Recuerdo el escepticismo para con la primera entrega de Forza Horizon. El concepto del spin-off se antojaba difuso, como si Forza Motorsport quisiera tocar palos que no le correspondían. Resultó el enésimo título de mundo abierto, pero con la suficiente personalidad para fulminar cualquier atisbo de vida social durante semanas.

El Festival Horizon ejemplifica la comunión entre música y gameplay que tan apegado me ha tenido a la producción de Tetsuya Mizuguchi (Lumines a la cabeza): aún sin rumbo fijo, rodar al compás de los últimos éxitos dance o electrónicos resulta catártico. Me retrotrae a los tiempos de Metropolis Street Racer 2, cuando volcaba mis temas favoritos al disco duro de la primera Xbox para utilizarlos como banda sonora. De hecho, mientras escribo me doy cuenta de cuánto añoraba la franquicia de Bizarre Creations. “Añoraba” porque Playground Games ha dinamitado cualquier duda en torno a su criatura, convirtiéndola en digna sucesora.

Si me preguntáis, Forza Motosport sería el contenedor aséptico y de factura impecable; Horizon, la chispa que acerca la propiedad intelectual al más amplio espectro de jugadores. Nunca he sido un gran aficionado al género de conducción, pero la fórmula reúne los ingredientes necesarios: accesibilidad, desenfado y un área de juego repleta de pasatiempos. Forza Horizon 2 se convirtió así en uno mis favoritos para la presente generación, por factura y posibilidades. ¿Podría su inevitable secuela mejorar lo inmejorable? Tras pasar los últimos días transitando suelo asutraliano, la respuesta es rotundamente afirmativa.
En una vuelta de tuerca, Forza Horizon 3 nos convierte en mandamases del festival. Se acabó aquello de inscribirnos cual conductor de tres al cuarto, dispuesto a callar bocas cruzando el primero la línea de meta. Todo está por hacer, así que nuestro primer cometido es encontrar la ubicación perfecta para las diferentes sedes del festival: el mapa atesora zonas selváticas, desérticas, costeras e incluso urbanas, que conforman una red inabarcable de caminos y carreteras. Tal así que duplica lo visto en la anterior entrega.

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No mentían al prometer “el mayor Forza Horizon hasta la fecha”, con más de 350 vehículos listos para incorporarse a nuestro garaje (150 más que los iniciales de Horizon 2). Encontramos desde los habituales deportivos (primera aparición del Lamborghini Centenario en un videojuego) hasta los clásicos australianos, pasando por camiones y buggies, indispensables para surcar las superficies más escarpadas. Por supuesto, se han recreado con todo lujo de detalles (salpicaderos, faros, limpiaparabrisas…), que apreciamos en la consabida modalidad Forzavista.
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Una vez sobre el asafalto, cada categoría responde a lo esperado en cuanto a tracción y maniobrabilidad. Los gatillos de impulso vuelven a marcar la diferencia por sensaciones y pronto nos damos cuenta de que acelerar a fondo o frenar en seco son acciones poco aconsejables en las carreras más apuradas. Aún con todo, el juego puede ser la iteración más arcade de la trilogía. No sólo por el sistema de ayudas (trazadas, aminorado automático…), que permitirán ganar al más patoso de la clase, sino también por el énfasis en los atajos campo a través. Lo que fue principal atractivo de Horizon 2 se quintuplica, de forma que algunos desafíos precisan de ‘cortar trecho’ si queremos hacernos con la victoria.

ForzaHorizon3_Review_04_WetHighway_WMPero volviendo a la premisa, cada ubicación del festival es susceptible de expansión, requiriéndose en todo caso cierto número de fans. Será éste el que determine nuestra participación en el evento de exhibición final, ya no supeditada a un contador de campeonatos. Playground quería una progresión menos encorsetada, donde cualquier acción contase y por la que pudiésemos hacer lo que quisiéramos en cualquier momento. El juego se ofrece por entero tras la primera hora, una vez desbloqueadas sus principales opciones.

Al expandir alguno de los seis ecosistemas disponibles, el mapa se copa de puntos de carrera, cada cual con pruebas de “exhibición”, “campeonato” y “rivales”. A éstas sumamos las habituales zonas de velocidad, pero también novedades como las zonas de derrapaje (conseguir el mayor número de puntos en un trazado), las zonas de peligro (saltos a la mayor distancia posible) y las caravanas: rutas con fines competitivos o cooperativos, que aceleran el marcador de habilidades según el número de participantes. ¿Queréis más? También prosiguen las concentraciones, los carteles de bonificación, el escondite de coches abandonados y los enfrentamientos “cara a cara”, que desbloquean carreras callejeras y a su vez nocturnas, donde competimos por el coche del adversario.

