Kirby’s Blowout Blast es el segundo lanzamiento en tanto al vigésimo quinto aniversario del personaje. El pasado abril recibimos el free-to-play Team Kirby Clash Deluxe, a final de año una entrega multijugador para Nintendo 3DS y ya en 2018, la primera incursión del glotón rosa en Nintendo Switch.

Como Clash Deluxe, Blowout Blast surge a raíz de los minijuegos incluidos en Kirby Planet Robobot, uno de los mejores plataformas para la portátil estereoscópica. Aquí no se ha suprimido la barrera del precio, cuantificándose en 6,99 euros los 25 niveles incluidos. ¿Merece la pena el desembolso? La respuesta depende de lo incondicionales que seáis de la franquicia, que debutó en Game Boy con Kirby’s Dream Land. A sus escenarios, melodías y enemigos rinde tributo HAL Laboratory, por lo que la nostalgia consigue salvar una mecánica desaprovechada.

En vez de avanzar adquiriendo habilidades, toca engullir cuanto se precie para eliminar a los adversarios. No de cualquier modo: procuraremos liquidar al mayor número simultáneo para obtener combos de puntuación. Los escenarios tridimensionales permiten apuntar en cualquier dirección, así que mejor orientar el tiro con detenimiento antes de soltar el botón. La idea tiene su gracia, pero no tardamos en constatar el pobre diseño de niveles.

Blowout Blast amplía la base de los "Desafíos 3D de Kirby", incluidos en Planet Robobot.

Blowout Blast amplía la base de los “Desafíos 3D de Kirby”, incluidos en Planet Robobot.

Blast no es un plataformas al uso, pues pocas veces demostraréis vuestra pericia al salvar abismos; se trata más bien de un título de acción al que le hubiese sentado de maravilla cierto componente estratégico. Dicho de otro modo, convertir cada oleada enemiga en una suerte de rompecabezas, que nos obligue a disparar con lógica para salir airosos. Esto ocurre pocas veces, de forma que completamos los cinco mundos del juego (cinco fases por cada) en un avance constante y despreocupado.

No tardaréis más de sesenta minutos en alcanzar los títulos de crédito, aunque cada mundo encierra cuatro fases adicionales, accesibles tras conseguir el oro en sus predecesoras. Ahí el verdadero reto, pues debemos culminar el nivel sin haber recibido daño, por debajo de cierto tiempo, habiendo derrotado a todos los enemigos y en posesión de todas las monedas (algunas bastante escurridizas, cuando se saca partido a la premisa del apuntar con cabeza). Por esto decíamos que sólo los fans acérrimos rentabilizarán la inversión, motivados por hacerse con todas las medallas.

Una mecánica desaprovechada, aunque envuelta en nostalgia

Tampoco es de recibo la compatibilidad testimonial con Amiibo, que desbloquean estatuas decorativas en el escenario de selección de nivel. Así, podemos usar cualquiera de las figuras relativas a la serie: Kirby, DeDeDe, Waddle Dee y Meta Knight. Hubiese sido buena idea el asociarlas a habilidades tales como ralentizar enemigos o atraer ítems, pero nos quedamos con las ganas.

Respecto al apartado audiovisual, lo único reprochable es la falta de variedad, pues salvando la tonalidad y enemigos de cada ambientación, todo son rutas escalonadas. El efecto 3D les sienta como un guante, aunque no impacta en el transcurso de la partida y trae consigo ralentizaciones, imperceptibles en títulos más exigentes como el propio Robobot o Triple Deluxe.

Un placer reencontrarse con los jefes de Dream Land (sólo DeDeDe encierra algo de dificultad), pero siendo cinco no se entienden las repeticiones. Suerte que melodías y efectos anestesian nuestra vena crítica devolviéndonos a los noventa, cuando algunos tuvimos nuestras primeras experiencias a los mandos.

Kirby’s Blowout Blast desaprovecha su interesante premisa, aunque por menos de siete euros agradará a los seguidores del icono rosado. Apreciarán los guiños al original de Game Boy e intentarán hacerse con todas las medallas, lo que eleva su vida útil a tres o cuatro horas. Un aperitivo hasta las nuevas entregas (propiamente dichas) para Nintendo 3DS y Switch.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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