Reconozco mi reticencia para con Assassin’s Creed: Rogue. Su anuncio me retrajo al de Assassin’s Creed: Brotherhood, que por entonces se antojaba una excusa multijugador. Ni por asomo imaginaba que aquella entrega se convertiría en mi favorita de la franquicia. Ahora es el capitán Shay Patrick Cormac quien viene dispuesto a taparme la boca.

Ubisoft nos remitió las secuencias tercera y quinta de su próximo lanzamiento. Varias horas de juego que suponen una vuelta de tuerca tan inteligente como inesperada, un agradable final de fiesta para los usuarios de Xbox 360 y PlayStation 3.

En Assassin’s Creed: Rogue encarnamos a Shay, un Asesino que pierde toda convicción tras una experiencia traumática que preferimos callar. Será entonces cuando emprenda su reconversión, anexionándose a la orden templaría y enfrentando a quienes fuesen sus hermanos, ahora traidores.

Controlar a un Templario más allá del sorpresivo prólogo de Assassin’s Creed III es el sueño húmedo de cualquier fan. Haytham Kenway vuelve a estar presente, de hecho, junto a otros secundarios de excepción en la que apodaremos Trilogía Marinera del Credo. Poderosas razones para seguirle la pista al desarrollo.

Nuestras andanzas con Shy comienzan en Nueva York, 20 años antes de Assassin’s Creed III. Una familia irlandesa le rescata de lo que se intuye un naufragio y éste no duda en agradecérselo quitándoles de encima a una panda de malechores. Así volvemos a las armas, mediante un sistema de combate que ha cambiado poco o nada. No nos disgustaron las correcciones introducidas en Black Flag, así que no hay objeción.

Aunque podemos avanzar cual elefante en una cacharrería, Rogue concede mayor importancia al sigilo. No en vano la tortilla se ha dado la vuelta y ahora somos nosotros quienes hemos de acabar con unos meticulosos asesinos. Aquellos trucos que una vez usamos para sorprender a nuestros adversarios, ahora son utilizados en nuestra contra, por lo que nos lo pensaremos bastante antes de acercarnos a carros de heno o zonas de matorral. Puede que un encapuchado aguarde a nuestro paso con su hoja oculta lista para degollarnos. A este respecto destaca la figura de los “acechadores”, enemigos que detectamos afinando el oído (los susurros les delatan) o atendiendo a un indicador en el modo Vista de Águila. Algo similar al esquema multijugador de la serie. Una vez localizados, será nuestra elección sorprenderlos o hacerlos salir de sus escondrijos disparando dardos a modo de distracción.

Los primeros compases también invitan a pasear por la ciudad reconstruyendo sus principales enclaves, opción perdida en las últimas entregas que hará las delicias de quienes ansíen completar el juego al 100%. Assassin’s Creed: Rogue se extiende también por las áreas de River Valley y el Atlántico Norte. Para que os hagáis una idea de la extensión, las sección terrestre de River Valley es equiparable a la de Assassin’s Creed IV en conjunto. Pero Shy también surcará los mares, enfrentando incluso bancos de hielo que romper con el espolón de su impresionante navío, el Morrigan.

Durante las refriegas navales que jugamos se aprecia un mayor detalle en la recreación de los buques (que volvemos a mejorar a base de saquear almacenes). También un control más depurado y menos caótico durante batallas históricas como la de Louisbourg, donde la épica alcanza cotas inéditas. Escribe esto quien detestó las secuencias marítimas de Assassin’s Creed IIII y Black Flag, pero en esta ocasión ha quedado plenamente convencido. Está por ver si el número de misiones en el agua no es desproporcionado, pero se antojan mejor estructuradas que antaño, incluida la toma de fuertes.

Como Templarios, de vuelta en tierra, también podremos interceptar las palomas mensajeras de los Asesinos o liberar áreas dominadas por éstos, previa ejecución de su capitán y corta de la bandera ondeante. Son sólo algunas de las muchas misiones secundarias disponibles en un título que promete horas y horas de entretenimiento.

En el plano técnico, finalmente, seguimos detectando problemas en la carga de texturas, las animaciones o el sombreado. Aún con todo se mantienen los excelentes valores de producción alcanzados con Edward Kenway. Tampoco es que podamis pedir más a plataformas con casi una década a sus espaldas. El doblaje al castellano raya a un gran nivel.

Primera impresión

Assassin’s Creed: Rogue nos ha sorprendido para bien. No teníamos mucha fe en esta entrega de consolación para las viejas consolas de Sony y Microsoft, pero lo cierto es que encierra ideas muy  interesantes. Afrontar las misiones de siempre desde la óptica de un templario implica adelantarnos a movimientos que en otro tiempo ejecutamos, lo que resulta morboso en cierto sentido. Las primeras batallas navales también nos han convencido por lo espectacular y el protagonista derrocha carisma. Justo lo contrario que Aiden Pearce.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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