Los geeks españoles suman una fecha en rojo a su calendario. El próximo 26 de junio podrán adquirir el flamante Apple Watch por Internet o probar suerte en alguna de las Apple Retail Stores repartidas por nuestra geografía.

Los usuarios de Australia, Canadá, China, Francia, Alemania, Hong Kong, Japón, Reino Unido y Estados Unidos pudieron reservarlo (exclusivamente online) hace exactamente ocho semanas, por lo que la mayoría ya luce reloj inteligente en su muñeca. La demanda ha superado cualquier expectativa, lo que sumado a inevitables problemas de fabricación obligó a retrasar la comercialización global del dispositivo.

Existe sin embargo un resquicio por el que los impacientes pueden hacerse con el smartwatch al momento. Los de Cupertino han firmado acuerdos con boutiques de Londres, París, Tokio, Berlín o Nueva York para la venta anticipada. En el caso de la capital parisina, los lujosos almacenes Lafayette Haussmann cuentan con su propia Watch Store, donde uno puede probarse el reloj y llevárselo puesto. Menos previsible es la adquisición en Colette, comercio entre lo elitista y el hipsterismo situado junto a las Tullerías.

La otra cara de la moneda es una recalcitrante falta de stock para los modelos más demandados. Encontrar un Apple Watch Sport con caja de 42 milímetros es misión imposible y los 629 euros de partida para la colección inmediatamente superior (Apple Watch) resultan prohibitivos para el consumidor de a pie. A un servidor también se le presentó la disyuntiva, con motivo de un largo fin de semana en la urbe de la Torre Eiffel. Decidí conformarme con el discreto Apple Watch Sport de 38 milímetros con caja de aluminio gris espacial y correa negra.

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72 horas de uso continuado después, me encuentro en disposición de redactar impresiones. La primera duda que surgirá a cualquier necesitado de Apple Watch refiere al tamaño. Por mucho que hayáis impreso patrones o comparado imágenes a escala real, mi recomendación es que esperéis a la prueba in situ. La diferencia de tamaño resulta menos evidente de lo que uno podría pensar, hasta el punto que es complicado determinar los milímetros de cualquier reloj expuesto si no se tiene a su hermano mayor (o menor) justo al lado. Aunque mi muñeca casó mejor con el modelo de 42 mm, al transcurrir de los días uno se habitúa a los 38 milímetros y los encuentra naturales. Desaparece cualquier sensación de portar un reloj “minúsculo”.

Descartad desde ya la idea de que los 38 mm van destinado exclusivamente a mujeres, pues son muchos los hombres de muñeca delgada. Mi diámetro (17 centímetros) bien podría considerarse el límite entre el Apple Watch pequeño y el grande, donde ni uno luce diminuto ni el otro gigantesco. Optar al alza en caso de ‘empate técnico’ es la mejor opción, eso sí.

Una vez fuera de la caja, sorprende tanto el grosor del reloj como su nimio peso. La elegancia no está reñida con el modelo Sport si se rehuye de colores llamativos y la calidad del ensamblaje se aprecia a simple vista. El reemplazo de correas resulta tremendamente sencillo, gracias a sendas pestañas de la parte trasera, donde el sensor de ritmo cardiaco toma contacto directo con la muñeca.

apple-watch-2Sobre la correa en sí, el sistema de clip (nuevamente para la colección Sport) se combina con la inserción de la parte inferior bajo la superior, lo que garantiza un agarre perfecto durante todo el día. No importa si nos dedicamos a tareas de oficina o deportivas, llevar el smartwatch se antoja cómodo siempre y cuando encontremos el agujero óptimo de ceñido. No os preocupéis quienes no estéis habituado a relojes, pues la sensación con este modelo es equivalente a la de una pulsera de actividad. Por mucho que os sude la muñeca, la trasera del Apple Watch se mantiene intacta. Tampoco me he encontrado incómodo al teclear.

