El mando Razer Wildcat es un producto con un público muy determinado en mente: el jugador (profesional, aspirante o aficionado) de e-sports, o en su defecto el usuario muy exigente. Por eso no se anda con tonterías y tiene sus prioridades claras: rendimiento y comodidad por encima de forma y estilo. No es un mando para el jugón de a pie, como deja claro su precio (entre 120 y 150 €, dependiento de la tienda), sino para el usuario exigente que busca siempre el equipo de mayor nivel para su experiencia de juego.

En las últimas semanas hemos tenido en la redacción la versión de Xbox One, compatible también con PC; en este caso, su competencia es nada menos que el propio mando Elite oficial de Microsoft, prácticamente con el mismo precio. Enfrentados uno contra otro, no parece que haya un ganador claro por KO: ambos tienen sus ventajas y sus inconvenientes. Vamos a repasar las áreas más importantes del Wildcat para que veais qué tiene para ofrecer el mando pro de Razer.

La comodidad lo primero

Como decíamos antes, el Wildcat no busca el diseño más espectacular, sino el más efectivo. Recién sacado de su estuche (que traiga uno propio es un buen detalle) sólo destaca el color de los cuatro botones frontales y la ligera sobreimpresión del logo de Razer en el agarre derecho. Por lo demás, nada llama la atención en su diseño. Su aspecto cambia bastante si colocamos las fundas antiadherentes en las dos palancas y en los agarres del mando, ambas con el característico color verde fosforescente de Razer. Aun así, no es un mando que destaque por la originalidad de sus líneas ni por su aspecto.

Sí llama la atención su bajo peso: con sus 272 gramos, el Wildcat es más ligero que los mandos oficiales de Xbox One, tanto el básico (274 gr) como el Elite (348 gr). Hay varias razones para ello, empezando por estar fabricado en plásticos ligeros (que, sin embargo, aguantan bastante castigo); pero la más importante de todas es que, al estar obligado a usar cable (ya hablaremos de ello) se ahorra el peso de la batería. El asunto del peso es importante en sesiones largas de juego o entrenamiento, tanto por simple comodidad como para evitar lesiones.

La comodidad del agarre mejora muchísimo con los plásticos antiadherentes, especialmente en las palancas, que ganan incluso sensibilidad: basta un suave roce para lograr movimiento. Colocar estas fundas a las palancas es muy, muy recomendable: la mejora en el rendimiento del mando es notoria. Los adhesivos para los agarres son un poco incómodos de pegar, y seguramente puede costar varios intentos. Una vez bien acoplados, eso sí, el adhesivo parece lo bastante potente como para aguantar cientos de horas sin problemas.

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La comodidad del agarre mejora muchísimo con los plásticos antiadherentes, especialmente en las palancas, que ganan incluso sensibilidad.

Controles personalizables

En la parte frontal no nos esperan muchas sorpresas. Además de las dos palancas de control, hay un d-pad básico que recuerda casi más al del Dual Shock 4 que a los de Xbox One. Los botones XYAB no presentan más florituras que sus cuatro colores bien visibles; ni están retroiluminados (algo que podría distraer) ni tienen ningún otro elemento destacado.

Aparte de los botones estándar, en la parte frontal baja del mando nos encontramos cuatro controladores: un botón para remapear los gatillos traseros, otro para cambiar de perfil de uso (buen detalle: una luz junto al logo de Xbox nos indica qué perfil está activo), un tercero para desconectar el micrófono y un cuarto como control de audio. El puerto de 3,5 mm para los cascos está justo debajo de estos botones, como en los mandos estándar; y la calidad de sonido que nos ofrece es más o menos la misma.
En la parte trasera hay cuatro botones extra que podemos personalizar; el mando nos permite crear hasta tres perfiles con distintas funciones para cada botón. Lo que no podemos es, al menos en principio, crear macros: a cada botón se le puede asignar un uso, pero no se pueden configurar combinaciones de botones para obtener más controles. Los dos gatillos traseros adicionales se pueden retirar si no los vamos a usar. De todas formas, retirarlos es un poco engorroso (hace falta usar el destornillador incluido con el mando) y no suelen molestar por estar en una posición en la que es difícil dar por error. También contamos con un par de deslizadores para cambiar la distancia de recorrido de los gatillos estándar, por si preferimos tener que pulsar menos.

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Desempeño de élite

Pero llega la hora de jugar y ahí es donde el Wildcat brilla de verdad. Antes mencionamos que el mando obliga a usar cable, algo que puede parecer un inconveniente para el usuario habitual, pero que se vuelve casi obligado si queremos competir. El cable ofrece una menor latencia (la diferencia de tiempo entre que damos una orden y ésta se ejecuta), y en competición cada décima de segundo cuenta. Además permite, como ya hemos dicho, reducir el peso eliminando el uso de baterías. El cable que incluye el mando garantiza una larga vida: su fibra trenzada soporta mayor fuerza de torsión y flexión que el cable estándar; incluye también un sistema de desconexión rápida, básicamente para asegurar que no lanzamos la consola por los aires si le damos un tirón al cable por accidente.

El bajo tiempo de latencia del cable se suma al desempeño de unos botones con una respuesta excelente. Los botones XYAB tienen un recorrido cortísímo, y basta un toque muy suave para activarlos; sobre los gatillos y las palancas de control ya hemos hablado. Gracias a todo ello, jugando con el Wildcat contra un mando normal sentimos que llevamos una marcha más, que estamos corriendo con un motor algo más potente. Es una ventaja mínima, pero una vez más, en juego competitivo todo suma y cada instante cuenta.

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Wildcat vs Elite Controller

Las sensaciones con el Wildcat son excelentes; es un mando con una altísima velocidad de respuesta, cómodo y ligero, y con la potencia y flexibilidad extra que nos aportan los controles configurables. ¿Cuáles son sus puntos flacos, pues, frente a su competidor directo el Xbox One Elite Controller? Principalmente, todo aquello que sacrifica para lograr sus puntos fuertes. El Wildcat está pensado no sólo para competir, sino especialmente para FPS; así, de cara a juegos de lucha el d-pad parece menos cómodo que el del Elite, aunque esto también es cuestión de gustos.

Por otro lado, el Elite pesa más, pero sí permite juego sin cable y ofrece mayores posibilidades de personalización: d-pad y palancas diferentes, más botones programables… En última instancia es una cuestión de gustos: no parece que haya un ganador claro. Ambos mandos tienen sus ventajas e inconvenientes. El Elite parece más versátil, más enfocado a ofrecer una experiencia de juego premium en distintos géneros que a la competición. Por otro lado, el Wildcat está muy especializado en ofrecer una velocidad de respuesta altísima y una gran comodidad de uso para sesiones extendidas. Para el jugador de a pie un mando de 150 € es un lujo, pero para el que quiera llevar su juego al siguiente nivel es una opción excelente.

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