Los rumores apuntan (y rara vez se equivocan al respecto) a que la próxima keynote de Apple se celebrará el 15 de marzo. Aunque hubo un tiempo en que se esperó el anuncio del Apple Watch de segunda generación, todo parece indicar que el evento se limitará a introducir nuevas correas (nylon y mayor cromatismo para las colecciones Sport y Hermes).

La cita, retransmitida en pleno Mobile World Congress para robar atención, albergaría también la presentación de un iPad Air 3 y un iPhone de 4 pulgadas equiparable en prestaciones al reciente iPhone 6S. Sobre la tablet se dice que heredará características de su hermano mayor (iPad Pro), tales como una CPU mejorada, cuatro altavoces, incremento de RAM, compatibilidad con Apple Pen e incluso un teclado acoplable.

Pretendo con este artículo evaluar mi día a día con el reloj inteligente de Apple durante los últimos meses y recopilar la suma de rumores que circulan en torno a su segunda iteración.

Apple Watch, tu visor de notificaciones


Compré mi Apple Watch un sábado de junio en París, hace 7 meses, por pura impaciencia. Tanto así que me hice con el modelo de 38 milímetros cuando mi muñeca pedía a gritos el de 42mm. Por supuesto, no me costó revenderlo al precio de compra (inferior al fijado en el mercado español) para agenciarme otro Watch Sport en color negro. Mi muñeca se sintió desnuda los días transcurridos en el proceso, como si el gadget hubiese tomado carácter de imprescindible. Algo similar a cuando olvidas el teléfono en casa y no hay más opción que desandar tus pasos. ¿Habría logrado Apple su propósito de un dispositivo cotidiano?
Descubrí, pasados los meses, que la respuesta era afirmativa a medias. Aunque raro ha sido el día en que mi Apple Watch se ha quedado reposando en la base de carga, su utilidad es relativa por la cantidad de funciones que apenas he frecuentado.

Consultar la fecha, hora, temperatura, actividad física e incluso la última cita en el calendario a un giro de muñeca es comodísimo, gracias a la Watch Face “modular”. Sí, es la menos vistosa, pero sin duda la más práctica. Esto supone que apenas he accedido a las aplicaciones pertinentes, especialmente por la falta de opciones. La app “calendario” se limita inexplicablemente al mes en curso, por ejemplo.apple-watch-review-12
Las llamadas “complicaciones” también me han pasado un tanto inadvertidas, a excepción del indicador de frecuencia cardíaca, que resulta de mucha utilidad en pleno entrenamiento. A menudo he olvidado iniciar una sesión concreta (correr, bicicleta, elíptica…) en la app “entreno”, dándose un conteo de pasos inexacto. De hecho, Apple Watch suele contabilizar sensiblemente por debajo de otras pulseras de monitorización con las que he comparado estos meses, como Xiaomi MiBand o Fitbit HR. Tal vez por la mayor precisión del Watch, aunque no puedo asegurarlo.

Queda claro entonces que el menú de aplicaciones raya lo anecdótico en mi experiencia. Aunque las primeras semanas pasé horas indagando en la tienda de aplicaciones, probándolas con fruición (y agotando la batería en cuestión de horas), con el tiempo uno se limita a unas cuantas funcionalidades. Ha habido ocasiones en que he descubierto apps instaladas automáticamente, días después de adquirirlas en mi iPhone 6 Plus o iPad mini Retina.

Juegos como RuneBlade me mantuvieron enganchado meses, pero son la excepción que confirma la regla. La carencia de optimización es alarmante y Watch OS 2 hizo poco o nada por solucionarlo, tan bien que se las prometía con la irrupción de aplicaciones nativas. Siguen ejecutándose a paso de tortuga y muchas operaciones nos regalan una espiral de carga ciertamente molesta. Es como si el reloj se hubiese diseñado como dispositivo pasivo, pues no hay queja respecto aquellas tareas que realiza en segunda plano.
Encontré solución a estos menesteres en el asistente por voz, Siri, a la que he recurrido para dictar alguna respuestas en iMessage (siempre con un reconocimiento envidiable) o programar cuentas atrás para controlar la cocción de huevos o pizzas. Experiencia nefasta por otro lado con la recepción de llamadas: aunque oía sin problema a mis interlocutores, éstos se quejaban por escucharme entrecortado, lo que me obligaba a tirar de teléfono.

Así con todo, ya no puedo pasar sin las sutiles vibraciones que me indican la llegada de notificaciones. ¿Lo bueno? Giras levemente la muñeca y, dado que la mayoría suelen ser minucias, sigues a lo tuyo sin molestarte por sacar el smartphone del bolsillo. ¿Lo malo? El impulso irrefrenable por mirar al reloj cuando estás en el cine o en mitad de un café con amigos, lo que te saca de la película en el primer caso y puede dejarte por desinteresado en el segundo. Alguna que otra vez me han preguntado: ¿Tienes prisa? Curioso, cuando mirar al móvil largos minutos está más que aceptado en cualquier encuentro social.

Tampoco puedo obviar las veces que he recibido un correo electrónico o chat de urgencia y he podido atenderlo inmediatamente, baza que llega a justificar la compra de estos visores de notificaciones. Porque eso es lo que ha terminado siendo, para un servidor, el Apple Watch de primera generación. Al menos hasta que los de Cupertino mejoren su rendimiento y usar aplicaciones no sea engorroso. Las buenas sensaciones con PassBook (ahora Wallet) en aeropuertos, restaurantes o teatros también me invitan a esperar con ansia la implantación de Apple Pay en España.

Apple Watch 2


La característica estrella del segundo Apple Watch sería una cámara frontal con la que realizar y recibir videollamadas (FaceTime), seguida por un chip inalámbrico que libere al gadget de la conexión Bluetooth del teléfono.

Aunque el modelo actual puede recibir mensajes y actualizarse conectándose a nuestra red WiFi habitual, no se entiende que la totalidad de aplicaciones queden ajenas. Apple Watch 2 mejoraría así la transferencia de datos y geolocalización, a costa de un mayor consumo de batería.

La autonomía es precisamente otro punto importante a mejorar y la principal razón por la que muchos se muestran reticentes a comprar: “Lo de tener que cargarlo todas las noches…“. En cualquier caso, una batería de más capacidad con tales funciones difícilmente superaría el día y medio actual.

Ya en el plano de lo deseable, los analistas buscan adiciones como un sensor para la monitorización del sueño, GPS, resistencia a la inmersión e incluso pulseras inteligentes que contengan baterías o antenas para mejorar tanto la autonomía como las conexiones de voz y datos.

Donde no se esperan cambios significativos es en el diseño del reloj, que mantendría su pantalla cuadrada en lugar de subirse al carro de lo circular. Tampoco parece probable una disminución del grosor, salvo por el panel, que sobresaldría algo menos. Sobre los materiales se rumorea con el titanio, tungsteno, paladio y platino.

¿Cuándo llegará al mercado? El original se presentó en septiembre de 2014, lanzándose en abril de 2015. China’s United Daily News habla de junio de 2016, lo que no cuadra con quienes niegan que el Apple Watch 2 vaya a estar presente en la próxima keynote.

¿Y cuánto costará? No se contemplan rebajas en los mentideros. Se dice que Apple introduciría nuevos rangos de precio entre los 1.000 dólares del Apple Watch en acero inoxidable y los 10.000 dólares de la edición en oro de 18 quilates. Tendría sentido si se anuncian los mentados materiales.

Estaremos pendientes a la hipotética presentación del 15 de marzo para confirmar (o desmentir) estas informaciones.

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Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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