Como sin duda ya sabréis a estas alturas, Batman: Arkham Knight no cuenta con modo multijugador. No ha sido exactamente una sorpresa, teniendo en cuenta que las dos entregas anteriores de la saga desarrolladas por Rocksteady tampoco lo tenían. Batman: Arkham Origins sí que contaba con él, sin embargo, y muchos jugadores fantaseaban con la idea de que tal vez Rocksteady había cedido a las presiones de Warner Bros. para incluir este tipo de juego en su producto. Finalmente, no ha sido así.

En lugar de ello, tenemos el Dual Play, que consiste básicamente en poder alternar entre Batman y otro personaje (que irá cambiado a lo largo de la historia) en ciertos momentos concretos de la trama. Lo cual, efectivamente, se parece tanto al multijugador como un huevo a una castaña. No son pocos los jugadores que se han planteado que, puesto que ya estaban decididos a incluir dos personajes jugables en la trama, ¿por qué no hacer un modo de juego cooperativo que siga la historia?

Interrogado al respecto, Sefton Hill (director del juego) siempre mantuvo que querían centrarse en crear la mejor campaña posible y la experiencia multijugador más completa que pudiesen. Los juegos de Batman de Rocksteady siempre se han basado en esa premisa y a la vista está que les ha funcionado estupendamente bien, de modo que tiene sentido que opten por el "si funciona, no lo toques". Por otra parte, no eran pocos los fans que esperaban algunos cambios más valientes en esta última entrega de Batman.

Volviendo al tema del Dual Play, da la impresión de que habría sido relativamente sencillo hacer que otro jugador pudiese controlar al personaje que acompaña a Batman, en lugar de obligar al jugador a elegir entre uno u otro. Además, los combos cooperativos le habrían añadido un interesante aliciente a los combates ya de por sí sobresalientes del juego. Obviamente Sefton Hill, que no es precisamente tonto, sabía todo esto. Entonces, ¿por qué se decidió hacer las cosas como se hicieron?

Hay varios factores en contra del multijugador en Batman: Arkham Knight. Por la forma en que está construida la historia, no hay ningún personaje que acompañe al caballero oscuro en todo momento: cada uno de los compañeros está ligado a un villano al que tratará de dar caza, y por tanto, su presencia no tendría sentido a lo largo de toda la aventura. Esto haría que el segundo jugador (el hermano pequeño, obviamente, o el amigo del dueño del juego) tuviese que cambiar de personaje forzosamente, algo que en general no es del agrado de los jugadores. Si ya era humillante tener que controlar a Luigi, imaginad cómo sería tener que cambiar de Luigi a mitad de la historia.

Además están los puzzles. Los puzzles del juego están diseñados para ser resueltos por un sólo jugador, y de hecho a menudo la dificultad reside precisamente en que tenemos que hacer varias cosas a la vez. Con dos jugadores carecerían de dificultad y tendrían que ser rediseñados. Y, por supuesto, se harían imposibles de superar por un sólo jugador. Se podría optar por una solución de compromiso, como lo que se hace en Lara Croft and the Temple of Osiris: mostrar un escenario diferente dependiendo del número de jugadores, para adaptar los puzzles. El problema de esta solución es que, más allá de requerir una gran cantidad de trabajo para la desarrolladora, rompería la ilusión de que Gotham City es un lugar completamente real y ajeno a nuestras acciones. Pasar dos veces por un mismo sitio y ver dos escenarios diferentes rompería completamente la credibilidad del juego.

Y es que a fin de cuentas ese sería el mayor problema del juego cooperativo: que se rompe la inmersión en el juego. Y no estamos hablando de algo trivial, sino prácticamente de la piedra angular que convierte la saga de Arkham en lo que es: una cuidadísima atmósfera y una historia envolvente. Sin ellas, sólo tendríamos a un tipo vestido de murciélago repartiendo guantazos. Que no es que esté mal, claro, pero no es lo que los fans buscaban en Arkham Knight, eso seguro.

Por supuesto, aunque obviamente el cooperativo era la opción de multijugador más evidente y que mejor encajaba en el juego, no era la única. Dada la calidad y complejidad de los combates, un modo competitivo por equipos en el que varios jugadores luchen entre sí completamente al margen de la trama, controlando a diferentes personajes de Gotham, habría sido una magnífica idea. Que no se haya llevado a cabo obedece, probablemente, a cuestiones de agenda: el desarrollo ya se había prolongado lo suficiente sin incluir esta característica. De hecho, diríamos que el tiempo dedicado al desarrollo ha sido insuficiente, por lo menos, no la versión de PC. Siempre cabe la posibilidad de que esta posibilidad entre en el juego más adelante, mediante un parche o un DLC, siempre que la comunidad lo pida con suficiente ahínco. Sin embargo, puesto que no ocurrió con Arkham Asylum ni Arkham City, nos parece poco probable que vaya a ocurrir con el cierre de la trilogía.

También podríamos plantearnos, llegados a este punto, si realmente el multijugador aportaría algo a un videojuego como Arkham Knight. Estamos muy acostumbrados a que todos los videojuegos tengan su parte multijugador, hasta el punto que la mayor parte de ellos ya se diseñan centrándose en ella y, en el mejor de los casos, incluyen la campaña de un jugador como un añadido de última hora. Y no es que jugar con otra gente no sea divertido, ni mucho menos, pero también hay que entender que no es el único modelo posible y que no a todo el mundo le gusta estar conectado a otra gente todo el tiempo.

Hay gente que se sigue tomando los videojuegos como un momento de relax, de paz consigo mismo. Como quien lee un libro, uno quiere dejarse atrapar por una historia interesante y que pase el tiempo sin necesidad de interaccionar con nadie más que con la propia trama. Obviamente somos una minoría: la mayor parte de los jugadores anhelan competir contra otros jugadores y medirse con sus amigos para comprobar quién es mejor. Pero francamente me parece estupendo que haya juegos como Batman: Arkham Knight, que puedan disfrutarse tranquilamente en solitario, sin prisas y sin competir contra nadie, como si de un buen libro o una buena película se tratase.

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