Apenas hace unos años la realidad virtual era la eterna promesa incumplida de la ciencia-ficción. A día de hoy, sin embargo, no sólo es algo tangible sino que ya nos supera la oferta de tecnologías que prometen traérnosla a casa a un precio competitivo. Google Glass, Oculus Rift y recientemente, Microsoft Hololens… ¿cuáles son las diferencias entre estas tres tecnologías? ¿Qué podría suponer cada una de ellas en nuestra vida cotidiana?

De hecho, aunque las tres apuestas sean gafas, lo cierto es que su uso y objetivos son bastante diferentes. Las únicas que pueden llamarse con propiedad "gafas de realidad virtual" serían Oculus Rift, que sí que prometen sumergirnos en mundos virtuales y hacernos olvidar aquél en el que nuestro cuerpo sigue físicamente. Google Glass son en realidad gafas de realidad aumentada, que no pretenden hacer que  olvidemos lo que nos rodea sino, por el contrario, darnos más información sobre lo que tengamos al alcance de la vista. Microsoft Hololens consiste, por lo que sabemos hasta ahora, en un modelo híbrido a medio camino entre ambas propuestas.

Oculus Rift, a pesar de su compra por parte de Facebook (que ahuyentó a gran parte de los desarrolladores y enfadó a no pocos backers de Kickstarter), sigue siendo la apuestas más firme por la realidad virtual hoy en día. Sin embargo, su terreno está muy acotado: estarán destinadas casi exclusivamente al ocio, y desde luego no son un trasto que podamos llevar por la calle. Se trata, en cierta medida, de un periférico de juego. Del mismo modo que un volante puede mejorar nuestra experiencia jugando a cualquier videojuego de conducción, el casco de realidad virtual de Oculus VR puede hacer que nos sumerjamos en el universo del juego de una forma nunca vista hasta ahora. Pero sus aplicaciones fuera del mundo del ocio son más bien escasas.

Oculus Rift

Google Glass es prácticamente lo contrario en todos los sentidos. La pretensión de Google es integrar sus gafas en la vida cotidiana, del mismo modo que nadie sale de casa sin llevar su smartphone en el bolsillo o, cada vez más, su smartwatch en la muñeca. Precisamente estos últimos, los smartwatches, han supuesto un importante golpe para el desarrollo de las Google Glass, por muy extraño que pueda parecer.

En un principio, las gafas de Google parecían un medio ideal para no tener que estar sacando nuestro smartphone del bolsillo cada vez que queríamos mirar la hora o ver si nos había llegado un mensaje o un correo importante. O peor aún, tener que dejarlo encima de la mesa mientras tomamos algo, lo cual es por una parte una falta de respeto para con nuestro interlocutor y, sobre todo, un riesgo importante riesgo de que nos lo roben. Sin embargo, los relojes inteligentes ya han ocupado ese nicho de mercado, permitiéndonos incluso contestar a las llamadas o los mensajes que nos lleguen rápidamente y sin necesidad siquiera de desbloquear nuestro smartphone.

De modo que la utilidad de Google Glass se reduce a la realidad aumentada. Que ojo, sigue siendo un campo increíblemente amplio. De hecho, en su momento se hizo bastante hincapié en que sus aplicaciones médicas podrían salvar vidas: un médico podría, en cualquier momento, consultar a un especialista en la materia y conseguir que vea exactamente lo que él está viendo. Del mismo modo, podrían ser extremadamente útiles para que un ingeniero guiase a otro.

También hay grandes aplicaciones para el público en general. Una de ellas podría ser un asistente automático para montar muebles de Ikea, o un fontanero virtual que nos guíe mientras hacemos nosotros mismos una reparación. También podríamos retransmitir en directo nuestros viajes o nuestras experiencias deportivas, grabarlas en video, sacar fotos de lo que estamos viendo exactamente en ese momento… y todo esto sin contar con las posibilidades de las aplicaciones "para adultos".

Google Glass

A caballo entre esta realidad aumentada y la realidad virtual se encuentran las Hololens de Microsoft, recientemente anunciadas. El dispositivo está aún en una fase muy temprana de desarrollo, pero los primeros prototipos ya muestran que, aunque no serán algo tan aparatoso ni pesado como las Oculus Rift, están lejos de ser algo que podamos llevar por la calle sin llamar la atención, como pretende ser Google Glass.

Así pues, su utilidad se reduce al hogar o el puesto de trabajo. Aún así, su versatilidad es su mayor ventaja: lo mismo nos sirven para introducirnos dentro de un juego en una experiencia de realidad virtual completa, como para arreglar un enchufe gracias a un asistente virtual. Esto último, concretamente, es algo que pudieron hacer los afortunados que asistieron a la demostración a puerta cerrada que realizó Microsoft tras la presentación del dispositivo.

Por el momento parece claro que Hololens podría pisarle completamente el terreno a las gafas de Oculus VR, pero no podría competir con Google Glass en cuanto a "wearabilidad" (una palabra que, efectivamente, no existe) e integración con la vida cotidiana. Sin embargo el dispositivo de Google está atravesando un bache y aún es pronto para decidir cuál o cuáles serán los caballos ganadores. Desde luego, el futuro se muestra prometedor.

Microsoft Hololens

En cuanto a las fechas de salida al mercado de los diversos dispositivos, tanto la versión comercial de Oculus Rift como la de Google Glass están previstas para este mismo año 2015, aunque probablemente no tengamos noticias hasta la segunda mitad de él. Hololens es un proyecto más joven y aún no se sabe nada de fecha de lanzamiento, pero desde Microsoft han asegurado que se hará "durante el período de vida de Windows 10", lo cual puede significar dentro de un año o dentro de tres.

Aún no se sabe nada de los precios, ni siquiera para los dispositivos que (en principio) van a salir a la venta este año. Es algo que, muy probablemente, constituya un factor determinante. Mientras que Google Glass probablemente aspire a ser un producto de lujo y tenga un precio de entre 500 y 1.000 euros, es muy probable que Oculus Rift apueste por unos costes reducidos y un precio muy por debajo de 500 euros, puesto que poca gente estaría dispuesta a pagar más por lo que, a fin de cuentas, es un dispositivo de juego.

Esto hará que el público objetivo de ambos productos sea fundamentalmente distinto (adolescentes por un lado, treintañeros con cierto poder adquisitivo por otro), y ambos productos coexistan sin problemas. El problema llegará, claro, cuando las Hololens de Microsoft lleguen un año después, siendo capaces de hacer casi lo mismo que sus dos competidoras juntas… ¿Estarán los productos de Oculus VR y Google lo suficientemente asentados en el mercado? Es más, ¿llegará a asentarse alguno de estos productos? Como decíamos antes, nos esperan tiempos interesantes.

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