Nintendo sigue confiando en Arzest, por mucho que el estudio de Yokohama no haya sabido ganarse a la crítica. A Wii Play: Motion y StreetPass Mii Plaza sigiuió Yoshi’s New Island, tercera entrega de la serie para Nintendo 3DS. Se habló entonces de un desarrollo excesivamente continuista, lo que no puede decirse de Hey! Pikmin. Los de Kioto han rehusado la fórmula de sobremesa en favor de las plataformas bidimensionales. Un intento por acercarse a una audiencia juvenil, poco acorde a la estrategia en tiempo real.

El cambio de género no quita para que todo arranque como es costumbre: la maltrecha nave del Capitán Olimar colisiona con un campo de asteroides y se estrella en un planeta remoto habitado por los simpáticos Pikmin. Nuestro objetivo será reunir 30.000 unidades de lustronio, material indispensable para reparar el transporte y volver a casa. Así, no basta con transitar los ocho mundos que componen la aventura, también debemos atender al indicador de reservas.

Este último determina la rejugabilidad de Hey! Pikmin, si bien nos hemos agenciado la cantidad requerida en una primera vuelta (no demasiado exhaustiva). Cada sector alberga cuatro fases diseñadas en torno a las distintas tipologías Pikmin: los rojos resisten al fuego,  los amarillos absorben la electricidad y saltan a doble altura, los azules disfrutan chapoteando, los pétreos derriban obstáculos de tremenda dureza y los alados sobrevuelan el escenario al tiempo que nos sirven de paracaídas. 5scrmax1Emplear sabiamente cada habilidad es indispensable; no tanto para alcanzar el final de nivel como para obtener sus tres ítems ocultos (ricos en lustronio). Hablamos de objetos para nosotros cotidianos, como cartuchos de Game Boy, latas de atún, anillos o harmónicas, cuyas descripciones a cargo de Olimar os provocarán una sonrisa.

Advertir desde ya que el juego puede saberos a poco si no estáis dispuestos al coleccionismo (incluye un diario de criaturas y tesoros que completar), pues lo que se prometía un compendio de rompecabezas tozudos no ha resultado tal. Avanzar a lo loco supone unas seis o siete horas de juego, siendo complejo toparse con la pantalla de fin de partida. Olimar cuenta con un indicador de vitalidad y otro de pelotón, aunque abundan las fuentes de salud y es imposible quedarnos sin Pikmin. Por mucho que nos duela su exterminio, siempre hay alguna ‘madriguera’ cerca: basta tocar el silbato para que nos sigan. El capitán dispone además de habilidades inéditas en la serie, como escalar lianas, bucear y remontar ciertas plataformas, mochila propulsora mediante. La mayoría de puzles aluden precisamente a precipicios o superficies intransitables con cierto grupo de Pikmin. La solución suele estar en lanzarlos a determinada altura con el stylus, o bien adelantarnos en busca de atajos.

Intuiréis ya que la premisa se ha desaprovechado, en el sentido de que faltan situaciones ingeniosas, que requieran el empleo coordinado de diferentes Pikmin. Tampoco los enemigos plantean rutinas específicas, fulminándolos la mayoría de veces con el lanzamiento indiscriminado del escuadrón. Aunque muy llamativos por su gigantesco diseño, los jefes finales suponen otro trámite (a la par que oportunidad perdida). Sí que agradecemos el retorno de los escenarios a doble pantalla, recurso empleado por muy pocos títulos para la Dual Screen. La observación por encima del panel táctil se antoja crucial para detectar secretos y adelantarnos a ciertas amenazas.

Hey! Pikmin entretiene pese a rascar la superficie de su (interesante) premisa

Más allá de las fases principales, Hey! Pikmin alarga su vida útil con niveles adicionales (se desbloquean encontrando metas secundarias), escondites y fuentes refulgentes. Los escondites son pequeños rompecabezas en sí mismos, que nos recompensan con ítems y píldoras para la producción de Pikmin. Por su parte, las fuentes son minijuegos de recolección donde conseguir grandes cantidades de lustronio. Visitarlas al menos una vez por día facilita alcanzar las 30.000 unidades, quizás en exceso, lo que resta gracia a la premisa del juego. En último término se dispone el Parque Pikmin, área de gestión a la que van a parar las criaturas que nos acompañen al finiquitar cada misión. La idea es visitar el parque entre fase y fase, donde se esfuerzan por encontrar lustronio bajo el agua, apagando zarzas, desenterrándolo… Mera anécdota que podría haberse transformado en segmento de vital importancia, desarrollándose incluso en el marco de un título independiente.

Las figuras interactivas, Amiibo, no faltan a la cita. Una vez más, facilitan demasiado las cosas al otorgarnos Pikmin extra en mitad de fase o emplearse como atajos para el desbloqueo de escondites. Al menos presentan una utilidad real.

eCkjzlzzhpgS5pCIc6KcZz-Zuk8hd2PjLo mejor que podemos decir en el plano audiovisual es que respeta las sensaciones de exploración recóndita transmitidas por las entregas para GameCube y Wii U. Las melodías alternan lo sosegado con instantes de tensión, cuando el corazón se te acelera por temor a escuchar el grito mortecino de algún Pikmin. Gráficamente hay poco trabajo de texturas, reiteradas pese al cambio de ambiente (jardín, pantano, ruinas…) y los escenarios evidencian su falta de resolución al ampliarse la imagen durante las breves secuencias. Como decíamos, los jefes son algo más resultones, pero 3DS ha demostrado mucho más en materia técnica, sobre todo cuando se ha prescindido del efecto estereoscópico en favor de la doble pantalla.

El esquema de control, por último, presenta una de cal y otra de arena. Jugaremos agarrando el stylus, mientras la otra mano se concentra en la cruceta. Los botones de acción desempeñan la misma función si somos zurdos, destinándose el silbato y la mochila propulsora a dos iconos en la esquina inferior derecha de la pantalla táctil. Son tan pequeños (y recurrentes) que os veréis adoptando posturas imposibles, lápiz táctil en ristre, lo que se habría solucionado asignando tales funciones a los gatillos L y ZL (R y ZR para los diestros). En cualquier caso, y aunque no siempre es posible, jugar con la consola apoyada en una mesa arroja comodidad.

Hey! Pikmin es un juego entretenido, que traslada las sensaciones de sobremesa al género de las plataformas bidimensionales. El problema radica en un diseño de niveles poco inspirado, que desaprovecha el baile de habilidades brindado por los Pikmin. Echamos en falta puzles más sesudos; idas y venidas obligatorias por el escenario, pero nos queda un paseo que apreciarán los incondicionales de la franquicia (que no de la estrategia). Tesoros, escondites y fases adicionales alargan la vida de un título que no termina de entrar por los ojos.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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