dual Shock 4 no supone drama alguno. Un acierto en todo caso aprovechar su panel táctil para manejar el cursor en pantalla, sistema no muy preciso pero recurrente en situaciones puntuales. Se aprovecha además el altavoz del mando para notificaciones sonoras. Respecto al control propiamente dicho, se articula en torno al D-Pad (selección), botones de acción (salto e interacción) y gatillos L2 y R2, con los que alternar entre diferentes juegos de habilidades. No tardamos mucho en habituarnos.

No podían faltar opciones inherentes a PS4 como Remote Play o el compartir capturas a través de las distintas redes sociales. En lo que al vínculo con PlayStation Vita respecta, se aprovecha plenamente su naturaleza táctil. El control del cursor con el panel delantero es una delicia y podemos configurar el trasero como mejor nos convenga, cumpliendo los gatillos la misma función que en sobremesa. Los peros llegan por el inevitable (aunque mínimo) lag del juego remoto y que 5 pulgadas se quedan algo cortas durante los combates más caóticos.

EN CONCLUSIÓN

Final Fantasy XIV: A Real Reborn cumple su propósito en PS4: equiparar la experiencia en consolas con la de compatibles. Apenas encontraremos diferencias visuales o de rendimiento, salvo un mejorable sistema de iluminación. La interfaz se adopta a nuestro parecer y podemos jugar con teclado y ratón de forma nativa. Aplaudimos además la posibilidad de jugar desde PS Vita o la actualización sin coste para los usuarios de PS3. Por lo demás, sigue siendo un Final Fantasy de trama inspirada, más cercano a lo que los aficionados de la franquicia añoran que a la controvertida última trilogía. ¿Las únicas pegas? Una inevitable cuota de suscripción mensual y que nos llegue íntegramente en inglés.

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