Oriente fue un lugar de peregrinación […]. Siempre se volvía a Oriente y se concebía como la realización de todo lo que habíamos imaginado.

Edward Said, Orientalismo.

Oriente siempre estuvo ahí. Con sus palmeras, sus dátiles, sus cruzados, sus odaliscas de ojos negros, sus ancianas completamente cubiertas con el cántaro en la cabeza, sus avezados guerreros con turbante y barbas pobladas. Con sus sabidurías ancestrales. Con sus enigmáticos ancianos. Con su rubiales Príncipe de Persia. Con su encapuchado Altaír de piel blanca y mandíbula cuadrada.

Porque Oriente es una cosa y nuestra imagen de Oriente otra. Y de esto va Orientalismo, escrito por el antropólogo palestino Edward Said y publicado por primera vez en 1978. Una obra que todavía suscita controversia entre quienes aseguran que Oriente, el misterioso, fascinante y a veces terrible Oriente, es tal cual lo pintaron Flaubert, Hugo, Walter Scott, Napoleón y Lord Balfour. Said pone el foco en las aproximaciones culturales (y políticas) que las potencias volcaron sobre los territorios de Asia que integraron en sus imperios. Especialmente, aunque no solo, de la compleja relación entre el erudito anglosajón o francés y el oriente más próximo: lo que los contemporáneos de Balfour dieron en llamar Middle East, porque el Near East estaba en Atenas, Estambul o Granada¹.

Como catalizador de esa complejidad estaba el Islam. Lo islámico y los musulmanes se presentan ante los eruditos como una realidad que se les escapa. El islam representa un antagonista en todos los ámbitos: en lo político, primero bajo el rostro del imperio otomano; más adelante con los panarabistas anticoloniales que han devenido en los conflictos de hoy. Pero el Islam también un antagonista cultural, que desafía la omnipresencia del cristianismo y ejerce a partes iguales atracción y confusión entre los geógrafos. El colonialismo post-Ilustración lleva el estandarte de la misión cultural. Rescatar los tesoros de la Antigüedad y donar, a cambio, la civilización a los territorios conquistados. Las sociedades árabes suponen una piedra en ese camino. Y de los intentos por dar forma a esas civilizaciones “incivilizadas” llegan los tropos culturales sobre Oriente que hoy aún perviven en nuestra cultura popular.

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El guerrero y el mago

Esta dualidad del Oriente hostil y el Oriente misterioso han pasado de la pintura y la novela al cine y también a los videojuegos. No es muy costoso recordar a los cientos de moros desarrapados y sin rostro (pero definitivamente árabes) que hay que liquidar en cualquier shooter. De todo esto ya ha escrito estupendamente Alberto Venegas en “Videojuegos y la tergiversada cultura de Oriente Próximo”. Pero el Árabe Bueno también tiene su reflejo y su tradición. Menos títulos para elegir, pero muy presentes en el imaginario cultural gamer. Los dos ejemplos más interesantes son, claro está, Príncipe de Persia y Assasin’s Creed.

Príncipe de Persia como aglutinante del orientalismo clásico

La referencia fundamental para estudiar el orientalismo en la cultura del entretenimiento es el profesor checo Vit Sisler, en concreto su obra Digital Arabs. Sisler toma a Prince of Persia como aglutinante del legado orientalista romántico. Estamos hablando de una aventura que comenzó en 1989, antes de que el fin de la URSS y 11S nos hiciera cambiar de villanos. Prince of Persia hereda directamente los palacios del cine mudo, llenos de trampas sofisticadas, lámparas, venenos, una princesa en bikini y un decorado que tanto podría ser persa como hindú, ruso medieval o árabe. Algo parecido a lo que, por la misma época, podíamos ver en pantalla grande en Aladdin de Disney.

Ciertamente ninguna de estas obras pretenden ser tratados de historia, pero todas ellas coinciden en una misma representación: Oriente como escenario, como decorado, no como paisaje. Y  con un protagonista que se despoja de todo rasgo “oriental” para permitir la identificación. El Príncipe es tan persa como el Sheikh de Rodolfo Valentino era árabe.


¹ STEVENS, Michael. Spanish Orientalism: Washington Irving and the Romance of the Moors. History Dissertations, Univ. de Georgia 2007. 

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