La viruela llevaba asolando a la Humanidad desde hacía 12.000 años. Tras el descubrimiento de su vacuna en el siglo XIX, el ser humano inició una campaña mundial para combatirla que culminó con su erradicación en 1979. Por primera vez en la Historia, todas las naciones del mundo se habían puesto de acuerdo sin reservas por un fin común. Era el fin de un virus asesino que había matado sólo en el siglo XX a alrededor de 400 millones de personas.

Pero en realidad no lo fue, o al menos no del todo. EEUU guardó una muestra del virus. Rusia retuvo otra. Ninguno de los dos países ha aceptado las sucesivas peticiones de la Organización Mundial de la Salud para destruirlas, pese a que la comunidad científica asegura de forma unánime que ya no son necesarias para investigación. Sólo son un peligro durmiente. Ninguna persona nacida a partir de 1970 ha recibido la vacuna contra la viruela; una vacuna que, además, reduce su efectividad con el paso del tiempo. Como la enfermedad ha desaparecido de nuestro entorno, tampoco tenemos defensas propias de ningún tipo contra ella. Ante un brote epidémico las autoridades no tendrían tiempo de organizar una nueva campaña de vacunación global. Sería una catástrofe.

En julio de 2014 aparecieron en un laboratorio de EEUU varios viales de viruela. Nadie sabía que estaban allí: estaban en una caja de cartón en un almacén olvidado.

¿Seguro que estamos a salvo?

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En 2001 el gobierno de los Estados Unidos encargó a un grupo de especialistas de diversas instituciones (políticos, científicos, abogados, periodistas…) que desarrollaran una simulación de un ataque bioterrorista con el virus de la viruela en suelo norteamericano. El objetivo era detectar las vulnerabilidades del sistema y establecer nuevos protocolos de respuesta en caso de que se utilizaran armas biológicas contra la población civil. El experimento recibió el nombre en clave de “Operación Dark Winter” [Invierno Oscuro]; la premisa de partida era un primer ataque en Oklahoma, seguido de nuevos brotes en Georgia y Pensilvania.

El virus de la viruela al microscopio

El virus de la viruela al microscopio

Según el equipo de investigadores, EEUU sería incapaz de reaccionar con suficientes eficacia y velocidad como para impedir que los brotes se convirtieran en una epidemia. La reserva de vacunas de viruela es testimonial, y la industria farmacéutica no tendría capacidad suficiente para generar las unidades necesarias antes de que la enfermedad se extendiera; en cualquier caso, el sistema de salud norteamericano tampoco tendría infraestructuras para organizar una campaña de vacunación efectiva a toda prisa. Las distintas instituciones políticas, concentrada cada una en sus propias necesidades, serían incapaces de coordinarse por el bien común. Muy pronto habría miles, millones de muertes civiles; la pérdida de confianza en las autoridades haría que la población se descontrolara, y los políticos se saltarían todas las garantías democráticas para sofocar los disturbios.

Trece días. En sólo trece días EEUU se vería abocada al caos.

Por razones obvias no sabemos qué medidas se han tomado desde entonces para resolver, o al menos paliar, las carencias detectadas en la Operación Dark Winter; pero las conclusiones de entonces no fueron precisamente esperanzadoras. Un ataque de viruela habría hecho hincar la rodilla a la superpotencia con mayor poder militar de la historia de la Humanidad.

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En Tom Clancy’s The Division, un enemigo desconocido logra iniciar una epidemia de viruela infectando una gran partida de billetes; el trajín consumista del Black Friday se encarga de repartirlos por diversas ciudades y causar los primeros brotes. En sólo cinco días los servicios básicos desaparecen, el acceso a comida y agua se interrumpe y el gobierno colapsa; el país se convierte en tierra sin ley. El jugador se pone en la piel de un agente de la División Estratégica Nacional, una organización paramilitar secreta con agentes “durmientes” entre la población civil, entrenados para el despliegue táctico ante este tipo de situaciones. Su único objetivo es mantener el orden, o al menos ayudar a recuperarlo, para dar tiempo a responder a la amenaza antes de que la civilización desaparezca tal y como la conocemos. La División sólo responde ante el mismo presidente de los EEUU, y sus agentes tienen autorización para hacer lo que crean necesario en el desempeño de sus funciones.

¿CÓMO SERÍA EL FIN EN TU PROPIA CIUDAD?

Ubisoft ha publicado estos días Collapse, un “simulador del fin de la sociedad”: se trata de una experiencia interactiva que te convierte en el paciente cero, el primer infectado que da comienzo a un brote epidémico. En Collapse tenemos que decidir qué pasos vamos dando, y la aplicación nos cuenta qué ocurre en consecuencia: cuántas nuevas personas se van infectando, el efecto sobre los servicios sanitarios… Para crear esta simulación, Ubisoft asegura haberse basado en información proveniente de servicios públicos y de respuesta a emergencias, rutas de vuelo comerciales y datos de fuentes públicas de la NASA. Una forma excelente de ver cómo ocurriría una epidemia en tu ciudad… y de sentir a un escalofrío cada vez que nos crucemos con alguien tosiendo.

