Recuerdo esperar con ansia la irrupción de Assassin’s Creed en la Revolución Francesa, uno de los periodos más apasionantes de la historia. El problema de Unity no solo estuvo en las prisas por cumplir con la cacareada periodicidad anual; también en un esquema de misiones que aprovechó poco o nada el contexto. La penúltima entrega se interpretó así como un paso en falso, la ratificación de que la franquicia había sobrepasado el agotamiento. Nada parecía indicar que Syndicate, con la Revolución Industrial como telón de fondo, rescataría las buenas vibraciones con que los Asesinos nos encandilaron en primer lugar.

Si bien aún se empeña en mecánicas ciertamente agotadas, Assassin’s Creed Syndicate ha sentado las bases para el reflote de la propiedad intelectual, que según los últimos rumores dilataría sus tempos de desarrollo para perfilar aristas y dar un respiro a sus incondicionales. Así me ha ganado el desarrollo Ubisoft Quebec.

El matiz protagonista

maxresdefault-26Parecía el cuento de nunca acabar. Cada nuevo protagonista de Assassin’s Creed se antojaba más anodino que el anterior. Edward Kenway lo intentó, pero su carisma seguía distando del Asesino por antonomasia, aquel al que Ubisoft dedicó su propia trilogía. Jacob Frye refleja la fanfarronería y espíritu intrépido de Ezio Auditore, aunque salpicado de matices que le confieren un aura propia.

En Syndicate, los diálogos abandonan el segundo plano para concretar el carácter de sus protagonistas en cada desplazamiento o refriega. Aunque la presencia de Evie Frye responda a la polémica machista, la gemela acaba imponiéndose a su hermano en no pocas secuencias. Mientras éste se desmarca del Credo cuando conviene, ella sigue los dictados de forma rigurosa. Puede hablarse entonces de un protagonista desdoblado, quien busca derrocar la tiranía laboral imperante pero también recuperar el irremediable Fragmento del Edén en beneficio de la Hermandad.

Tales identidades canalizan una jugabilidad equilibrada entre las tortas y el sigilo, sin altibajos.

Villano por derecho propio

En Assassin’s Creed combatimos a toda una Orden, lo que conlleva topar con innumerables secuaces (muchos desdibujados). Para cuando llega el clímax, uno tan solo ansía degollar al mandamás de turno y dejar correr los títulos de crédito. No ocurre así en Syndicate, donde el villano queda claro desde el primer minuto.

Starrick Crawford responde por la esclavitud social de Inglaterra y sus métodos no conocen piedad. Cada secuencia completada se recompensa con una cinemática sita en el despacho del magnate, quien no tiene reparos en volarle la cabeza a importunadores o al amenazar las partes nobles de aquel político indispuesto a dejarse sobornar. No hay tramo que no acreciente nuestras ganas de darle su merecido y es por eso que Starrick funciona tan bien, pues extrapola la contienda templaria al terreno más personal y visceral.

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Aventura con gancho

Coinciden cuantos se han aventurado a la Londres victoriana: no hay vuelta atrás una vez has atravesado el mapa gancho mediante. La punta de cuerda del guantelete supone toda una vuelta de tuerca en el plano jugable, hasta ahora empeñado en la escalada extenuante (farragosa incluso). Cierto que recuerda a lo visto en la serie Arkham, pero su inclusión está más que justificada por los altos edificios y anchas calles de la época.

El gancho también impacta en la resolución de combates, llegando a salvarnos el pellejo cuando la barra de vitalidad dista una estocada de vaciarse. Todo ello sin despreciar el parkour, perfeccionado en el descenso respecto a Unity.

Assassin’s_Creed_440421A fin de cuentas, Assassin’s Creed precisaba de agilidad en los desplazamientos por un mapeado cada vez más grande. Sindicate la concede también con la inclusión de trenes, barcos y especialmente carruajes. Optar por uno u otro método de transporte en función de la misión en curso añade, además, cierto componente estratégico. No es lo mismo una persecución que un seguimiento; dar esquinazo que ganar algo de tiempo.

Londres entra en juego

Unity desaprovechó su Revolución, por eso Ubisoft Quebec tenía el gran reto de articular una trama que sacase partido a la suya. El triunfo de lo industrial debía ser algo más que un telón de fondo a contemplar desde los tejados, mientras nos dirigimos a saldar cuentas poco o nada relativas. Conmueven tareas secundarias como la liberación de niños esclavos, pero también principales con implicación de ilustres personalidades.

La Reina Victoria, Charles Darwin, Dickens, Alexander Graham Bell, Florence Nightingale el propio Karl Mark participan de misiones más que justificadas por contexto. Llegan a trascender en algunos casos al papel de mecenas instructor que desempeñó Da Vinci en el segundo Assassin’s Creed.

Tampoco podemos obviar la recreación arquitectónica en el marco de los grandes distritos londinenses (Westminster, The City, Whitechapel…). Los encargos están a la altura de emplazamientos excepcionales como el Parlamento, el Palacio de Buckingham o nuestra incursión en una Torre de Londres blindada hasta lo absurdo.

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Herencia unitaria

De Assassin’s Creed: Unity podemos criticar bastante, pero también introdujo ideas loables como el mentado parkour en descenso. Me convenció de igual forma el planteamiento de las misiones de asesinato, con sus oportunidades de muerte única, facilitadores y diferentes rutas de entrada. La mecánica por excelencia de la franquicia: aproximarte a un blanco escoltado, darle muerte y huir, se invistió de profundidad. Agrada reencontrársela en Syndicate.

Unity incluyó secciones temporales alternativas, como la Belle Époque o la Segunda Guerra Mundial. Aquí se opta por una única transgresión, ambientada en la Londres de la Primera Guerra Mundial. Controlamos a Lydia Frye, nieta de Jacob, en lo que podría haber sido un contenido adicional descargable por horas de juego. Winston Churchill sirve de enlace a misiones culminadas con la intervención de Juno, guiño a modo de recapitulación para quienes han seguido con interés la intrahistoria de Assassin’s Creed.ACB_Juno_render

Precursores del tiempo presente

Dicha intrahistoria es el motivo por el que un servidor no ha faltado a la cita anual desde la errática (aunque enigmática) entrega original. Primero fue el cautiverio de Desmond por parte de Abstergo, después el vínculo de la humanidad con una raza precursora extinta. Se resolvió de forma un tanto precipitada y con muchas preguntas en el aire que, tanto Black Flag como Rogue condenaron al hackeo de equipos informáticos en sus secciones de gameplay contemporáneo. Textos y grabaciones que continuaban poco o nada la cruzada moderna de Asesinos y Templarios.

Aunque entiendo que el público mayoritario de Assassin’s Creed se ha desentendido de Abstergo, los Precursores y compañía, Ubisoft tiene una deuda con quienes nos hemos mantenido fieles a su relato de ciencia ficción. A este respecto, Syndicate nos regala varias secuencias cinemáticas (apenas 10 minutos) protagonizadas por viejos conocidos como Rebecca Crane y Shaun Hastings.

La compañía gala invita al optimismo, además, prometiendo que Syndicate inicia un nuevo arco argumental moderno y que muchas de las incógnitas restantes serán resueltas en los dos capítulos siguientes. Solo queda preguntarnos si viajaremos a Egipto en 2017 y si, de ser así, la ambientación no echará a perder los muchos aciertos protagonizados por Jacob e Evie Frye.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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