Otro gran interrogante en torno al Apple Watch, como reloj inteligente, radica en su verdadera utilidad. ¿Para qué quiero un smartwatch? Más que un gadget autónomo, el concepto de Apple pasa por la dependencia como paso intermedio hacia la libertad de ataduras. Reconocedlo: en más de una ocasión habéis soltado el smartphone sobre la mesa, saturados, tras muchos minutos absortos. Las consultas fugaces a la barra de notificaciones se han convertido en una costumbre cuasi adictiva, que comienza a pasarnos factura. Nunca más. Watch se ocupa de dichos menesteres por nosotros, informándonos puntualmente con un discreto timbre (o zumbido) cada vez que una aplicación del iPhone arroje avisos. La conectividad Bluetooth 4.0 evita que la autonomía del teléfono se resienta, aunque todo depende de si éste se encuentra bajo red WiFi o 3G. Sin conexión de datos, la interacción se limita a la cuantificación de actividad, la consulta horaria, el disparador automático y aplicaciones independientes como el cronómetro, el temporizador o la fijación de alarmas.

Puedo decir que estos últimos días apenas he sacado mi iPhone del bolsillo. Tampoco es que el Apple Watch sea un dispositivo que invite (o pretenda) el ‘toqueteo’ constante, por lo que la ganancia en calidad de vida es más que plausible: consultas el zumbido de marras y vuelves a concentrarte en esa cerveza con amigos o puesta de sol tras una carrera maratoniana. El concepto convence. La monitorización física también, con remo, stepper, caminatas, carrera en cinta y bici elíptica entre otras actividades a seleccionar. Sí que encuentro limitada la cuantificación cotidiana, mediante la aplicación “Actividad”. Tres elipses van completándose al cabo del día según el tiempo que pasemos en movimiento, ejercitándonos o de pie, aspectos demasiado generales y sin opción de fijar objetivos más allá del número de calorías consumidas, lo que resulta del todo subjetivo. Echamos igualmente en falta estadísticas pormenorizadas y una mejor integración del sensor de actividad cardiaca (preciso sin discusión).

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Cuando no estemos consultando la hora (las esferas son numerosas, atractivas y personalizables) ni repasando notificaciones, el reloj dispone todas las aplicaciones compatibles de nuestro iPhone en un menú de iconos circulares y tamaño variable, según nuestro desplazamiento táctil o mediante la corona digital sita en en el lateral superior derecho. Bajo ésta se encuentra el botón de apagado o acceso directo a una docena de contactos, que podremos importunar con mensajes dibujados o emoticonos animados. El panel ofrece una nitidez y colorido impresionantes, como nunca se han visto en un smartwatch e incluso bajo el sol más radiante. La respuesta táctil es siempre precisa y alberga un sensor de presión que permite dictar mensajes o peticiones a Siri (muda en esta ocasión), cambiar ajustes…

La optimización de aplicaciones varía claramente. Twitter e Instagram permiten consultar nuestro timeline y últimas fotos, Flipboard se limita a titulares y Yelp a la búsqueda de locales cercanos. Otras como Facebook o Whatsapp aún no se han animado a dar el salto, pero en líneas generales cada app cumple con su función básica. Como era de suponer, las aplicaciones de Apple se llevan la palma, especialmente por sus múltiples configuraciones a través de la aplicación de Apple Watch para iPhone, a la que recurriremos en más de una ocasión.

Los juegos son lo que puede esperarse de un aparato así: excusas de las que se salvan algunos puzles inspirados y el consabido Runeblade (un RPG bien traído a la muñeca). El problema en estos casos es el consumo abusivo de batería. Aunque el reloj aguanta con solvencia todo un día, la carga (muy cómoda gracias a la inducción) se hace obligatoria cada noche. Contamos en cualquier caso con un modo de ahorro energético que suprime toda funcionalidad salvo el indicador horario.

A la espera de que WatchOS 2 aumente la independencia (apps nativas) y autonomía del Apple Watch, mis primeras impresiones son satisfactorias. Lo encuentro un gadget liberador en muchos aspectos, elegante y con una interfaz (“Vistazos” y “Complicaciones” inclusive) que envidiarán el resto de fabricantes. Chirría aún así que algunas notificaciones pasen desapercibidas o el comportamiento errático de ciertas aplicaciones, lo que deberá resolverse mediante actualizaciones. Si buscáis un smartwatch que haga las veces de smartphone deberíais mirar a otro lado. De lo contrario, os entusiasmará la propuesta diferenciada de Apple.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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