Seguimos con nuestro recorrido por la historia de los videojuegos de rol. Por si os acabáis de incorporar, recordemos que habíamos visto juego rol basados en texto pero que ya se jugaban en red allá por 1975, esto es, hace 40 años. También vimos como las principales bases del género se asentaban a principios de los 80 con Rogue, y más adelante con las sagas Ultima y Wizardry, que se considerarían los primeros RPG modernos. Otros grandes juegos de la época fueron Excalibur y Dragon Quest.

Uno de los grandes avances de las sagas Ultima y Wizardry fue la inclusión de un sistema moral. Tradicionalmente, en los videojuegos el jugador siempre era el héroe, al margen de sus acciones. Super Mario es bueno, no importa a cuántos goombas machaque por el camino, porque su causa es justa. Sin embargo los RPG de los 80 introdujeron la posibilidad no sólo de actuar deforma malvada, sino también de afrontar las consecuencias de nuestras malas acciones en el propio juego. Esta sistema moral influía en las reacciones que otros personajes no jugables tenían con nosotros, e incluso podía determinar en qué zonas del mapa podíamos entrar.

Además está el tema de la dificultad. Aquello eran los 80, y la mayor parte de las facilidades que existen en los videojuegos modernos no existían. Cosas completamente innecesarias, como por ejemplo… el mapa. Esto quiere decir que teníamos un inmenso mundo ante nosotros, y si queríamos saber dónde estábamos, no nos quedaba más remedio que coger papel y lápiz y cartografiarlo nosotros mismos. De hecho, Wizardry IV (1986) está considerado el videojuego RPG más difícil de la historia, y también fue el primero en el que empezábamos controlando al villano.

Planescape: Torment, Fallout y Baldur’s Gate supieron mantener el sabor de los juegos de rol clásicos en unos tiempos dominados por la acción trepidante y los guiones sencillos

Y así llegamos a la era dorada de los RPG occidentales (en otra ocasión hablaremos de los RPG orientales, que tuvieron una evolución paralela y muy diferente), que vienen a ser finales de los 80 y principios de los 90. Si hubiera que destacar una saga en este periodo, probablemente sería Might and Magic, que se inició en 1986 y dentro de la que se incluye la subsaga Heroes of Might and Magic, que abandona el combate en tiempo real que otro títulos estaban poniendo de moda y vuelve al viejo combate por turnos de los primeros juegos de rol. Aún hoy, sigue siendo el sistema de combate favorito de muchos usuarios por su mayor similitud con los juegos de rol de tablero, papel y lápiz.

En esta época dorada se crearían más sagas que han llegado hasta nuestros días, como Neverwinter Nights, Reinos Olvidados, Wasteland (precursor de Fallout), Dungeon Master o Eye of the Beholder. También se abrieron por fin este tipo de juegos al gran público, dejando de ser algo marginal y atrayendo a una inmensa cantidad de jugadores. También se empezaron a ver las primeras fusiones con otros géneros, como por ejemplo la saga Quest for Glory de Sierra, que trataba de integrar las mecánicas del rol clásico en las aventuras point’n’click.

Sin embargo, como todas las eras doradas, esta se tenía que acabar. Sucedió aproximadamente alrededor de 1995, y probablemente la causa fuera un cambio de tendencia en el mercado. Con la llegada de mejores pantallas y tarjetas gráficas, y la mayor capacidad de almacenamiento que proporcionaban los CD-ROM, los gráficos se convirtieron en un punto central de los videojuegos. Sin embargo, la inercia llevaba a los desarrolladores de RPGs a dar cada vez más importancia a tramas complejas, multitud de personajes y mapas enormes, con lo que quedaron pronto fuera del mercado mayoritario en favor de los shooters como Doom o Quake.

diablo2

Este cambio de tendencia del mercado no sólo afectó al rol occidental, sino también a otros géneros como las aventuras gráficas y, en general, a todo aquellos que no fuese acción rápida: los jugadores habían visto lo que eran capaces de hacer las tarjetas gráficas modernas y lo querían en sus pantallas ya. Los jugadores con gustos un poco más estratégicos se dirigieron a los RTS (videojuegos de estrategia en tiempo real), que también se popularizaron enormemente a finales de los 90 y configuraron, junto con los shooters, el nuevo mercado de los videojuegos.

Y el género del rol podría haber caído en el olvido (como cayeron las aventuras gráficos o los simuladores de vuelo) de no ser por Diablo. Aunque técnicamente encaja en las definiciones de “roguelike” y “dungeon crawler”, Diablo supo encarnar perfectamente el espíritu del final de los 90 en los videojuegos: más acción y menos reflexión. Todo ello haciendo algunas concesiones (muchos de los elementos de los RPG clásicos se simplificaron), pero sin perder la esencia. Más o menos por las mismas fechas en que Doom sentaba las bases de lo que son los shooters actuales y Dune II creaba el género RTS, Diablo escindió una nueva rama de los videojuegos de rol: los “action RPGs”, también conocidos como “hack and slash” o simplemente “juegos de tipo Diablo”.

El éxito de Diablo y sus innumerables “clones” posteriores (aunque no sería correcto denominarlos clones, puesto que los “action-RPG” son ya un género por mérito propio”) no implica que fuesen la única línea que siguieron los RPG. Hubo muchos que decidieron seguir haciendo lo que mejora sabían: juegos complejos con tramas intrincadas. Fue el caso de Black Isle con Planescape: Torment, Interplay con Fallout y Bioware con Baldur’s Gate, que supieron mantener el sabor de los juegos de rol clásicos en unos tiempos dominados por la acción trepidante y los guiones sencillos.

Y puesto que este es un artículo sobre la historia de los videojuegos de rol en occidente, bien podríamos parar aquí. En realidad, muy poco ha cambiado desde Planetscape, Fallout, Baldur’s Gate y Diablo. Prácticamente todos los RPGs actuales cogen mecánicas en mayor o menor medidas de varios de ellos y les dan su toque personal. Es posible que los próximos años nos deparen un nuevo cambio de paradigma en lo que a rol se refiere, pero por lo pronto, podríamos decir esa frase tan de abuelo de “ya está todo inventado”.

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