Estoy difrutando de The Legend of Zelda: Breath of The Wild como pocas veces he disfrutado de un videojuego. La variedad que plantea el título hace que sea sumamente agradecido afrontar las sesiones de juego. Hay veces que puedo dedicarle un par de horas y me centro en la misión principal, mientras que otras veces debo jugar partidas más breves y me dedico a buscar santuarios, semillas Kolog, echar una partida de bolos, a domar caballos o a perderme por su mundo.

No existe una forma correcta de jugar Breath of the Wild, y ahí reside parte de su encanto. Cada jugador afronta el juego a su modo, a su ritmo y la experiencia será siempre diferente pero satisfactoria. Aún así, creo que el juego mejora sobremanera si aplicáis un sencillo cambio: eliminar el HUD.

Es cierto que Zelda: Breath of the Wild no emborrona la pantalla con mucha información y la interfaz es bastante sencilla y minimalista; pero el juego ya te da mucha de la información que nos sirve el HUD simplemente con prestar atención al entorno.

Sin el HUD la experiencia de perderse, vagar y explorar Hyrule es total y más honesta

Llevo unas 40 horas de juego, en las que apenas he avanzado por la historia principal. Hace unos días decidí afrontar este cambio y las sensaciones no pueden ser mejores. Al principio cuesta acostumbrarse; sobre todo a seguir el ciclo de las horas y la previsión del tiempo. Nada grave: sacando el mapa podemos ver qué hora es y la previsión del tiempo nos la va marcando el propio cielo del juego. Cierto que con la lluvia cuesta un poco acertar (y es una jodienda que te pille un chaparrón a mitad de escalada), pero las señales está ahí. He sido capaz de predecir un par de chaparrones intensos fijándome en el viento y en la acumulación de nubes en el horizonte; eso sí, se puso a llover en muy poco tiempo, por lo que apenas tienes margen de maniobra.

En cuanto a la orientación y demás… bueno, no nos engañemos, el mapa del HUD es tan pequeño que no sirve para mucho y, además, el mundo de Breath of The Wild es muy grande, pero no enorme. Es sencillo encontrar en el horizonte algún punto de referencia que nos permita ubicarnos o seguir una ruta concreta, además, el juego permite colocar una serie de runas a modo de marcador que utilizando el ‘teleobjetivo’ de la piedra Sheikah brillan en el horizonte.

Otra de las señales inequívocas tiene que ver con la temperatura. Aquí hay poco que explicar, porque el juego es muy gráfico en ese aspecto. Sobre el ruido que hacemos, las señales son más sutiles y debemos afinar el oído, nuestra principal guía.

Suprimir el HUD de Breath of the Wild está convirtiendo mi partida en una experiencia más orgánica. Es como jugar a un juego diferente que te habla de forma natural. Además, te permite fijarte en detalles que de una manera u otra obviabas o no eras capaz de identificar. Sin el HUD he sentido que la experiencia de perderse, vagar y explorar por Hyrule es total y más honesta. No quiero decir que sea la mejor manera de jugar a BOTW, como decía al principio del texto, pero sí que creo que sin el HUD el juego se presenta diferente y se disfruta de una forma imposible de otro modo.

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