No cabe duda de que Assassin’s Creed: Rogue será uno de los tapados del año. El músculo promocional de Ubisoft se ha centrado en su hermano mayor, Assassin’s Creed: Unity y muchos ni tan siquiera eran conscientes de que la franquicia se escindiría este año. No puedo hablar de Arno Dorian porque apenas he comenzado su aventura, pero sí largo y tendido sobre Shay Patrick Cormac.

Esta entrega es mero fan service para los usuarios de Xbox 360 y PlayStation 3, desde luego. No tendría sentido dedicar más párrafos al manido debate sobre la explotación de la saga. Va siendo hora de aceptar que la política de la compañía gala no variará un ápice mientras cada nueva entrega siga vendiéndose como churros. 

Mis expectativas para con Assassin’s Creed: Rogue eran nulas, tal vez por eso haya encontrado la experiencia harto satisfactoria. La premisa llama cuanto menos la atención, con un Asesino renegado que acaba engrosando las filas de la Orden Templaria y la jugabilidad responde en consecuencia. Los primeros instantes se desarrollan como es costumbre, recabando información y asesinando a objetivos salto aéreo mediante, pero una accidentada visita a Lisboa lo cambia todo. Shay emprende una nueva vida: sus amigos son ahora adversarios y su anterior causa un despropósito al que poner freno. Es entonces cuando el título ofrece lo mejor de sí, una vuelta a la tortilla propiamente dicha, donde las tácticas que otrora usábamos se vuelven en nuestra contra. 

Los Asesinos acechan apostados en azoteas, escondidos en carros de heno o agazapados en arbustos. Ya no basta con ir de aquí para allá como alma que lleva al diablo. Impera la observación (gracias al localizador heredado de las modalidades multijugador) si no queremos ser atravesados por alguna hoja oculta. El sigilo cobra así mayor importancia: uno disfruta ‘cazando’ al enemigo, lanzándole un dardo buscapiés que lo saque de su escondite para a continuación darle descanso eterno. 

Los enfrentamientos navales también copan buena parte de la aventura, si bien su número se ha reducido considerablemente respecto a Black Flag. Resultan mucho más entretenidos que en aquel, gracias a un control mejorado, superior puesta en escena y las nuevas opciones de armamento. Mejorar nuestro navío sigue siendo prioritario, sobre todo de cara a la contienda final (quien avisa no es traidor). Se recupera igualmente la reconstrucción urbana, sistema económico que tanto convenció en tiempos de Ezio Auditore, lo que amplifica las posibilidades de los tres grandes escenarios del juego: la Nueva York del sigo XVIII, River Valley y el Atlántico Norte. No hay queja respecto a la variedad, pues lo mismo deambulamos por ciudades abarrotadas que nos perdemos en parajes selváticos al reencuentro de los nativos americanos. Incluso vislumbraremos pingüinos, si es que las duras capas de hielo sucumben al espolón del Morrigan.

Aunque son inevitables las misiones de relleno, Rogue evita a toda costa la repetición de mecánicas que tanta factura ha pasado a la serie. Cuenta con la baza de una narrativa interesante y un protagonista con carácter. Por contra de Altaïr o Connor, la sangre de Shay corre con fervor, lo que nos hace partícipes de su metamorfosis moral. Disfrutaréis el doble si jugasteis los anteriores títulos, pues los cameos son tan numerosos como inevitables. Ubisoft quería cerrar su trilogía americana por todo lo alto, emborronar sus sinsabores, cosa que consigue.

Tanto o más importante que los recuerdos del Animus son los segmentos fuera de éste, donde controlamos subjetivamente a un nuevo empleado de Abstergo Entertainment. Poca razón encuentro en quienes hablan de distracción innecesaria refiriéndose al nexo contemporáneo de Assassin’s Creed. Y es que no habría jugado todas y cada una de sus entregas de no haber sido por el inquietante epílogo del soporífero primer capítulo. Para el buen aficionado ya es costumbre escudriñar los escenarios en busca de pistas visuales, documentos sonoros o correos electrónicos que clarifiquen el papel de los Precursores en la lucha moderna entre Asesinos y Templarios. Rogue dispone una veintena de ordenadores que piratear, con información vital para comprender lo acontecido tras los créditos de Assassin’s Creed III e incluso buena parte de su continuación. Aplaudo igualmente el nexo argumental entre Rogue y Unity (que os dejaré descubrir), lo que hace recomendable controlar a Cormac antes de embarcarse en la Revolución Francesa.

Si hablaba de una jugabilidad equilibrada, como si Ubisoft Sofia hubiese conseguido el punto justo de sal, no menos puedo decir del apartado gráfico. El motor no da para más, pero al menos se han refinado los defectos de Black Flag con excepción del terrible sistema de sombreado. Un acabado notable para la última iteración (o eso suponemos) que recibirán Xbox 360 y PlayStation 3. Por su parte, el doblaje al castellano raya a un nivel encomiable y la épica de batallas como la de Louisbourg queda reforzada por la grandilocuente banda sonora.

En conclusión

Shay Patrick Cormac tendrá el honor de figurar entre los protagonistas carismáticos de Assassin’s Creed, con una aventura que refina el acabado técnico de la franquicia en consolas de anterior generación, pero también sus mecánicas. Nuevos y variados entornos acogen combates navales mejor resueltos, sin concederles mayor importancia que a unas interesantes secciones a pie. Ser presa de los Asesinos en lugar de cazarlos es una experiencia curiosa cuanto menos, que ningún fan debería perderse

Rogue es el epílogo de una trilogía que arrancó con mal pie, pero consiguió sobreponerse. Por criticarle algo, nos hemos quedado con las ganas de corretear entre pingüinos en más misiones principales, algo que no dudamos manifestar mediante el acertado sistema de puntuación de recuerdos.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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