Homefront es una saga gafada desde sus inicios. El primer título del juego, pese a una propuesta jugable diferente sobre el guión, no pasó de ser un shooter pasillero más, algo por lo que ya recibió críticas más bien tibias. A su secuela, este The Revolution del que hoy hablamos, le ha lastrado un desarrollo que ha sido más que turbulento debido al “cambio de manos” que ha sufrido la franquicia tras la desaparición de THQ, su paso por Crytek y su destino final en los debutantes británicos Dambuster Studios (de la mano de Deep Silver, eso sí).

Sea como fuere, sería irresponsable analizar este Homefront The Revolution centrándonos únicamente en su faceta de videojuego shooter: hablar de esta saga es hablar de la persona de John Milius, responsable del guión del primer Homefront, y aquí sí que hay mucha tela que cortar. Antes de hablar de los apartados técnicos y jugables de lo último de Deep Silver, debemos repasar la figura de este director, guionista y escritor norteamericano. Milius es un amante declarado de las armas y los militares de su país (intentó ingresar sin suerte en los Marines de EE.UU, donde fue rechazado por su asma crónica) y ferviente seguidor, cómo no, del Partido Republicano. ¿Por qué estos datos son importantes? Básicamente porque nos dan el perfil político-social del escritor tras la historia de Homefront: hombre muy de derechas, anticomunista, ultranacionalista y con fijación por lo militar. Para qué queremos más…

Hablar de Homefront es hablar del director de cine John Milius, autor del guión del primer juego: muy de derechas, anticomunista, ultranacionalista y con fijación por lo militar

A aquellos que ya peinamos alguna que otra cana el nombre de John Milius nos suena por ser el director de películas como Conan El Bárbaro (película no exenta de un mensaje muy representativo de los valores de Milius) o Amanecer Rojo, película que inspira frontalmente la saga Homefront. En esta cinta de 1984, donde curiosamente pudimos ver a una joven camada de actores bastante prolíficos en Hollywood como el desaparecido Patrick Swayze o el inefable Charlie Sheen, la Unión Soviética invadía los Estados Unidos y una joven y ferviente resistencia se levantaba ante el comunista opresor. ¿Os suena la historia? Pues eso. De hecho, esta cinta recibió un paupérrimo remake en 2012, protagonizado por el Thoropoderoso (¡chistaco!) Chris Hemsworth, donde los rusos cedían su protagonismo a… ¿adivináis quien? ¡Efectivamente! Los norcoreanos.

Pero, ideales políticos aparte, es cuando menos interesante una propuesta donde los EE.UU no hacen de “Sheriff del Mundo” y pasan a ser las víctimas oprimidas en vez de los “héroes” de la historia. Esta premisa permite ofrecer ciertas propuestas jugables, que luego analizaremos más en detalle, que bien engarzadas nos pueden ofrecer una experiencia diferente y hasta fresca dentro de un género tan manido como el de los shooters. Este Homefront The Revolution, ya sin la mano de Milius detrás (pero sí con su influencia) nos narra prácticamente los mismos acontecimientos que el primer Homefront, pero con matices tremendamente interesantes que no debemos obviar: el mensaje ultranacionalista del título se rebaja incluyendo críticas veladas al consumismo capitalista (la comparación de la ficticia compañía tecnológica norcoreana Apex con Apple es inevitable) y a la actual crisis económica mundial.

De esta manera, lo que en el primer Homefront se representaba como un ataque estratégico a gran escala de una todopoderosa Corea del Norte (anexada a Corea del Sur e invasora de China, Japón, etc.), en The Revolution deja paso a una Corea del Norte igual de poderosa en lo militar pero mucho más inteligente en lo económico. De esta manera, la tecnología que vende a nivel mundial Apex (su compañía más importante) le otorga el monopolio sobre casi todas las infraestructuras tecnológicas y militares del planeta, y su fuerza económica le sitúa en un privilegiado puesto de cabeza frente al resto de potencias mundiales. Especialmente en lo que a EEUU se refiere, donde la deuda económica con Corea del Norte ahoga todos los estratos sociales de América hasta la inevitable invasión de las tropas norcos (nombre despectivo usado en el juego para referirse al ejército invasor).

Pero las críticas al “estilo de vida americano”, o incluso al uso de la fuerza por parte de EE UU siempre que le place, no se detienen aquí. Durante el juego, ahora transformado en una suerte de sandboxnos encontraremos con personajes secundarios de la historia que mostrarán su rechazo frontal contra la violencia que desatamos en Filadelfia, urbe elegida para protagonizar la acción del título. Elección que, por cierto, no es para nada aleatoria ya que hablamos de la cuna de EEUU y símbolo de su independencia: allí se firmó la declaración de Independencia y allí existen monumentos como el Independence Hall o la Campana de la Libertad, símbolos patrios de los EEUU.
Pero, volviendo a la historia tal y como antes comentaba, en este Homefront encontramos voces discordantes, como decíamos en la forma de personajes secundarios del juego pero incluso también en algunas de sus fases jugables en forma de NPCs que nos cruzamos por las calles.

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