Era inevitable que el primer Assassin's Creed de nueva generación creara grandes expectativas. Además, había elementos en su propuesta suficientes para llamar la atención del público más allá del salto gráfico: la Revolución Francesa es una de las épocas más apasionantes de la Historia, y la fama de París como una de las ciudades más bellas del mundo no es inmerecida.

¿Ha logrado Unity estar a la altura de sus propias promesas? Como suele ocurrir con estos grandes lanzamientos, el nivel de expectativas estaba por las nubes: no hay más que ver la primera salva de críticas publicada ayer por la tarde, muchas teñidas de cierta decepción. En nuestra opinión, aunque tiene fallos (el modelo de lanzamiento anual pasa factura), el conjunto de este nuevo Assassin's Creed es más que notable.

El juego es francamente apabullante por la cantidad de misiones, lugares que visitar, personajes que conocer… Unity recuerda a las inacabables novelas de folletín que los Dumas popularizaron poco tiempo después de la Revolución: una aventura tras otra de capa y espada, de persecuciones por las esquinas de París, intrigas, venganzas y odios. La inspiración en los Dumas, por cierto, se puede ver en escenas que directamente homenajean su obra, como la escena de aprendizaje de Arno en la cárcel de la Bastilla a lo El Conde de Montecristo.

A poco que uno entre en la propuesta y se proponga descubrir la Ciudad de las Luces encontrará tipos de aventura sobrados como para no aburrirse. Tan pronto estás ajustándole las cuentas a un Templario como robando un cáliz en Nôtre-Dame, descubriendo quién ha asesinado a Jean-Paul Marat o desentrañando misteriosas cuartetas de Nostradamus. Volvemos a tener sedes que restaurar y mejorar (cafés parisinos, en este caso), y a esto se suman las diecisiete misiones cooperativas (diez de campaña y siete de robos) y las ocasionales visitas a París en otras épocas como la Belle Époque o la II Guerra Mundial. Si repites aventuras es porque quieres.

Resultan también interesantes las opciones de personalización de Arno Dorian. Para empezar, según vamos ganando experiencia podremos mejorar nuestras habilidades, tanto de combate como de sigilo y exploración. Además podemos adquirir nuevo equipo; aunque en este área nos cuelen una propuesta de microtransacciones, con los francos ganados en el juego podemos perfectamente ir comprando nuevas armas y ropajes de asesino para que Dorian mejore sus estadísticas.

A nivel jugable, Unity nos anima más que nunca a adoptar el estilo de los asesinos: reflexión, sigilo, ataque cuidadoso y quirúrgico y rápida desaparición. En combate abierto el sistema enfrenta nuestro nivel y equipo con el del enemigo, y si estamos superados podemos caer muertos al primer disparo por la espalda. Como además no tenemos regeneración automática de vida, queda claro que el juego nos anima a pensar, no a pelear alegremente contra treinta guardias; si tenemos que desenvainar el arma más nos vale pelear a la defensiva si queremos durar más de un asalto.

La recreación de la París revolucionaria por parte de Unity es francamente espectacular. Es la ciudad más grande nunca vista en un Assassin's (bienvenidos sean de vuelta los grandes entornos urbanos, todo sea dicho), y perderse por sus calles y observar las grandes multitudes en movimiento es un pequeño placer ya de por sí. Las panorámicas al sincronizar atalayas quitan el aliento; subir a las torres de Nôtre-Dame o del Hôtel du Ville es un lujo para la vista. Cualquier aficionado a la Historia disfrutará como un crío recorriendo Versalles, los Inválidos y tantos otros lugares emblemáticos de la capital francesa.

se le podría haber sacado algo más de partido a la Revolución como época histórica en la campaña del juego. Aunque las misiones cooperativas y las secundarias se adentran un poco más en el contexto histórico, las aventuras principales son más una historia de venganza personal (con intrigas extra entre Asesinos y Templarios). Da la sensación de que los guionistas no han querido correr el riesgo de que el argumento (y el jugador) puedan perderse en una época ciertamente convulsa y complicada de explicar.

Personalmente, la parte contemporánea (Abstergo y demás) de los Assassin's nunca me ha parecido muy interesante, por lo que creo que sería más interesante para la saga sumergirse a fondo en cada época histórica. El protagonista es, además, de nuevo un "conjunto vacío" como otros personajes principales de la saga, pensado más para que el jugador se proyecte que como personaje con entidad propia; resultan más interesantes secundarios como Elise, Bellec o el inefable Marqués de Sade.

No vamos a pasar de puntillas por los fallos técnicos del juego; como ya decíamos, a Assassin's Creed le pasa factura el modelo de lanzamiento anual, que no creemos que sea el más apropiado para la saga. Aunque no hemos visto ningún bug incapacitante, sí hay un problema de popping (aparecen objetos de forma súbita en el horizonte), ocasional clipping (superposición de cuerpos) y puntuales caídas de la tasa de fotogramas por segundo; en ocasiones la navegación por la ciudad se "atasca" y cuesta algo de trabajo, por ejemplo, entrar en una ventana de una fachada.

Además, al juego le falta quizá explicarse un poco mejor y contar gradualmente para qué sirven sus muchas opciones y tipos de misión: como ocurría en Watch Dogs, al principio uno puede sentirse un poco perdido ante el mapa lleno de iconos de cosas por hacer. Nada de esto supone una brecha en la estructura que la ponga en peligro, en nuestra opinión, pero sí denota que al juego le habría venido bien algo más de tiempo para pulir detalles.

En Conclusión

Assassin's Creed Unity es más que una prometedora entrada de la saga en la nueva generación: el jugador encontrará muchas, muchas horas de diversión, y la oportunidad de descubrir la maravillosamente recreada París de la Revolución. La falta de pulido supone un borrón de tinta en un juego por lo demás notable, pero no nos ha hecho disfrutar menos de las aventuras de Arno Dorian, que como dijo Enrique IV, París bien vale una misa.

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