En plena efervescencia de ambientaciones medievales y demoníacas, Mass Effect me proporcionó justo lo que buscaba: un culebrón espacial rebosante de diatribas morales. Dentro del action RPG, la trilogía de BioWare se convirtió en mi favorito indiscutible, por mucho que su conclusión nos dejase con las patas colgando. Cual LOST, en Mass Effect importaban más los personaje que el destino último de la galaxia. El nivel de empatía alcanzado supone, de hecho, el mayor handicap de esta cuarta entrega. ¿Cómo recibiremos los jugadores a la nueva tripulación, ya sin Shepard de por medio?

Otro mérito de la franquicia fue la exploración; la sensación de descubrimiento que sustentó la engañifa de No Man’s Sky. Perderse por el cosmos y descubrir nuevos planetas compensaba los sinsabores de pasearse a bordo del Mako, con la nada más absoluta en el horizonte. Como un servidor, muchos deseaban retomar los escarceos galácticos, hasta el punto de confiar en Andromeda pese a un desarrollo tortuoso. El sobresaliente Dragon Age: Inquisition (también bajo el seno de Frostbite) invitaba al optimismo.

Decenas de horas después, alcanzados los títulos de crédito y acondicionada buena parte de la galaxia, doy la razón a la mayoría de voces. Mass Effect: Andromeda mantiene intacta la esencia de la serie, aunque su ejecución es mejorable. Ya sabréis de qué va esto: la humanidad se embarca en la Iniciativa Andromeda para establecerse lejos de la Vía Láctea. Naves a modo de arcas parten así en una viaje de 600 años, con la mayoría de su tripulación criogenizada. Es entonces cuando despertamos como uno de los hermanos Ryder, quien acaba convirtiéndose en Pionero de la misión.

secretos-de-mass-effect-andromeda-1488973716 MEA_March-24 mass-effect-andromeda-nuevas-imagenes_3Ya desde el protagonista, Andromeda rompe con los cánones. Mientras que Shepard era un contenedor que moldeábamos tomando decisiones, tanto Scott como Sarah nos llegan repletos de contexto. No por nada, desbloquear los recuerdos de su progenitor se antoja una de las principales tareas. Narrativamente se agradece el vínculo entre ambos, de forma que el personaje no elegido desempeñe cierto papel en los instantes finales de la campaña; por otro, apena no trastocar sus motivaciones. La característica rueda de diálogos sirve entonces para definir el carácter, alejándose lo más posible de extremismos. ¿El resultado? Ninguna de las opciones impacta significativamente en el desarrollo de Ryder, que se mueve en una escala de grises. Acaba siendo o un poco obstinado u otro tanto despreocupado, pero nunca el líder férreo en que llegaba a convertirse Shepard. Esta evolución parca se traslada a los secundarios, que a menudo parecen desconectados de la misión en curso y a los que nuestras acciones influyen poco o nada salvo por la cinemática de turno.

La trama en sí dista también de variar y se presenta repleta de clichés: ya no sólo la búsqueda de un nuevo hogar entre las estrellas; también el envite de una raza alienígena en base a la tecnología de otra ya extinta. Recuerda horrores al universo Halo, como a tantas producciones anteriores y posteriores a la de Bungie. Poco importa lo que hagamos: el malo malísimo nos aguarda a punto de culminar su plan meastro y más nos vale liquidarlo. Por fortuna, el sistema de combate abandona las coberturas en favor del movimiento constante. Más que nada porque el pionero se parapeta a la mínima de cambio, lo que os pondrá en aprietos. Mucho mejor tirar de jetpack y masacrar a los adversarios en salto, ralentizándose la acción al estilo del reciente Horizon: Zero Dawn. Las refriegas son sin duda de lo mejor que encierra el título, tan entretenidas que pronto obviamos la falta de variedad en el planteamiento de las misiones. Como todo juego de mundo abierto, las hay satisfactorias y faltas de inspiración, especialmente las secundarias. Quienes esperasen encargos épicos pueden irse olvidando, que De Rivia y su cacería salvaje no han sentado precedente.

