La mitología griega siempre ha estado mezclada con hechos históricos reales a los que luego incluían intervenciones divinas. Si bien los romanos trabajaron duro para adaptarlo a su mundo, aún hoy persisten vestigios de aquellas historias de guerras en las que los dioses, ninfas y seres sobrenaturales jugaban con los humanos.

Posiblemente la guerra de Troya puede ser una de las más “presentes”, sea por el osado método con el que atravesaron los muros o sea simplemente por haber tenido una adaptación “libre” en forma de película protagonizada por Brad Pitt. Pues bien, en Warriors: Legends of Troy podremos revivir la guerra por el dominio de Troya, pero no desde esa visión adaptada de la película sino desde su vertiente más mística. Y es que, además de Aquiles, el caballo y Helena, la conquista de Troya por parte del imperio de Agamenon duró más y tuvo aún más folclore.

Es interesante ver en el juego, por ejemplo, recreada la locura de Ayax o cómo Aquiles permitió a Patroclo llevar su armadura y conducir sus tropas para, en duelo con Hector, morir. Es decir: más allá de lo que el juego ofrece se ha tratado de cuidar en este título toda la mitología que rodeó aquellos acontecimientos y la han sabido implementar de una forma más que correcta. Para dar más peso a esta encomiable labor de hemeroteca y adaptación, en los tiempos de carga del juego iremos viendo, por medio de dibujos que evocan los vistos en muros de la antigua grecia, la trama que desemboca en los combates que tendremos que lidiar.

Luego ya, entrando más en lo que es el juego en sí nos encontramos con que Tecmo Koei se alejan un poco de sus longevos Dynasty Warriors o Samurai Warriors, para ofrecernos con este Defenders of Troy un juego mucho más adaptado al mercado occidental. Esta adaptación al mercado no asiático no sólo la vemos en la historia que nos cuentan, centrada en algo más familiar para el occidental como es la historia griega, sino también en el aspecto visual. Menos estilizado, más rudo, encontramos en el título mucha más sangre y violencia que las no menos peligrosas ni mortales, pero sí estéticas luchas de samurais a las que nos tenían acostumbrados.

No obstante, bajo este nuevo manto, nos encontramos con estructuras que a los seguidores de las franquicias más célebres de Tecmo Koei les resultarán familiares. Así, tenemos sucesión de batallas de unos pocos soldados contra ejércitos enteros, nuestro control sobre un héroe que excede en mucho las habilidades de cualquier otra unidad, los combates finales contra poderosos enemigos en los que tendremos que aprendernos sus patrones para contraatacar…

Tampoco es realmente nuevo, pero se agradece ver cómo podemos ir comprando mejoras para nuestro personaje permitiendo personalizar un poco más la forma en la que lucha, ya que dependiendo de estas compras podremos mejorar diferentes tipos de ataques o habilidades. Del mismo modos, en cada mapa nos encontraremos con un entorno que nos permitirá seguir múltiples vías para llegar al combate final del mapa y se nos ofrecerán, si nos cruzamos con ellas, misiones opcionales. Cuanto más luchemos y más misiones secundarias consigamos más puntos de experiencia ganaremos y con ello más podremos mejorar y personalizar nuestro héroe, por lo que siempre vendrá bien tratar de conseguir todos los objetivos, cosa que si conseguimos, además, nos dará acceso a objetos especiales.

Y por todo ello el juego se hace realmente llevadero. Sí, visto en frio se trata de recorrerse una y otra vez los mapas por sus vías encontrando las misiones secundarias y luego teniendo el combate importante de turno. El que salvo al final tanto el recorrido como los rivales no representen una amenaza seria también lo aleja de mayores cotas, así como unas voces que no transmiten demasiado. Es más, en ocasiones hasta los controles de combate fallan (tiene un botón para fijar objetivos… cuando tras tener uno seleccionado el personaje ataca a otro lado irrita un poco). Pero estos males, a los que acompaña una calidad gráfica cuestionable, que se compensa con una más que aceptable banda sonora, se ven paliados en parte por el constante cambio de héroe que controlamos. Porque además de los más que predecibles Aquiles, Hector o Paris, durante el juego también podremos controlar a Ayax, Patroclo, Eneas, Odiseo (que puede que os suene más por el nombre de Ulises) o incluso la reina de amazonas Pentesilea. Todos con sus peculiaridades, puntos fuertes y débiles, pero que por mera cuestión jugable compartirán mejoras que vayamos comprando.

Además de la campaña el juego cuenta con modos de juego que iremos ampliando según avancemos. Tenemos la opción de jugar al modo “Arena” en el que podremos repetir duelos contra héroes, al modo “Masacre” en el que tendremos que hacer frente a ordas de enemigos y el modo “Rabia” en el que nuestra vida se consume paulatinamente y la única forma de recuperarla es derramando sangre de enemigos. Además del modo normal, si avanzamos lo suficiente, accederemos a las versiones más duras de estros tes modos que serán iguales salvo que en modo experto. Divertimentos que, si bien no mejoran al juego, si que permiten extender un poco más su vida útil.

Conclusión

Con todo Warriors: Legends of Troy siembra la duda. No es un título que sobresalga especialmente en ningún aspecto. Incluso a nivel gráfico y jugable está algo desfasasdo. Es más: viéndolo  fríamente parece un Dinasty Warriors pero adaptado a la guerra de Troya, en el que no podrás elegir facción e irás cambiando de héroe según toque.

Esto así nos obliga a  tener que valorarlo con la nota que te aparece. Pero luego en cambio te encuentras con el cuidado que han tenido a la hora de recuperar héroes, con lo bien que han adaptado esa mecánica al gusto occidental y lo reconfortante que es encontrarte con clases de historia sazonada con mitología que se te pasan las horas volando. No mejora la nota pero ofrece alicientes para el jugador menos exigente.

Lo mejor: No tiene nada que ver con la película de Brad Pitt y Orlando Bloom, tiene una buena adaptación de los “hechos” y devuelve a la palestra héroes olvidados. La banda sonora también es digna de mención.

Lo peor: La cámara no siempre ayuda, los controles de vez en cuando hacen que falles más de la cuenta…

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