Otro aspecto clave de Horizon 3 es la personalización. Además de los vinilos y el tuneo (podemos elegir hasta el sonido del claxon), dirigir este festival de velocidad nos permite confeccionar nuestras propias pruebas de exhibición o campeonato, determinando ruta, condiciones climatológicas y de victoria… También podemos gestar experiencias vitales, más variadas y espectaculares que nunca. Entre éstas encontramos saltos, picos de velocidad, carreras contrarreloj (atentos al cameo de Halo) y retos de marcador al más puro estilo Tony Hawk: conseguir equis puntos de habilidad en el tiempo dado.

Hablaba al comienzo de la música y aquí sigue cobrando importancia, con un total de 8 emisoras (indie, rock, dance, clásica, electrónica…) repletas de temas impagables. El mayor añadido es Groove Music (el Spotify de Microsoft), donde crear nuestras propias listas de reproducción en base a los actuales superventas. De cuando en cuando el locutor de turno pinchará una “canción de habilidad”, durante cuya reproducción obtendremos el doble de puntos.

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Necesitaréis de entre 30 y 40 horas para alcanzar la final de Horizon, aunque descubrir todas las carreteras, disputar todas las competiciones, llenar el garaje y hacernos con todos los coleccionables os llevará más de un centenar. Lo más importante es que nunca seréis conscientes del tiempo a los mandos, pues en el puzle de Horizon 3 cada pieza encaja a la perfección. Cada kilómetro recorrido aporta, sean admiradores o impagables vistas fundamentadas en los avances técnicos de Forza Motorsport 6. Los charcos están a la orden del día, con salpiques a cámara de lo más efectistas, pero serán los cielos los que os dejen sin palabras. Fueron capturados en la propia Australia el año pasado, transfiriéndose al juego los amaneceres y anocheceres más hermosos que se hayan visto en un videojuego. Estamos además ante el primero compatible con la tecnología de Alto Rango Dinámico o HDR (en Xbox One S), que realza los colores y aproxima la iluminación a lo captado por el ojo humano. Lo he comprobado con un panel LG UH850V de 55 pulgadas, que requirió de ciertos ajustes para encontrar el equilibrio entre lo vibrante y el exceso de saturación. El efecto de marras se percibe claramente en unos horizontes anaranjados, al ser deslumbrados por el tráfico o cuando frenamos en noche cerrada: nunca habréis visto un rojo más intenso. Aún sin HDR, el juego roza la perfección. Selvas, acantilados y rascacielos arrojan estampas de ensueño, con efectos de partículas que los más agoreros jamás esperarían en Xbox One. A este respecto, los modos foto y Dron (de estreno) nos permiten abandonar el vehículo y disfrutar del paisaje a nuestro aire, tanto en la vertiente solitaria como multijugador.

350 vehículos, un mapeado el doble de grande, pruebas configurables, multijugador cruzado y las bondades del HDR convierten a Forza Horizon 3 en líder de su género

Porque sí, el online vuelve a desempeñar un papel clave, máxime ahora que estrenamos el programa Play Anywhere. Los usuarios de Windows 10 y Xbox One pueden enfrentarse entre sí, en una experiencia sin interrupciones: pasar del modo campaña a la campaña cooperativa (un máximo de cuatro amigos) es tan sencillo como apretar un botón. Por su parte, “Aventura en línea” nos enfrenta a drivatares por todo el mapa y “Conducción libre en línea” dispone carreras, experiencias vitales y Playground Games editables. Estos últimos vienen a ser minijuegos del tipo “captura la bandera”, donde “rey” e “infectado” nos invitan a emebestir o huir de los contrincantes respectivamente.

Más peliguada es la cuestión del doblaje, íntegramente en inglés (aunque formidable). Tras Quantum Break y ReCore, la ausencia de voces en castellano supone un especial varapalo considerando el buen trabajo con las dos primeras entregas. Los subtítulos se sitúan en la esquina inferior derecha reducidos a la mínima expresión, lo que dificultará meterse en ambiente a quienes no dominen la lengua de Shakespeare. Si os sirve de consuelo, hay menos cháchara que antaño.

Forza Horizon 3 es un sueño de conducción hecho realidad, imprescindible incluso para quienes no casen especialmente con el género. En una generación marcada por las remasterizaciones y la falta de ambición, se agradece el esfuerzo de Playground Games por perfeccionar una fórmula de por sí refinada. Con un mapa el doble de grande, mayor número de pruebas (configurables) y más de 350 vehículos a nuestra disposición, conducir por las carreteras australianas es tan divertido como apabullante: los atardeceres made in HDR te dejarán sin habla, aunque no necesitas de un televisor 4K para apreciar la envergadura técnica del proyecto. Esto incluye modelados y comportamientos lo más cercanos a la realidad… siempre y cuando te atrevas a conducir sin ayudas de por medio. Sepan el resto de jugadores que son libres de marchar campo a través y arrollar señales de tráfico al ritmo de Chvrches, Timberlake e incluso Chopin.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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