Detesto los juegos de sigilo. Siempre lo he hecho. Mi apasionamiento por Metal Gear Solid no supone contradicción alguna: hasta The Phantom Pain, lo del “simulador de espionaje definitivo” no fue más que un eslogan comercial. Podías atravesar los escenarios cual elefante en una cacharrería, en pos de la siguiente cinemática. Así completé las cuatro entregas principales, de hecho.

Los primeros Splinter Cell dieron toda una lección a Kojima en tal sentido, por lo que me mantuve alejado de la franquicia hasta Conviction. Fue este último uno de los capítulos más criticados, por sus instantes de acción desenfrenada a lo Jack Bauer.

Con Hitman Absolution me ocurrió algo parecido. La serie de IO Interactive siempre se ha caracterizado por sus altas cotas de exigencia. El Agente 47 nunca llegó demasiado lejos sin la suficiente premeditación: un paso en falso y estabas muerto. Absolution optó por niveles más bien lineales y una puesta en escena cuasi cinematográfica, acorde a un guión salpicado de giros argumentales. Aunque la discreción seguía estando presente como mecánica, los menos duchos pudimos alcanzar los títulos de crédito sin preocuparnos en exceso por la detección enemiga.

Los puristas no tardaron en alzarse y tuve claro que lo mío con 47 quedaría en affaire. Aún con todo me he acercado al nuevo HITMAN, atraído por el precio módico de su primer episodio. La campaña promocional le ha hecho un flaco favor a la producción, confundiendo a los usuarios respecto a su particular modelo de distribución. Lo que se pretendía un título completo se fragmentó en mitades de lanzamiento disperso y finalmente en capítulos.

El primero tiene lugar en París, precedido por dos misiones a modo de tutorial. Mi gran pregunta era si la variedad de localizaciones dinamitaría cualquier atisbo argumental. No lo ha hecho, aunque se antoja insustancial si tengo que juzgar por las secuencias intercaladas. El prólogo se remonta 20 años atrás, con 47 intentando convencer de su eficacia con encargos de attrezzo. En el primero nos infiltramos en el crucero de un magnate, dispuestos a darle muerte previo cambio de vestuario, escucha en la sombra y despiste del cuantioso personal de seguridad. El juego nos lleva de la mano en todo momento, hasta caer el objetivo fulminado y asegurarnos una ruta de escape.

El meollo del asunto viene luego, cuando se nos pide abordar la misión de forma diametralmente opuesta. Una lista de desafíos evidencia decenas de posibilidades: envenenar la copa del susodicho, colocar un explosivo en su despacho, ahogarlo en la taza del WC e incluso hacerle caer encima un bote salvavidas. Aunque los patrones de inteligencia artificial parezcan inmutables, basta la mínima interacción para trastocarlos. Los amantes de la improvisación obtienen así el patio de recreo soñado.

Lo mismo ocurre con la ‘prueba final’, ambientada en una base aérea. Se nos descubre aquí otro gran acierto del nuevo HITMAN: las oportunidades. A nuestro paso escucharemos diálogos cruciales; pistas para completar la misión de forma harto original. Tenemos entonces la opción de seguir los comandos sobreimpresionados o descartarlos para completar el encargo por nuestra cuenta. Los veteranos decidirán lo segundo, pero quienes andamos faltos de paciencia agradecemos estas rutas guiadas, en parte por el aprendizaje de mecánicas.

El Agente 47 retorna a sus bases, convenciendo incluso a quienes no conjugamos con el sigilo.

Por si no ha quedado claro, estamos ante un Hitman de corte clásico, donde los reflejos importan poco o nada. Ha conseguido ganarme pese a ello y es ahí donde le concedo todo el mérito. Lo confirmé con el primer nivel propiamente dicho, ambientado en un desfile de moda parisino. Debemos acabar con la pareja de organizadores, quienes aprovechan la coyuntura para orquestar una subasta clandestina.

El escenario es seis veces más grande que cualquier fase de Absolution y su mera exploración puede llevarnos horas. Por el camino prestamos atención a la cháchara de los invitados, nos cruzamos en plena retransmisión para recibir los ‘halagos’ de una reportera y recogemos ítems de utilidad más o menos incierta (cable para estrangulamientos, destornilladores, palancas, raticida…). Preparaos para un ensayo y error en toda regla: colarse por donde no se debe o acercarnos demasiado a un enemigo indumentado como nosotros suele derivar en muerte instantánea (con un poco de suerte podemos desarmar al rival fingiendo rendición). Por fortuna, el juego guarda partida tras cada movimiento clave. Algo así como los retrocesos de Life is Strange solo que tirando del menú de carga.

Hasta que no lo probéis, no sabréis la satisfacción que insufla pasearse como si nada por áreas que nos estaban vetadas, tras muchos minutos deambulando para ‘dar con la tecla’. Encontrarnos con la anfitriona a solas, haciéndonos pasar por el modelo estrella del desfile, resulta tan gratificaste como pisar la pasarela entre vítores. Al contrario que otros juegos de sigilo, HITMAN recompensa con creces la inversión.

Está por ver si las buenas sensaciones se ratifican con los cinco capítulos restantes (Italia, Marruecos, Tailandia, Estados Unidos y Japón), pues el listón ha quedado tan alto que no hay lugar para medias tintas. Mientras tanto nos quedan aperitivos como los modos Contratos (editor que crecerá según dicte la comunidad), Intensificación (retos de dificultad creciente en un mismo entorno) y Objetivo Escurridizo, donde tenemos cierto número de horas para cazar al objetivo. Dudo que vaya a dedicarles demasiado tiempo, pues al fin y al cabo sigo siendo un jugador de modalidad principal.

¿Merece la pena invertir 12,99 euros por este paquete de introducción? Sin duda, por diversión y duración considerables a poco que se rasque la superficie. Algo similar ocurre con el apartado técnico, que huye del fototorrealismo en favor de diseños minimalistas… pero no por ello menos sobrecogedores. Una pena que la versión para PC no se haya optimizado como debería, siendo desaconsejable ejecutar el código en ultra con mi configuración (Core i7 4790K a 4.00GHz, GeForce GTX 970 con 4GB de memoria de vídeo y 16GB de RAM). También hubiésemos agradecido el doblaje al castellano, pues los subtítulos no abarcan la ingente cantidad de diálogos secundarios, pasando por alto conversaciones claves para nuestro propósito.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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