2017 está siendo uno de los mejores años que la industria recuerde. The Legend of Zelda: Breath of the Wild, Horizon: Zero Dawn, Yakuza 0, Nier: Automata o Persona 5 suponen referencias sublimes en términos cualitativos, a las que pronto se sumarán unos prometedores Metroid: Samus Returns, Assassin’s Creed Origins o Super Mario Odyssey. Precisamente, son los amantes de este último género los que más tienen que agradecer.

Las plataformas llevaban más de una década en declive, siendo Nintendo la única comprometida con los saltos al milímetro. Llegaron entonces Yooka-Laylee (sucesor espiritual de Banjo-Kazooie), Sonic Mania o Crash Bandicoot N’Sane Trilogy, probando que la nostalgia está de moda. Las inmejorables ventas del marsupial auguran, de hecho, un futuro brillante para aquellas propiedades intelectuales venidas a menos.

La recta final de año depara títulos como Cuphead, A Hat in Time, Monster Boy and the Cursed Kingdom, Bubsy: The Woolies Strike Back o esta secuela de Knack. Descubriremos mañana si el intento de Marc Cerny por dotar de mascota a PlayStation 4 llega a buen puerto. Y es que el original, lanzando junto a la consola allá por 2013, fue recibido de forma dispar entre crítica y usuarios.

11C_coop_feelBig_02_1503498994 2C_BG_main_1503498992 8B_coop_puzzle_02_1503498993Surgido cual demo técnica, el primer Knack resultó un plataformas con peleas a cascoporro y algún que otro puzle. Su colorida estética, salpicada de secuencias al más puro estilo del cine de animación, atrajo a un público juvenil desacostumbrado a los retos. Campó la decepción por los picos de dificultad y la lejanía entre puntos de control, mientras la prensa especializada regañaba un diseño de niveles demasiado lineal. Sin embargo, la fórmula emanaba personalidad, radicándose una continuación en las súplicas de unos pocos.

Con Knack 2, Japan Studio demuestra haber escuchado atentamente a los jugadores. Se enmiendan muchos de los fallos presentes en el original, comenzando por la propia dificultad. No en vano, Sony presenta ésta como una aventura para toda la familia, que cualquiera podrá transitar hasta los títulos créditos. No sólo se disponen varios modos de dificultad, sino que padres e hijos pueden jugar en cooperativo local, cuando el juego saca lo mejor de sí.

La trama arranca cual ficción televisiva, con un flashforward a modo de prólogo y clímax simultáneos. Lucas ha cometido un terrible error y el futuro de la humanidad depende una vez más de nuestro coloso favorito. La tradicional enemistad en humanos y goblins articula un guión menos sorprendente, aunque no falto de cliffhangers y sentido del humor. Sirve en cualquier caso para ampliar el universo de la franquicia, profundizar en las motivaciones de sus personajes y dibujar infinitas posibilidades de futuro. La narración discurre mediante secuencias cinemáticas de factura impecable, sitas entre niveles cual recompensa por nuestro avance. Además, se extienden tantos minutos como guiños atesoran, dejando a las claras que el juego se ha escrito pensando en los incondicionales del golem.

Sí echamos en falta una mínima justificación a la presencia del segundo jugador, representado con un Knack de color azul. Porque todo en esta entrega se ha pensado con la funcionalidad cooperativa en mente. Determinados ataques sólo pueden ejecutarse en compañía y buena parte de los puzles están pensados del mismo modo. Quiere decir esto que resolverlos en solitario resulta menos divertido, cuando no farragoso. A este respecto, el número de rompecabezas ha incrementado sustancialmente, aunque la mayoría obedecen al clásico ‘arrastra ese bloque para alcanzar el nivel superior’. Los más brillantes obedecen a las armaduras de Knack, que se sirve de fragmentos de cristal, piedra, metal o hierro para interactuar con el escenario. Así, podemos congelar palancas para frenar mecanismos mortíferos; dejar un rastro metálico para conducir la electricidad entre dos interruptores o plantar un golem de piedra inerte sobre aquellos resortes que requieren de un segundo jugador. Sea como fuere, se ha implementado un sistema de pistas tan exhaustivo que roza lo indignante, así que es imposible quedarse atascado.

