El mercado de los "smartwatches" (relojes de pulsera inteligentes) está en pleno auge. Buena muestra de ello es que se acaban de anunciar, casi en paralelo los lanzamientos de dos dispositivos muy interesantes: el G Watch R, de LG, y el Gear S, de Samsung. Estos se suman a los que ya había en el mercado, y a los que están por venir (como el cacareado iWatch). Pero centrándonos sólo en los dos lanzamientos más recientes… ¿cuál es mejor?

La principal diferencia que se aprecia a simple vista es el diseño. Samsung ha optado por una pantalla cuadrada, similar a la de otros smartwatch aunque un poco más grande (2 pulgadas), curvada para adaptarse a la muñeca. LG, sin embargo, ha apostado por un reloj de aspecto elegante y clásico, tan clásico que a simple vista no parece un smartwatch. Obviamente, buscan un público diferente: el G Watch R sería adecuada para las personas que quieren toda la funcionalidad de un smartwatch pero sin llamar la atención, mientras que el Gear S sería idóneo para todos aquellos forofos de la tecnología que buscan que los demás les pregunten "oye, ¿y ese reloj?".

Los diseños son lo bastante distintos como para no poder considerar uno mejor que el otro. Pero, ¿qué hay de las pantallas? Son otra de las grandes diferencias, en efecto: el reloj LG tiene una pantalla esférica OLED de 1.3 pulgadas y una resolución de 320×320, mientras que su competidor viste una pantalla cuadrada de 2 pulgadas Super AMOLED con una resolución de 360×480. Aquí las cifras no mienten: la pantalla de Samsung es objetivamente mejor. Sin embargo, habrá quien opine que es demasiado grande, y desde luego consumirá más rápidamente la batería del dispositivo, de modo que tampoco otorga una ventaja clara más allá de los gustos de cada uno.

En cuanto al interior, ambos gadgets son bastante similares en cuanto a prestaciones. Ambos tienen procesadores dual-core de en torno a 1 GHz de velocidad, 512 MB de RAM y 4 GB de almacenamiento. Sin embargo, la manera de gestionar este hardware podría ser muy distinta, porque sus sistemas operativos difieren: mientras que LG se mantiene fiel a Android Wear, Samsung ha desarrollado un sistema operativo propio: Tizen.

Aún no sabemos los suficiente sobre Tizen como para poder hacer una comparativa exhaustiva con Android Wear. Pero sí podemos aventurar algunas generalidades: los sistemas operativos propios de la marca suelen adaptarse mejor a sus dispositivos (dado que han sido diseñados específicamente para ellos), aunque como se trata de una primera versión podría no estar lo suficientemente optimizado. Por otra parte, un sistema operativo propietario nunca tendrá la misma compatibilidad ni cantidad de aplicaciones que podrán instalarse en otro como Android Wear.

Por último queda revisar las baterías donde, como en el caso de las pantallas, las cifras no mienten. Esta vez el vencedor es el LG, con una batería de 410 mAh (y una pantalla más pequeña) ofrece sin duda más autonomía que el Samsung, con una batería de 300 mAh. De todas formas, la diferencia tampoco será abismal: ambos estarán en torno a los dos días de autonomía. Pero claro, en un margen así quedarse corto es nefasto: si una noche nos olvidamos de cargar nuestro Gear S, es probable que al día siguiente se nos apague a media tarde, algo que es mucho menos probable con un G Watch R.

Para terminar, están los pequeños elementos diferenciadores. Mientras que LG ha hecho hincapié en que su reloj es sumergible (tiene la certificación IP67, lo que significa que no podemos bucear con él pero sí ducharnos), Samsung se ha asegurado de que sepamos que su smartwatch tiene una mejor conectividad. En efecto, el Gear S tiene conexión 3G, lo que le permite hacer llamadas sin estar vinculado a ningún teléfono móvil y tener acceso a internet independiente. Siempre y cuando le paguemos una tarifa de datos para él solo, claro está.

En resumen, que las únicas diferencias entre estos dos smartwatches son el diseño, la pantalla (mejora la de Samsung), la batería (mejor la de LG) y el sistema operativo. El diseño y el sistema operativo (bueno, y el precio) deberían ser los dos factores que finalmente inclinen la balanza a la hora de comprarnos uno u otro. En una tabla, para verlo un poco más claro:

 

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