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Judy Helsing como Poison. Fotografía de Juan Algarate.

Hace unos días saltó de nuevo la polémica en el mundo del cosplay, a raíz de un conflicto de derechos entre dos fabricantes de uniformes de Estados Unidos. Nos fijemos en el detalle que nos fijemos de cosplays basados en personajes de cómic, manga, anime, películas y videojuegos, siempre habrá un diseñador cuyo estilismo haya sido plagiado.

Visto de esa forma, pondríamos en duda la libertad de confeccionar un cosplay sin tener que pagar derechos a su diseñador, lo que ya se ha debatido en países como Japón. Allí no sólo se ha puesto en peligro la práctica del cosplay, sino que el propio cosplayer puede ser arrestado y enjuiciado.

¿Os imagináis que algo así se aprueba en España y la policía entra al Salón del Manga para arrestar a todos los cosplayers del evento? Sería gracioso recrearlo a modo de parodia, para ver a cosplayers defendiéndose de la policía con las armas que ellos mismos han creado. 

Bromas aparte, por muy pesados que se pongan los fabricantes de uniformes y por mucho que detrás del cosplay haya cierto “olor a violación” de los derechos de autor, no suele haber intenciones oscuras detrás de este hobby. Si bien es verdad que todo personaje tiene un creador detrás, éste no lo ha diseñado para ganarse la vida con la confección de sus trajes: lo crea para su cómic, película, videojuego… Los diseñadores no piensan en sacarse un dinero extra a no ser que la industria textil les ofrezca una buena suma por recrear y comercializar los cosplays oficiales de sus creaciones.

El cosplayer auténtico no busca notoriedad o beneficio, tan solo homenajear al personaje y a su creador

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Leon Chiro como Dante. Fotografía de Eduard Luzhetskiy.

Más que perder dinero por la supuesta vulneración de sus derechos, consiguen una fuente de publicidad gratuita, ya que la persona que lleva ese traje suele gritar al viento de qué va vestido. Por este motivo, personajes importantes del mundo del videojuego como Hideo Kojima diseñan personajes que son carnaza para cosplayers, como ha sido el caso de Quiet. Si me pongo en la piel de un dibujante de manga, por ejemplo, y veo que mis personajes están siendo recreados por miles de personas, me sentiría orgulloso y no me dedicaría a refunfuñar: los fans de mi creación son quienes realmente me dan de comer, así que mejor no cabrearles, ¿no?

Quiero dejar claro que casi ningún cosplayer saca beneficios monetarios por confeccionar su traje. En caso contrario, el pago siempre viene de la compañía a la que pertenece el personaje. Aunque todavía es difícil ganarse la vida como cosplayer, en Estados Unidos y en Japón contratan a cosplayers “profesionales para promocionar mangas, cómics y videojuegos. ¿Recordáis a Jessica Nigri promocionando Lollipop Chainsaw? Fue contratada por la misma compañía que desarrolló el videojuego.

Como ya he dicho, el 90% de cosplayers –tirando por lo bajo- no obtiene dinero a cambio de sus confecciones o apena logras cubrir los costes del material. Personalmente no saco ni un céntimo de lo que hago, es más, gasto bastante dinero que recupero gracias a mi trabajo actual, para nada relacionado con el cosplay. Y así el resto de cosplayers que conozco y que seguramente también vosotros conocéis. A veces nos invitan a eventos, otras hay cosplayers que venden sus fotos, o que hacen encargos para otros cosplayers que no saben coser o patronar, pero la cantidad obtenida es irrisoria.

Normalmente hacemos los trajes por puro amor al personaje. Os encontraréis algunos y algunas cosplayers que se disfrazan solo para destacar y se olvidan del amor que deberían profesar hacia el personaje que representan. Aún así lo tienen complicado para sacar beneficios, porque tener seguidores en Facebook y Twitter tampoco nos da dinero.

En conclusión, por mucho que haya un diseñador detrás de todo cosplay, mientras el cosplayer no se beneficie a espaldas de éste y todo quede “en casa”, nadie está cometiendo un delito. Además, el mundillo de los cosplayers representa actualmente una de las mayores bases de fans, quienes alimentan a los creadores de sus personajes favoritos. La mayoría de dibujantes y diseñadores se dicen agradecidos por semejantes homenajes a su trabajo, donde el cosplayer se deja el alma -y sus ahorros- en la confección y caracterización de su alter ego favorito. La relación entre cosplayer y creador es una bonita simbiosis, un “win to win”: “tú ganas y yo también al cambio”. 

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