En el ámbito de las plataformas propiamente dichas, seguimos sin encontrar secciones demasiado inspiradas, que pongan a prueba nuestros reflejos. Dichos momentos responden a Quick Time Events, durante cinemáticas tan espectaculares que funcionarían en el marco de la última Misión: Imposible. Se juega y mucho con las metamorfosis de Knack, que se han simplificado encomendándolas a un gatillo: pasamos de enano a titán en menos de lo que canta un gallo, lo que facilita entrar en conductos o ascender por salientes minúsculos sin preocuparnos de la cantidad de reliquias por los alrededores (las recuperamos volviendo a pulsar R1). A su vez, esto invita a desviarnos de la trayectoria para explorar tal o cual ventanuco, en busca de los artefactos escondidos por los escenarios. Algunos tremendamente útiles, como el que nos salva de una caída con reapariciones instantáneas o el que convierte el exceso de cristales solares en puntos de experiencia. Estos últimos ejercen ahora de escudo; la ira de Knack se desata con piedras especiales dispuestas antes de los combates más tozudos.

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De minúsculo a gigante con un botón; Knack 2 perfila muchas de las aristas de su predecesor.

Y ya que hablamos de repartir estopa, supone el grueso del gameplay, aunque con un sistema de combate mucho más profundo. Disponemos de una veintena de movimientos, con patadas voladoras, saltos en plancha o bloqueos perfectos que imposibilitan aquello de machacar botones sin ton ni son. Aunque Knack 2 es un juego fácil de completar, obliga a interiorizar el listado de habilidades, de forma que ciertos enemigos tan sólo se exponen previo puñetazo cargado (por poner sólo un ejemplo). Los mentados puntos de experiencia también son determinantes, dado un árbol de mejoras al que conviene echar cuentas de cara al tramo final de la aventura. Eso sí, la propia trama evita cuellos de botella al concedernos los movimientos especiales más socorridos.

En el plano técnico las mejoras son más que evidentes. Siempre dentro de lo caricaturesco, encontramos modelados más adultos y expresivos. Disfrutar de las secuencias a resolución 4K reescalada y con efecto HDR se asemeja a las últimas producciones animadas, aunque el gameplay pierde en comparación. Cada uno de los quince capítulos presenta una ambientación diferenciada, pero la repetición de texturas nos deja una sensación de déjà vu al recorrer mazmorras,  yermos y fortalezas. Tampoco ayuda enfrentar una y otra vez a los mismos enemigos, por lo que controlar tanques o robots gigantes supone todo un soplo de aire fresco. Otro aspecto problemático son los ángulos de cámara, que no siempre resultan convenientes: algunos saltos cuestan más de lo debido y la perspectiva se aleja en exceso al escalar con el Knack en miniatura.

Donde no pueden ponerse pegas es en el aspecto sonoro, a nuestro entender el más cuidado de la producción. La banda sonora de tintes épicos acompaña perfectamente los combates y enfatiza el dramatismo cuando se necesita. Por su parte, el doblaje al castellano es soberbio y no tardaréis en empatizar con Lucas, Knack y compañía.

Cerny ha escuchado a los usuarios, corrigiendo los sinsabores del original hasta convertir Knack 2 en una secuela harto superior. El sistema de combate y los rompecabezas en cooperativo funcionan a las mil maravillas, por lo que aguarda una aventura la mar de entretenida. Y esta vez para toda la familia, gracias a los reintentos ilimitados y las ayudas a tutiplén.

Lástima del último tercio, cuando un diseño de niveles más bien discreto y la reiteración de adversarios prolongan el software más de lo deseado. Tardaréis unas diez horas en completar la historia, pero extras como las fases contrarreloj, una suerte de coliseo, las misiones secundarias y los tesoros escondidos invitan a no dejar el mando.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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