Los orígenes de Candle se remontan a 2011, cuando los fundadores de Teku Studios presentaron el proyecto a un concurso para emprendedores organizado por la Universidad de Zaragoza. Ganaron el primer premio y adquirieron un par de ordenadores, dispuestos a convertir aquellas ilustraciones en videojuego propiamente dicho. Una labor titánica, para la que se encontraron inexpertos: “Fueron meses de aprendizaje, en los que comprobar si éramos verdaderamente capaces de producir algo así”, nos contaban el pasado mayo.

El momento cumbre para el desarrollo llegó en julio de 2013, al irrumpir en la plataforma de financiación colectiva por excelencia, Kickstarter. La idea de fusionar aventura gráfica y plataformas en un lienzo (cuasi literal), junto a la prometedora mecánica de luces y sombras, convenció a un total de 1.653 usuarios. Sus aportaciones superaron las barrera de los 50.000 dólares, todo un hito para la ópera prima de un estudio diminuto (nunca más de 12 integrantes).

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Candle surgió de meras ilustraciones y con visos de un juego mucho más oscuro, incluso gore.

Aunque su versión para Wii U siga en entredicho, Candle se lanzó en Steam hará cosa de un mes, tras incontables retrasos con tal de no recortar contenido. Dicha ambición queda patente en la hermosa secuencia introductoria, por la que conocemos a Teku, quien busca rescatar al chamán de su tribu del malévolo Wakcha Clan. Amén de su morfología, el protagonista destaca por la vela (a modo de mano izquierda) que da nombre al juego.

Candle se inspira en clásicos como Another World, Flashback, Heart of Darkness o la saga Oddworld. También en referencias más actuales como Limbo o Machinarium. Nos aguarda así un ensayo y error constante a lo largo y ancho de sus escenarios, con ítems e interruptores ocultos a conciencia, así como trampas a priori imposibles de salvar. Los amantes de los retos tienen aquí una cita obligada, si bien los originales rompecabezas guardan una lógica. No se trata tampoco de un título lineal, pues deberemos volver sobre nuestros pasos una y otra vez, hasta dar con la tecla que nos permita avanzar. Así, el encargo de cierto personaje puede devolvernos varios escenarios atrás, donde quizás encontremos la clave para sortear ese abismo.

Si es que pueden llamarse así, los segmentos de infiltración inciden en el ritmo sosegado. No hay tolerancia alguna al fracaso, hablemos de fauna voraz o integrantes de la tribu rival: si nos detectan, acabaremos mordiendo el polvo. Ocurre igual con los saltos al vacío, a menudo involuntarios por cierta tosquedad en el esquema de control: el juego se ha diseñado con un gamepad en mente, pese a lo cual Teku se encalla al tirar de stick analógico, sobre todo en los ascensos y descensos. Suerte que la cruceta nos saca de apuros.

Sobre el eje central del gameplay, la vela, podemos emitir destellos para interactuar con el entorno, pero también ahuyentar a determinados enemigos con la propia llama. Tendremos que ingeniárnoslas para transportarla de un área a la siguiente, esquivando cascadas que la apaguen (por poner sólo un ejemplo). En otras ocasiones convendrá prescindir de iluminación, como al acercarnos por la espalda a un miembro del Wakcha Clan. Los múltiples usos del fuego suponen así uno de los alicientes para transitar la aventura, por lo que no profundizaremos al respecto. Tan sólo remarcar el sentimiento de recompensa al resolver cada una de las piezas que componen este puzle preciosista.

Porque Candle invita igualmente a la contemplación. Tiene en su apartado artístico una poderosa herramienta de marketing, siendo muchos quienes se acercarán atraídos por unos fondos de acuarela pintados a manos. Uno por uno, nos comentaban sus responsables: “Para colorear todas las acuarelas en el tiempo planificado hubiésemos necesitado más del doble de artistas. Hemos sido 6 en total”. Se inspiran éstas en las pinturas de el Bosco, Turner (por la paleta de colores) o Brueghel, pero también en el cine de animación, mayormente los clásicos de Disney y Studio Ghibli.

Respecto al diseño de personajes, el arte africano o precolombino (más concretamente las civilizaciones mesoamericanas) son referencias claras, que dejan su huella en la narración. Depara ésta instantes emotivos, acompasados por efectos de tono realista (como el del fuego) y un lenguaje ficticio, inspirado en la lengua azteca. De hecho, las melodías hacen hincapié en la percusión y los instrumento de viento. Pone la guinda Pepe Mediavilla, narrador con sobrada experiencia en cine (Gandalf el Gris) y ocio electrónico (Fallout 3, Disney Infinity, Randal’s Monday), cuyos matices consiguen meternos de lleno en el particular universo de Candle.

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El juego se inspira en clásicos como Another World, Flashback o Heart of Darkness.

Pese a imprecisiones de control puntuales y algún que otro puzle exasperante (os aguardan unas 10 horas de juego, según vuestra habilidad), Candle entra en el ranking de las mejores óperas primas del desarrollo independiente español.

Su sabia combinación de aventura gráfica y plataformas nos ha conquistado tanto como su encantador apartador artístico. No es sólo una cara bonita, de jugabilidad insustancial o clónica, sino la materialización de un esfuerzo desmedido. Se explica así el interés de creadores como Tim Schafer o American McGee.

Teku Studios merece pleno reconocimiento, aunque sea por haber mimado hasta el último detalle.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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