Acabo de completar el modo historia de Bayonetta 2 y no sé muy bien qué decir. Tampoco es que un servidor venere los juegos de acción, pero hay excepciones que confirman la regla y así ha sido, como evidencia la puntuación sobre estas líneas.

Hacía mucho que no disfrutaba tanto a los mandos y ha tenido que ser Wii U, gran relegada esta generación, la plataforma que lo albergue. Esta secuela demuestra qué hace grande a un juego por encima de las florituras técnicas. Reivindica al tiempo el poderío de una industria japonesa ahora en decadencia, pero artífice de las mecánicas exprimidas hasta la saciedad por los estudios occidentales.

Hablar de Bayonetta 2 es hacerlo de un hack and slash referencial, el título que delimita los topes de su género. Ocurrió igual con el original, lanzado hace ahora un lustro para PlayStation 3 y Xbox 360 con críticas más que sobresalientes. Más chocante entonces que Platinum Games haya superado su obra maestra.

El argumento, que muchos han tildado injustamente de sinsentido, se entrelaza magistralmente con los acontecimientos de la primera entrega. El apocalipsis en torno a los consabidos Ojos del Mundo enmarca, al tiempo, un viaje contrarreloj al mismísimo Infierno. En su intento por salvar a una "amiga", la bruja de pronunciadas curvas desentrañará dolorosos recuerdos de su pasado… y hasta ahí podemos leer.

Habrá a quienes traiga al fresco la narrativa que justifica esta sucesión de combates, pero los dieciséis capítulos que la conforman consiguen picar nuestra curiosidad entre chascarrillos de dudoso gusto y planos empeñados en la anatomía femenina. Aún cuando el cúmulo de convenciones niponas os echase para atrás, Bayonetta 2 encierra una jugabilidad a prueba de bombas. Los arcángeles y demonios que nos asaltan cada tres pasos representan entonces ese saco de boxeo con el que pagamos nuestras frustraciones, sólo que en vez de sudor generamos una estela sanguinolenta en la pantalla del televisor.

Las animaciones de Bayonetta son dignas de estudio por su fluidez. Es casi hipnótico verla encadenar patadas y puñetazos a 60 frames por segundo. La velocidad del juego puede llegar a desorientarnos incluso, aunque pronto desarrollamos la agilidad mental para esquivar al enemigo en el momento justo y activar esa suerte de bullet-time apodado Tiempo Brujo. Al compendio de técnicas, armas y accesorios desbloqueables en Las Puertas del Infierno, sumamos ataques especiales como el Clímax de Umbra (una vez relleno nuestro medidor de magia), los brutales Ataques Tortura o las ya célebres invocaciones demoníacas que brotan de la (ahora discreta) melena protagonista.

Aunque el juego no supone un gran desafío en su primer grado de dificultad, preparaos para maldecir aún en la modalidad estándar. Los adversarios resultan cada vez más enrevesados tanto por fisionomía (se agradece la variedad) como por su catálogo de ataques y a menudo atesoran varias barras de energía. Hacerles morder el polvo requiere algo más que aporrear botones, aunque también podemos recurrir al panel táctil del GamePad, opción que no ha terminado de convencernos por derivar en problemas de cámara.

La satisfacción que uno siente tras llegar a los títulos de crédito es sólo comparable a escudriñar concienzudamente los escenarios. No es sólo hacernos con todos los objetos especiales o Tesoros de Rodin; también cazar a los escurridizos cuervos de Umbra o destruir los sarcófagos que aumenten al máximo nuestros indicadores. Los escenarios también están plagados de desafíos bien recompensados previo acceso al Muspelheim, aunque no todas las fases invitan a la exploración por limitarse a enfrentamientos finales.

Superar niveles nos recompensa con cartas de versículo, a su vez secciones de combate específicas que acometer en compañía de un amigo (o desconocido) en el modo Clímax Múltiple. La vertiente online de Bayonetta 2 convence por su esquema de apuestas: cuantos más Halos ponemos sobre la mesa, mayor la dificultad, pero también la recompensa. Al final de 6 rondas, uno de los participantes se declara vencedor y los créditos conseguidos pueden emplearse en la tienda del juego.

Hablaba al comienzo de florituras técnicas, pero no pensemos que Wii U lo tenía todo dicho al respecto. Desde su estilo, poco tiene que envidiar Bayonetta 2 a las superproducciones de nueva generación. Son protagonistas elementos como el agua (por la que Bayonetta puede desplazarse grácilmente en una de sus muchas metamorfosis), los horizontes crepusculares o la arquitectura de influencia europea. Todo ello entre los mil y un destellos que ilustran unas refriegas épicas. Tanto como la banda sonora, hilarante pero también solemne cuando ha de serlo.

En conclusión

Bayonetta 2 no es sólo el motivo para adquirir una Wii U, también para reenamorarse de los videojuegos en su esencia más pura. Demuestra que la industria japonesa aún no ha dicho la última palabra. Cómo una secuela puede redefinir su género aún cuando ya lo consiguió el original. Si pensáis que este festival de alabanzas resulta exagerado o motivado por las calificaciones de la prensa angloparlante, entonces es que no habéis puesto las manos encima al oro mayúsculo de Platinum Games, porque basta una partida para caer rendido a los pies de la carismática bruja.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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