Ubisoft se inspiró en la simulación generada en la Operación Dark Winter para crear la idea original de Tom Clancy’s The Division. Hay unidades de respuesta ante emergencias en todos los ejércitos y policías del mundo, y en determinadas situaciones tendrían prácticamente autoridad total sobre la población civil. Los tiempos y formas habituales de una democracia, cuya aparente lentitud en ciertos procedimientos constituye una salvaguarda para evitar abusos de poder, pueden resultar inoperantes en casos de extrema necesidad: por eso todos los países reflejan en sus leyes la posibilidad de suspender las garantías y derechos de forma temporal en situaciones excepcionales. La premisa es que ante una invasión, un bombardeo o un ataque terrorista a gran escala no hay tiempo para pedir órdenes judiciales o protocolos parlamentarios.

La Operación Dark Winter fue una simulación de un ataque bioterrorista con el virus de la viruela en suelo norteamericano. Llas conclusiones de entonces no fueron precisamente esperanzadoras

Pero el poder corrompe, y no hay más que poner el telediario o abrir un periódico para comprobarlo; y el poder absoluto corrompe absolutamente. Si incluso en un país con todas sus garantías democráticas activas existen autoridades, militares, políticos y policías corruptos, ¿qué no habría en un estado de excepción en el que un soldado puede disparar primero y preguntar después? En una organización paramilitar como la División, supeditada sólo a una autoridad suprema (el presidente) con una capacidad de respuesta muy limitada en el momento del despliegue de sus soldados, ¿cuántos soldados seguirían siendo honrados y leales después del primer día de caos? ¿Y de la primera semana? ¿Y cuando parezca que ya no hay esperanza de controlar la situación?

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En The Division no sólo nos enfrentamos a la epidemia y al caos: también a otros agentes como nosotros que han renegado del objetivo de la organización y se han entregado al pillaje, o facciones que también quieren mantener el orden, pero están dispuestos a fusilar a toda la población civil para lograrlo. No faltarán los delincuentes comunes, presos fugados y toda clase de miserables que aprovechan la confusión para intentar hacerse con la ciudad. Y por supuesto, en algún lugar están los culpables de todo esto, aquellos que organizaron el brote de viruela que ha destruido el país…

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La epidemia que planteaba la Operación Dark Winter arrancaba con brotes en ciudades relativamente pequeñas: Oklahoma, por ejemplo, tiene una población estimada de algo más de 620.000 habitantes, bastantes menos que el millón que alcanza el área metropolitana de Bilbao. La ciudad de Nueva York cuenta con alrededor de 8,5 millones de habitantes, y además comprimidos en poco espacio: en Nueva York viven 18.187 personas por kilómetro cuadrado (frente a las 8330 de Bilbao capital). Un terreno excelente para la rápida diseminación de una enfermedad contagiosa.

PARA QUÉ SIRVIÓ LA OPERACIÓN DARK WINTER

Si estáis ya contando vuestros ahorros para construiros un búnker en el campo, deteneos antes de pedir una hipoteca: si estas simulaciones se hacen es precisamente para prevenir antes que curar, detectar carencias y corregir vulnerabilidades. Aunque la seguridad total siempre es imposible, las sociedades occidentales están bastante mejor preparadas que en otras épocas para enfrentar una posible epidemia, como quedó demostrado en los casos de ébola (un virus bastante más peligroso que la viruela) hace unos meses.

No es la única razón para elegir Nueva York como escenario: todos sabríamos identificar una imagen de Manhattan o la Quinta Avenida, pero pocos podrían reconocer algo de Oklahoma que no sea el estadio de los Thunders. Situar la historia en un lugar conocido permite ahorrar explicaciones: es habitual que se utilicen pabellones deportivos como alojamiento temporal ante catástrofes como inundaciones o incendios; cuando en The Division vemos de lejos la planta del Madison Square Garden podemos imaginarnos qué nos vamos a encontrar dentro. Y hay una tercera razón: Nueva York es una ciudad populosa, un símbolo de la civilización occidental; es la capital del primer mundo. Por eso el ataque del 11S fue allí y no en Washington DC. Ver la ciudad desierta y destruida tiene un efecto psicológico tremendo: salvando las evidentes diferencias, Alejandro Amenábar concibió la famosa escena de Abre los ojos en una desierta Gran Vía de Madrid por ese mismo efecto shock.

Una epidemia de viruela por un ataque terrorista que asola Nueva York, una fuerza paramilitar entrenada para responder a catástrofes así. No es probable, desde luego. Pero tampoco es exactamente ciencia-ficción.

Sobre El Autor

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Me llamo Antonio Santo y nací en Málaga en 1985. Estudié (es un decir) Filología Hispánica en Granada, aunque desde que salí de la universidad (sorprendentemente, por mi propio pie) toda mi carrera profesional ha sido en prensa. En 2011 empecé a dedicarme al periodismo de videojuegos en Vadejuegos; un tiempo después me hicieron director de contenidos por mis pecados. Me han dado algún que otro premio por mi obra poética, lo que demuestra que hay gente para todo. Me gusta tocar música, los perros y la buena comida. Llevo sombrero para hacerme el interesante.

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