Hace apenas unos días que se publicó el juego de rol y estrategia Expeditions: Viking, segunda entrega de una saga que arrancó en 2013 con Conquistador. Algunos meses después de lanzar Expeditions: Conquistador, Logic Studios preguntó por redes sociales cuál queríamos que fuera el nuevo trasfondo para el juego. Creo recordar que voté por un grupo de europeos abriendo rutas comerciales con Asia en el Renacimiento, a imitación de Marco Polo en la Ruta de la Seda, pero la elección final no me pareció mala: la historia de los vikingos es también perfecta para acoger un Expeditions. Si en Conquistador nos poníamos en la piel de un grupo de conquistadores españoles recién llegados al Nuevo Mundo, en esta ocasión encarnamos a un thegn (el líder de un clan vikingo) alrededor del año 790 que hereda el cargo tras la muerte de su padre en una fallida expedición. El clan está empobrecido y en peligro de desaparecer por la presión de otros clanes y señores, deseosos de absorber sus riquezas; para recuperar la gloria perdida y escribir nuestro nombre en la Historia decidimos organizar una expedición a una isla que, según la leyenda, esconde grandes riquezas y fértiles tierras que colonizar. La Historia oficial no registra quiénes fueron los vikingos que llegaron a las islas de la actual Gran Bretaña a finales del siglo VIII. Expeditions: Viking nos propone que nos embarquemos nosotros en ese difícil viaje de ida y vuelta, de guerra y comercio, de violencia y gloria.

No hace mucho que en esta casa dedicamos un buen montón de líneas a estos pueblos nórdicos medievales, guerreros a tiempo parcial que aterrorizaron Europa viajando al sur para saquear pueblos y monasterios (y a menudo un poco más al sur para vender lo saqueado). La historia de los vikingos ofrece todos los elementos que necesitaba Expeditions: habitantes de una tierra inhóspita, navegantes sin parangón en su época, colonizadores de lugares remotos; protagonistas de tantas historias de salvajismo y violencia como de gloria y honor. No es casualidad que se hayan puesto de moda últimamente: su rica cultura y mitología, la difícil relación entre sus pueblos y el resto de reinos europeos de la época y su sentido trágico de la existencia son muy golosos para cualquier escritor.

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La propuesta jugable de Expeditions implica movimiento: es una historia de exploración, aventura y conflicto. Gestionamos un grupo de aventureros explorando tierras sin cartografiar, en ruta hacia lo desconocido. La clave del éxito del primer juego estuvo en la capacidad de transmitir la sensación de maravilla de un mundo completamente nuevo para los personajes, el miedo a las complicaciones y conflictos de un viaje así, tanto en lo puramente logístico y táctico como en lo personal. Por un lado, con las mecánicas de gestión de recursos y de combate, teníamos que lograr sobrevivir a una tierra hostil, explorar sus rincones y quizá incluso conquistarla (o como mínimo, domeñarla). Por otro, gracias a sus mecánicas de rol y a su diseño narrativo, teníamos que avanzar en la relación personal con los miembros de la expedición, descubrir la historia y personalidad de cada compañero de grupo y ganarnos su lealtad y su respeto para mantener la cohesión del grupo, así como tratar con toda una plétora de personajes secundarios. La mezcla de mecánicas y esa doble dimensión de la exploración, la supervivencia y la aventura conferían al juego un carácter único.

Expeditions: Viking no se desvía demasiado de la base que estableció Conquistador. El juego ofrece áreas de jugabilidad bien diferenciada: una parte de gestión de recursos cuando viajamos entre una localización y otra; una parte rolera en los distintos lugares en los que paramos a explorar, que nos recuerda a los clásicos de finales de los 90 creados con el Infinity Engine (Baldur’s Gate, Icewind Dale, etc.); y finalmente el combate táctico, un momento en el que el juego se detiene para ofrecer un sistema por turnos casi igual al de Conquistador. Normalmente vamos pasando de una sección del juego a otra en ese orden: viajamos hasta un lugar, lo recorremos y hablamos con la gente que vive allí y probablemente nos metamos en algún que otro lío que haya que resolver a hachazo limpio.

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Sobre El Autor

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Me llamo Antonio Santo y nací en Málaga en 1985. Estudié (es un decir) Filología Hispánica en Granada, aunque desde que salí de la universidad (sorprendentemente, por mi propio pie) toda mi carrera profesional ha sido en prensa. En 2011 empecé a dedicarme al periodismo de videojuegos en Vadejuegos; un tiempo después me hicieron director de contenidos por mis pecados. Me han dado algún que otro premio por mi obra poética, lo que demuestra que hay gente para todo. Me gusta tocar música, los perros y la buena comida. Llevo sombrero para hacerme el interesante.

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