Hace mucho, mucho tiempo, desapareció una antigua y sabia civilización de la que hoy ya no sabemos nada. Pero en cierta forma no se fueron del todo: dejaron tras de sí reliquias de su poderosa tecnología; unas reliquias que nos han permitido crear nuéstras máquinas, producir energía para nuestras ciudades… y mucho más: un científico conocido simplemente como Doc ha conseguido crear a Knack, un ser viviente a partir de las reliquias. Será tarea de Knack defendernos de los goblins y sus nuevos ejércitos…

Así comienza la historia de Knack, un juego que se presentó de la mano de PS4 en Nueva York en febrero de este año. Este título cuenta con casi todos los elementos clásicos del géneor: Protagonista entrañable, secundarios simpáticos, malos malísimos y aventuras por todo tipo de escenarios exóticos. A esto se añadían algunos elementos de innovación: Knack, una especie de gólem fabricado con piezas de unas misteriosas reliquias, podía aumentar de tamaño o decrecer según la cantidad de reliquias que lo formen, además de incorporar otros elementos a su estructura para obtener distintas capacidades.

El resultado final no es un mal juego, pero se queda a medio camino de todas sus buenas intenciones. Knack tiene momentos muy entretenidos, pero en otros se hace repetitivo; casi parece una versión simplificada y sin violencia de God of War: cámara fija y abrirse paso a golpes hasta el enemigo final. Por otro lado, es agradable a la vista y tiene diseños de personajes muy simpáticos, amén de algunos momentos sorpendentes a nivel técnico, como ver a Knack convertido en una nube viviente de reliquias.

Como decimos, Knack resulta entretenido, pero ni el sencillísimo sistema de combate (básicamente un botón para saltar, otro para esquivar, otro para golpear y algunas "magias" sencillas) ofrecen variedad suficiente como para tenernos pegados a la pantalla mucho rato. El problema es que no se decide ni por una jugabilidad más compleja ni por un título absolutamente casual: los enemigos pueden tumbarnos de un solo golpe, los puntos de guardado no están muy cerca y Knack no puede bloquear golpes, lo que nos obligará a repetir una y otra vez muchos tramos del juego.

Knack cambia de forma y tamaño, pero esos cambios no afectan gran cosa. Al ser más grande pega más fuerte y aguanta más, pero también lo hacen sus enemigos, por lo que la jugabilidad se queda igual. La capacidad de incorporar elementos como madera, metal o hielo a su estructura tampoco cambia gran cosa: obtenemos tanto una pequeña ventaja como una desventaja (el hielo se derrite al sol; el metal es atraído por los imanes)… pero el cambio en la jugabilidad no supone realmente mucha diferencia.

Artísticamente, tanto escenarios como enemigos son vistosos y simpáticos (a ratos uno se acuerda de películas como Shrek), pero ya hemos visto en otros juegos que PS4 da mucho más de sí. Los niveles son excesivamente lineales, básicamente una colección de "arenas" de combate unidas por pasillos, con alguna que otra sala secreta con piezas especiales que mejoran las capacidades de Knack. Un poco más de libertad de movimiento no le habría venido nada mal.

Las sensaciones finales son agridulces: Knack tenía ideas para haber sido un arcade compacto y redondo, un buen título de plataformas para toda la familia, y se queda a medio camino en casi todo. No es un mal juego, pese a sus fallos: en general es divertido, sobre todo en cooperativo (se puede sumar un jugador en cualquier momento). Las luchas con algunos jefes finales son muy buenas, y cuando Knack se hace más grande es una gozada dedicarse a derribar gigantescos robots y otros enemigos.

Se agradece también que haya también juegos simpáticos para jugar con los pequeños de la casa, aunque sea en dificultad Fácil. Quizá había demasiadas expectativas puestas en Knack por ser un título de lanzamiento y venir firmado por Mark Cenry, que ha trabajado en títulos emblema del género como Sonic 2, Crash Bandicoot o Spyro the Dragon. Aún así, probablemente haya una nueva ocasión para explorar con más profundidad las buenas ideas jugables que plantea: dudo que ésta sea la última vez que oigamos hablar del simpático "golemcillo" Knack… y, personalmente, creo que se merece esa segunda oportunidad.

Sobre El Autor

Director de contenidos
Google+

Me llamo Antonio Santo y nací en Málaga en 1985. Estudié (es un decir) Filología Hispánica en Granada, aunque desde que salí de la universidad (sorprendentemente, por mi propio pie) toda mi carrera profesional ha sido en prensa. En 2011 empecé a dedicarme al periodismo de videojuegos en Vadejuegos; un tiempo después me hicieron director de contenidos por mis pecados. Me han dado algún que otro premio por mi obra poética, lo que demuestra que hay gente para todo. Me gusta tocar música, los perros y la buena comida. Llevo sombrero para hacerme el interesante.

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.