Las canciones nacen a partir de una pequeña idea: una melodía que flota en el aire, el color de una tonalidad, las piezas de un arpegio repartidas aquí y allá por toda la casa; uno encuentra el cabo del hilo y se pone a tirar sin saber cómo será la madeja ni qué podrá tejer con ella.

De una forma parecida nació Los Ríos de Alice. Arturo Monedero, director creativo de Delirium Studios, quiso crear algo con la música de Vetusta Morla. No le costó mucho obtener permiso para utilizar alguna canción, pero las conversaciones poco a poco fueron yendo a más. ¿Y si todo el juego se inspira en las letras de Vetusta Morla? ¿Y si el grupo compone la banda sonora? ¿Y si la banda sonora a su vez  apunta, deconstruye y recrea canciones de la banda? ¿Y si…?

Finalmente Vetusta Morla y Delirium Studios decidieron que la única forma de comprobar si uno vuela es saltar al vacío. El resultado es Los Ríos de Alice, un lujo para los sentidos, un juego que no necesita palabras para ser poético, una melancólica acuarela infantil en movimiento poblada por extraños seres solitarios.

Los Ríos de Alice

La banda sonora de Vetusta Morla no es sólo música incidental para acompañar escenas concretas: parece crecer y evolucionar según se desenvuelve el juego. La música fluye y cambia, pero siempre da vida y color, empuja cada escena para hacerla más potente. Los fans del grupo con buen oído quizá sepan descubrir algunos elementos de canciones conocidas que en Los Ríos de Alice se caen de su rama y crecen hasta ser el tronco de otra canción distinta.

Alice ve un día cómo cuatro brillantes luciérnagas huyen de su colgante y se lanza a buscarlos. Para buscarlas deja atrás su dormitorio y, siguiendo el río, se interna en un extraño mundo onírico cuyas reglas no son las mismas que las de nuestro mundo. Nos asomaremos a las vidas de sus habitantes apenas brevemente, como si echáramos un rápido vistazo por la mirilla de la puerta.

A nivel jugable Los Ríos de Alice es una aventura gráfica, pero deconstruida y reducida (en el sentido más culinario del término), al igual que la música que la acompaña. De tan minimalista el interfaz es casi inexistente: como corresponde en un iPad lo podemos manejar todo con un dedo. Nos movemos con un toque en cualquier lugar de la pantalla; si mantenemos pulsado desplegamos el inventario con los objetos que vayamos recogiendo (y que usaremos, claro está, para resolver puzles).

Los Ríos de Alice

Tendremos que "hablar" con los excéntricos personajes que pueblan para avanzar en nuestra búsqueda; pero tanto nuestras preguntas como sus respuestas se harán a través de imágenes. Pero que no nos engañe el sencillo control: Los Ríos de Alice es un juego exigente. Tendrás que estrujarte bien el cerebro para encontrar la respuesta a cada uno de sus enigmas, y algunos son endiabladamente difíciles; no obstante, basta algo de paciencia para llegar al final… y aseguro que el viaje merece la pena.

También digno de destacar es el diseño artístico del juego, que nos remite a la imaginación sin límites del dibujo infantil de trazo tan sencillo como expresivo, con el apoyo en el color de la acuarela. Pero lo que hace brillante Los Ríos de Alice es la sensibilidad con la que cada uno de sus elementos se entrelazan, se apoyan unos en otros para ofrecernos una experiencia que es como un poema jugable.

Los Ríos de Alice fue finalista de la categoría Mejor Juego Indie del Fun & Serious Game Festival 2013, así como en el Festival hóPlay 2013; ha recibido los premios The Best Appstore y el premio a la mejor app española de The App Date. Se puede comprar aquí para Android y aquí para iPad.

En conclusión

Los Ríos de Alice es un juego para tablets casi único en su especie, no por lo que ofrece como aventura gráfica (de las que sí hay algunas) sino por dar un pasito más, por su afán de ser una pieza artística además de jugable. En mi opinión lo consigue con creces: Delirium Studios firma una delicia para la vista y un juego desafiante, y Vetusta Morla firma una banda sonora con momentos de auténtico genio. Si tienes un tablet en casa cómpralo. No hace falta ser aficionado a Vetusta Morla para disfrutarlo: basta con tener alma.

Sobre El Autor

Director de contenidos
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Me llamo Antonio Santo y nací en Málaga en 1985. Estudié (es un decir) Filología Hispánica en Granada, aunque desde que salí de la universidad (sorprendentemente, por mi propio pie) toda mi carrera profesional ha sido en prensa. En 2011 empecé a dedicarme al periodismo de videojuegos en Vadejuegos; un tiempo después me hicieron director de contenidos por mis pecados. Me han dado algún que otro premio por mi obra poética, lo que demuestra que hay gente para todo. Me gusta tocar música, los perros y la buena comida. Llevo sombrero para hacerme el interesante.

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