Grow Home, a pesar de estar apadrinado por Ubisoft, es un juego indie de pies a cabeza. La propuesta es sencilla: controlamos un "Botanical Utility Droid" (BUD, para los amigos), un simpático robot cuyo objetivo es recolectar una semilla de la legendaria Star Plant para su estudio. Acabamos de llegar al planeta en la que se encuentra la gigantesca planta, pero hay un problema: es demasiado pequeña aún para soltar semillas. Las Star Plant sólo florecer cuando alcanzan las estratosfera. Y será nuestra misión hacerla crecer.

Y prácticamente ya está. Grow Home es una apuesta por el minimalismo, tanto en los gráficos con en los planteamientos. Por supuesto, hacer crecer esta planta no es tan sencillo como en el cuento de Jack y las habichuelas mágicas, sino que nos espera un arduo trabajo por delante. De hecho, las dos mecánicas principales del juego son la exploración y la escalada, esta última con un formato especialmente interesante.

La primera impresión al empezar a controlar a BUD es que estamos ante un robot condenadamente torpe (aunque bastante adorable). Sin embargo, pronto descubriremos que como escalador no tiene igual… siempre y cuando lo manejemos adecuadamente. Se trata de algo tan intuitivo como que cada mano puede controlarse independientemente a la hora de agarrarse, bien con ambos botones del ratón o con los gatillos si usamos un mando. Aunque al principio se hace un poco extraño, enseguida veremos que la elección es inmejorable.

Y es que ningún Tomb Raider o Assassin's Creed ha sabido nunca plasmar tan bien lo que es la escalada como esta pequeña apuesta de Ubisoft. Especialmente si jugamos con ratón, después de un buen rato de escalada nuestros dedos se empezarán a cansar, y empezaremos a mirar alrededor en busca de un saliente en el que poder pararnos a descansar. Nunca antes había sentido que me esforzaba al trepar en ningún videojuego hasta que he conocido Grow Home. Y nunca me habría resultado tan frustrante caerme. Afortunadamente, esta frustración estará mitigada por los teletransportadores que podremos ir bloqueando en nuestra ascensión, y que nos ayudarán a volver, al menos, a punto cercano al que estábamos antes del desastre.

No todo se limita a trepar, aunque será probablemente lo que más haremos. Al principio nuestro robot tendrá las habilidades justa para sobrevivir, de modo que tendremos que echar mano del entorno para ayudarnos. Habrá plantas y hongos gigantes que nos ayudarán a saltar más lejos, flores que podremos usar como paracaídas y hojas arrancadas que podremos utilizar como ala delta. Todo perfectamente encuadrado en la temática vegetal del juego. Conforme vayamos avanzando iremos recolectando (si queremos) una serie de cristales que nos darán potencia extra para activar otras funciones de BUD, como por ejemplo un pequeño propulsor o la capacidad de alejar la cámara para poder observar mejor nuestro entorno (especialmente útil mientras trepamos).

La mejora de BUD es, sin embargo, completamente opcional. Así, los 100 cristales que hay escondidos por todo el mapa hacen las veces de "misiones secundarias" y de "secretos recolectables" al mismo tiempo. Pero la misión principal sigue siendo la misma: hacer crecer la Star Plant hasta que florezca (y nos permita, de paso, volver a nuestra nave nodriza). Esto se consigue activando los pequeños bulbos que crecen en su tronco, y harán crecer un tallo enorme. Y aquí nos topamos con otros de los grandes atractivos del juego: nosotros podemos controlar (al menos en parte) el crecimiento de esos tallos, y trataremos de conectarlos con algunas de las islas flotantes del juego. Unas veces para que nos sirvan de puente, y otras para que lleguen a tocar los cristales que nutren la Star Plant y la hacen crecer más y más hacia el cielo.

Este pequeño detalle, junto al hecho de que el crecimiento de los tallos sea algo bastante parecido a cabalgar un toro mecánico, hará que la Star Plant resultante de cada partida sea completamente distinta a las demás. Nosotros la creamos a medida que vamos "cabalgando" los nuevos tallos para lograr nuestros objetivos. Cuando acabemos la partida, habremos creado una Star Plant completamente única que podrá divisarse desde todo el planeta y que conectará a nuestro gusto multitud de islas flotantes y asteroides.

Hasta aquí, todo han sido cosas buenas. Y de hecho estamos ante un buen juego, original, divertido y visualmente muy agradable en su simpleza. Sin embargo, nos ha dejado un sabor un poco agridulce por varias razones. Una de ellas es la duración de la partida: incluso tomándonoslo con calma, podemos completar el juego en unas 3 horas. Por supuesto, una vez hemos llegado a nuestra nave con nuestra semilla de Star Plant hay más cosas que hacer: seguro que nos han quedado cristales ocultos por recoger, y además una vez recolectada la primera semilla las demás se caerán de la planta y tendremos que movernos por todo el mapa para recogerlas. Pero de alguna forma, no deja de ser un "desbloquea todos los logros", algo que encanta a muchos jugadores, pero que resulta aburrido para otros.

Además, a pesar de que el juego está claramente orientado a la generación procedimental de contenido, esta no llega a desarrollarse nunca. Cierto que la Star Plant es distinta en cada partida, puesto que la creamos nosotros mientras jugamos, pero el escenario es siempre el mismo en todas las partidas, y no hay ningún otro planeta al que ir. Esto es, a nuestro entender un fallo imperdonable: con esta base, habría costado muy poco trabajo crear más planetas, aunque las diferencias fueran pequeñas, para prolongar la aventura. Otra tarea increíblemente sencilla habría sido generar aleatoriamente las islas flotantes en cada partida. Y sin embargo, aunque el juego obviamente estaba destinado a ello, alguien decidió en algún momento del desarrollo que tendríamos un solo mapa y que siempre sería idéntico, cargándose de un plumazo toda la rejugabilidad que Grow Home habría tenido si se hubieran hecho las cosas bien.

De hecho, habría sido tan ridículamente sencillo que es muy frustrante que no se haya hecho. Habría bastado con mover un poco las islas flotantes, poner el suelo de un color un poco distinto e introducir algún animal nuevo (sólo hay ovejas y un toro escondido en una cueva) para darnos la impresión de que estamos en un mundo completamente nuevo que merece la pena explorar. Es posible que aún se haga, DLC mediante. Pero tal y como está el juego ahora mismo, da más la impresión de ser una demo que un juego completo. Y es realmente una pena, porque Grow Home tiene un potencial increíble y es muy divertido… pero sólo durante unas tres horas.

Conclusión

Grow Home es un juego original, divertido y muy satisfactorio, que gustará a todos los amantes de la exploración y las plataformas. Además, es francamente barato. Sin embargo, hay que advertir al jugador de que es muy escaso en contenido, así que es probable que al terminarlo tengamos la sensación de habernos "quedado a medias".

 

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