Sí que están de enhorabuena los amantes del checklist. La galaxia Andromeda os garantiza decenas y decenas de horas a los mandos, visitando planetas muy diversos entre sí, donde la exploración suele supeditarse a la climatología. En cada emplazamiento debemos activar áreas de despliegue, dominar asentamientos o activar torres Relictas (algo así como dispositivos de terraformación) para incrementar el indicador de habitabilidad. A tal fin, BioWare recurre a rompecabezas similares al Sudoku, si es que alguno sucumbió a tal fiebre. Por supuesto, el acopio de recursos sigue presente. Juegan un papel clave en la investigación, desarrollo y mejora de armas, mucho más determinantes para la victoria que el sistema de perfiles articulado. De hecho, algunos fusiles parecen descompensados, hasta el punto de haberlos utilizado durante toda la aventura. Tampoco es que el inventario motive a invertir minutos estudiando equipo y habilidades. No resulta intuitivo por desplegar gran cantidad de información simultánea y, a la postre, uno termina confiando en el nivelado automático de personajes. Dicho de otra forma: aunque profundo, el componente RPG de Andromeda puede olvidarse de principio a fin.

Andromeda preserva la atmósfera de descubrimiento que encumbró a la trilogía original.

Ya dentro de la Tempest, sucesora de la Normandy, mejoramos divisiones de la Iniciativa, culminamos tramas románticas y asignamos escuadrones a las misiones de asalto (APEX). Podemos dejar que transcurran ‘de fondo’ o participar activamente, en el marco del aspecto multijugador. Consisten en hordas que fulminar acompañados por otros tres jugadores, hasta el momento de la extracción. Curiosamente, aquí las tipologías de personaje y su equipamiento sí que cobran sentido, insuflándose estrategia a las refriegas.

Por zanjar con el grueso de la jugabilidad y antes de entrar en la cacareada materia técnica, Andromeda nos deja una campaña aceptable pero por debajo de las originales. Como dejaba entrever al comienzo, tiene la culpa una tripulación menos apasionada, que no consigue hacerte partícipe de sus historias. Tampoco ayudan la reiteración de complejos Relictos y la falta de disyuntivas que te hagan pasar minutos con las opciones de diálogo en pantalla. Al principio la cosa promete, con el destino del primer ‘asesino’ de Andromeda en nuestras manos, pero pocos instantes más despiertan interés.

Os preguntaréis si se ha exagerado con el acabado del juego. Mayormente. Amén del retardo en la carga de texturas, el mayor problema viene dado al supeditarse las animacionales faciales humanas a las del resto de especies. Así, mientras que un rostro Krogan o Asari convence por derecho propio, en el protagonista todo lo contrario. Encontramos pupilas que ‘bailan’ a distinto ritmo, extraños de mandíbula y tantos otros ejemplos que habéis podido ver. Defectos inexplicables en un desarrollo tan postergado como este.

Andromeda preserva la atmósfera de descubrimiento de los originales, pero fracasa en su intento porque empaticemos con la tripulación

Cuestión distinta son los entornos, si bien los juzgo a resolución 4K y con una GTX 1080 ti recién instalada. Estructuras, personajes y vegetación gozan de texturas despampanantes, al compás de un sistema de iluminación y climatológico vanguardista. No obstante, el juego presenta algún problema de rendimiento, con caídas en torno a los 25 frames por segundo en ciertas secciones de la Tempest (más inexplicables) y espacios abiertos. BioWare ha hecho un buen trabajo con Frostbite, pero es fácil encontrar defectos   que deberían corregir las actualizaciones prometidas.

Ni un reproche al doblaje (en inglés), aunque pobres de quienes repudien la lectura de subtítulos. Os esperan muchas líneas de diálogo y la cantidad de relleno está fuera de toda duda. Como yo, tal vez sucumbáis al botón equis. Sea como fuere, Andromeda sabe meternos en ambientación con sus efectos y banda sonora, pese a las dudas que suscitó el fichaje de John Paesano (The Maze Runner, Daredevil). Puede que falte ese gran tema que nos erice la piel, pero uno se siente como en casa nada más vislumbrar el menú de inicio. Tan sólo si las secuencias de viaje resultasen más breves (o directamente desactivables), la sensación de explorador intergaláctico rozaría máximos.

Los combates de Mass Effect Andromeda divierten y su universo encierra tareas como para invertir meses, pero se nota la incertidumbre de su desarrollo. Hay demasiado por pulir en un proyecto que acumula casi un lustro de trabajo; empezando por las animaciones faciales, cuyo hieratismo se traslada al carácter de nuestra tripulación. Sus historias no atrapan, por lo que no se da la empatía que encumbró a los originales. Tampoco he notado que mis decisiones modificasen el transcurso de la aventura, siendo Ryder un protagonista ya perfilado.

No es que Andromeda sea un mal producto, es que se enmarca en una de las franquicias mejor valoradas, donde no hay cabida para el mero entretenimiento.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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