No son buenos tiempos para los análisis al uso. Por mucho que nuestras críticas pretendan huir de formalismos, siempre habrá alguien que las ponga en duda. Ahí tenéis a Destiny, apaleado por la crítica sin que al usuario parezca importarle. Se comenta que sus 500 millones de dólares recaudados en menos de 24 horas no serían tales si las primeras reviews se hubiesen publicado días antes del lanzamiento. Algo nos dice que habría importado poco a un usuario cada vez menos interesado en contrastar opiniones. Influenciado por la maquinaria del marketing, pensarán otros.

¿Tiene semejante introducción algo que ver con Hyrule Warriors? Lo tiene, pues se presenta uno de esos juegos en los que el deleite es subjetivo y por ende pocos se atreverán a recomendarlo sin peros. Lo que sí puede afirmarse desde ya es que la colaboración entre Nintendo y Koei Tecmo no desmerece en absoluto a las franquicias implicadas.

Dynasty Warriors y The Legend of Zelda protagonizan uno de los mashups más comentados de la última década. Un halo de escepticismo ha cubierto el desarrollo desde su anuncio, máxime cuando muchos esperaban el próximo capítulo (al uso) de la interminable Leyenda. Los neófitos del género musou deben saber bien donde se meten antes de abordar la empresa: repartir mamporros es tan sólo una parte de la ecuación. Convertidos en generales, comandamos a un ejército a lo largo y ancho de un extenso mapeado. Dividido éste en bastiones, nuestro objetivo es conquistarlos para aumentar la moral de nuestras tropas y finalmente derrotar al jefe de turno.

Hyrule Warriors prescinde de la ambientación feudal en favor del fantasioso universo habitado por Link, Zelda y compañía. Una vez más haremos frente a la amenaza de Ganondorf, quien pretende la Trifuerza para hacer de Hyrule un reino de terror. Y sí, aquí también abrimos cofres con parsimonia mientras una fanfarria nos invita a elevar su contenido, pero no esperéis mazmorras por las que avanzar a costa de quebrarnos la cabeza. Los puzzles se sustituyen por combinaciones de botones con las que infligir daño a hordas interminables de enemigos. Una vez fulminado el comandante de cada sección, habremos ganado terreno a las fuerzas del mal y estaremos un paso más cerca de salir victoriosos. Sin embargo, será común recibir encargos en plena refriega, generalmente atravesar el escenario a toda velocidad para defender una ubicación o evitar que cierto enemigo escape. Si optáis por machacar botones sin ton ni son, ajenos a cualquier táctica, estaréis condenados al fracaso más allá de los primeros niveles. Es importante observar de cuando en cuando el mapa y enumerar prioridades.

El modo Leyenda dispone un total de 18 fases intercaladas por cinemáticas mudas y narraciones en off. La trama es digna de las entregas clásicas, con lo cual no sorprende en exceso, pero hará esbozar más de una sonrisa a los seguidores del héroe de verde. Nosotros tardamos unas 12 horas en alcanzar los títulos de crédito, pero existen varios niveles de dificultad, tareas opcionales como la caza de Skulltulas doradas y numerosos personajes por desbloquear. Link, Zelda, Impa, Sheik o el propio Ganondorf están presentes, aunque también secundarios de lujo como Midna o recién llegados como la bruja Lana. Cada cual tiene un estilo de combate diferenciado, por lo que las diferencias a los mandos son palpables. Igualmente hemos de mejorar sus habilidades en base a las rupias y materiales que recolectamos durante las batallas. Nos aguardan así tres árboles de habilidades por guerrero: insignias ofensivas, defensivas y de apoyo.

Crear elixires o combinar armas son otros menesteres imprescindibles, ejemplos de la profundidad que encierra la fórmula. El quid de la cuestión radica precisamente en que el jugador sepa verlo, lo cual dudamos por el desconocimiento de Dynasty Warriors a este lado del charco. Jugar a tontas y a locas, como quien dice, hará que nos cansemos de Hyrule Warriors a los pocos niveles. Para ser sinceros, aún los incondicionales del género saben que ha de beberse a pequeños sorbos, pues la monotonía acecha a la mínima de cambio. Nos ha ocurrido de cara a los últimos niveles.

Lo bueno de la propuesta es que, si os convence, os aguardan muchas horas de juego fuera del modo principal. “Libre” permite revisitar cualquier escenario (extraídos de Ocarina of Time, Twilight Princess o Skyward Sword) con cualesquiera de los personajes desbloqueados. También en modo cooperativo, donde un jugador seguirá la acción desde el televisor y el otro desde el GamePad. Una lástima en cualquier caso que dicha cooperación no se haya extrapolado al terreno online.

El modo Aventura supone a su vez un homenaje al clásico de 8 bits, donde hemos de conquistar una cuadrícula completando misiones condicionadas. Si activamos las funciones de red toparemos además con Links virtuales, fantasmas de otros jugadores a los que salvaguardar con interesantes recompensas.

Para cuando os hagáis con el juego ya estará disponible, finalmente, el primer contenido descargable gratuito. Su principal adición es el modo Desafío, una suerte de ‘modo horda’ ambientado en el escenario inédito “Gran batalla de Farone”. Aún con todo, os quedará una extensa galería de personajes, melodías, ilustraciones y medallas que desbloquear.

¿Y qué tal se comporta Hyrule Warriors en términos visuales? La estética es puramente Zelda, desde las briznas de hierba a los enemigos pasando por los simpáticos cuccos. El estilo gráfico recuerda ciertamente al de Twilight Princess, aunque vitaminado por la alta definición. Es un juego agradable a la vista, con solventes modelados de personaje y animaciones fluidas aún cuando centenares de enemigos pueblan la pantalla. Cierto que apreciamos caídas muy puntuales en la tasa de frames (pronunciadas durante el juego cooperativo) y que algunas texturas dejan que desear, pero en conjunto Hyrule Warriors supone un paso adelante para la dinastía de Koei Tecmo.

Poco que reprochar a la banda sonora, que bebe de temas magistrales. El único pero reside en la duración de las misiones (unos 40 minutos de media), lo que termina cansándonos de escuchar una y otra vez los mismos acordes. También echamos en falta diálogos hablados, aunque la tradición manda y hemos de conformarnos con gemidos.

En conclusión

Hyrule Warriors es uno de esos juegos que amas u odias con todas tus fuerzas. Quienes prescindan de su componente estratégico se arrepentirán de su compra a las pocas horas, aún cuando sean admiradores confesos de Link. Entre éstos disfrutarán sobremanera quienes se habitúen a las peculiaridades del género. Al fin y al cabo es un juego llamativo, repleto de referencias a la franquicia de Nintendo y con muchas horas por delante.

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Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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