Hay quien sigue preguntándose si 2017 está siendo uno de los mejores años en la historia del videojuego. No podía ser de otra forma cuando un género a todas luces olvidado resurge con la fuerza en que lo ha hecho. Sí, las plataformas están de vuelta gracias a los esfuerzos de la comunidad independiente, pero también de las grandes editoras. Aún no nos hemos recuperado de la obra maestra que resulta Super Mario Odyssey, al que tendrán complicado enfrentarse Super Lucky’s Tale y Sonic Forces (disponibles el próximo martes).

Mucho antes de las nueva aventura del fontanero recibimos Yooka-Laylee, heredero espiritual de Banjo-Kazooie a manos de antiguos integrantes de RARE. Su trabajo no decepcionó, inspirando el retorno de mascotas como Crash Bandicoot (N’Sane Trilogy supera los dos millones y medio de copias vendidas), el propio Sonic (Mania) o un desdeñado Bubsy (The Woolies Strikes Back). Sólo tres nombres de una lista infinita: Cuphead, Little Nightmares, Skylar & Plux: Adventure on Cover Island, Poochy & Yoshi’s Woolly World, Shovel Knight: Specter of Torment, Knack 2, Wonder Boy III: The Dragon’s Trap, Hey! Pikmin

Fruto de la financiación colectiva, A Hat in Time es uno de los representantes más humildes, pese a lo cual nos ha sorprendido gratamente. Su recaudación multiplicó por diez la meta inicial de 30.000 dólares, gracias a la premisa de recuperar los buenos tiempos del plataformas tridimensional, cuando todo era color y centenares de ítems por recolectar. Es justo lo que encontraremos, aunque con las necesarias vueltas de tuerca y una personalidad arrebatadora.

Deambular por los escenarios en busca de coleccionables se hace de lo más ameno.

Deambular por los escenarios en busca de coleccionables se hace de lo más ameno.

La aventura comienza cuando la nave de su joven protagonista se queda sin combustible: unos misteriosos relojes de arena que le permiten viajar en el tiempo. Desperdigados a lo largo y ancho de un planeta próximo, nuestra misión será recolectarlos para continuar el viaje. Irrumpimos así en el primero de cinco mundos, donde queda meridiano el sentido del humor impreso por Gears for Breakfast. El jefe de un clan mafioso está sembrando el caos en una villa costera y una caperucita bigotuda nos pide ayudar para derrocarlo. Aunque podemos deambular por unos escenarios considerables, cada fase presenta un objetivo claro, indispensable para acceder al respectivo jefe final. También topamos con niveles cerrados, aunque justificados por su arco argumental. Sirve como ejemplo el rodaje de “Asesinato en el Owl Express” en el segundo mundo, donde una pareja de productores lucha por hacerse con nuestros servicios.

Respecto a las mecánicas, se combinan los saltos con discretos puzles, secciones de infiltración e incluso de supervivencia. Nada especialmente deasafiante, pero siempre divertido por el contraste de situaciones. El mayor acierto del juego, no obstante, son los sombreros que desbloqueamos recolectando ovillos de lana. Cada cual ofrece un poder alternativo (deslizarse a toda velocidad, lanzar proyectiles…), indispensable para acceder a determinadas áreas o fases. De hecho, se nos advertirá cuando intentemos jugar un nivel sin el poder necesario para completarlo, lo que obliga a revisitar escenarios y escudriñarlos. Por si fuera poco, los sombreros admiten insignias a modo de potenciadores, que adquirimos con las miles de gemas desperdigadas.

Variedad y sentido del humor son las bazas de un plataformas digno de los clásicos tridimensionales

Como es habitual en el género, nuestra nave sirve de hub, con puertas únicamente desbloqueables tras conseguir cierto número de relojes. A su vez, los mundos albergan misiones secretas y desafíos concatenados, quizás los únicos que pondrán a prueba vuestros reflejos. De hecho, más que los saltos, nos ha supuesto problema el que la protagonista quede encallada o tropiece con algunos elementos. Suerte que el sistema de control es muy flexible y salva la papeleta a base de dobles saltos o el remonte automático de estructuras. Lo comprobaréis durante los brillantes combates finales, cargados de rutinas aleatorias y alejados del típico “tres alcances y le haces morder el polvo”.

Aunque los modelados son simples y a menudo angulosos, encajan con un estilo artístico desenfadado. Una vez más, se agradece la tremenda variedad hasta los títulos de crédito, lo que transmite la impresión de una aventura con todas las de la ley. Las expresiones faciales importan lo mismo que la trama (poco), pero las animaciones cumplen con creces tanto dentro como fuera de las cinemáticas. Sorprende que se hayan doblado al inglés en lugar de implementarse los habituales balbuceos, pero el nivel es demasiado pobre y uno acaba por desactivar las voces en el menú de configuración. También ahí se disponen múltiples opciones gráficas, que os permitirán jugar a resolución 4K y 60 frames por segundo en equipos no demasiado punteros. Todo esto acompasado por una banda sonora resultona, que convierte la firma de un contrato en una experiencia terrorífica (ya lo entenderéis).

A Hat in Time marca una de esas raras excepciones en Kickstarter, cuando el resultado casa con las expectativas de los mecenas. Una duración escueta (en torno a las 8 horas), lo caprichoso de la cámara y la baja dificultad no empañan una aventura digna de los mejores plataformas 3D, capaz de refrescar el género con su variedad de situaciones y sentido del humor.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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