El caso de Faith y su regreso ocho años después es, desde luego, sangrante. El juego tiene mimbres para poder llegar a ser un gran título, y originalidad no le falta para ello; sin embargo vuelve a caer en prácticamente los mismos errores del principio, salvo que agravados por su supuesto carácter sandbox. Un término que EA DICE ha tomado libremente para hacer más grande un juego que lastra demasiados problemas como para poder mostrarse benevolente. Aun así, presenta pinceladas de obra grande que tampoco debemos dejar de mencionar. Pero vayamos por partes.

Este Catalyst que tanto se ha hecho de rogar es, sin duda, un juego de culto; no por una excelencia jugable y/o técnica que lo eleven a tal grado, sino mas bien por tener un público fiel que lo ha esperado pacientemente durante años. El juego disfruta de su propio nicho de jugadores: si disfrutaste el primero, no dejarás pasar la oportunidad de jugar a esta suerte de reboot; si en su día no lo hiciste y te acercas a la saga por primera vez, es probable que salgas escaldado: Mirror´s Edge Catalyst es un título pensado por y para sus fans.

Mirror’s Edge Catalyst vuelve a caer en prácticamente los mismos errores del principio, salvo que agravados por su supuesto carácter sandbox

Para ponernos en contexto, Catalyst es una especie de secuela / reboot del juego que viera la luz haya por 2008. En él, se cuenta la historia de Faith, una “runner”, que vive en un futuro distópico donde una facción fascista llamada el Conglomerado domina a la población. Faith no dudará en usar sus peculiares “habilidades” para, bien sea en forma de correo, bien sea robando o incluso peleando cuerpo a cuerpo, derrotar al Conglomerado y devolver la libertad a la mentalmente sitiada ciudad de Glass. Todo ello en un título de parkour en primera persona único en su especie.

En este sentido, llama la atención la soterrada crítica hacia el consumismo capitalista que hace el juego, principal arma del Conglomerado para mantener “cautiva” a toda la población. De hecho, unas de las misiones secundarias (recordad que ahora Mirror´s Edge tiene carácter sandbox) que podremos realizar es piratear vallas publicitarias para que, en vez de anuncios que inciten al consumismo, aparezcan mensajes subversivos contra el régimen opresor y, básicamente, nuestro “logo” para que lo vean otros amigos que jueguen al juego. Es cuando menos curioso comprobar cómo producciones que, en principio tampoco tienen un carácter más allá del puramente comercial, empiezan a incluir “mensaje social” en sus historias (de una forma muy liviana y pasando casi de tapadillo, eso sí). Lo vimos en Homefront de The Revolution, y se repite aquí en Catalyst.

Estéticamente el juego mantiene el mismo carácter que ya mostrase años atrás, con una urbe casi monocromática, donde resaltan mucho colores planos como el blanco, líneas rectas, grandes rascacielos y, en definitiva, una ambientación futurista tremendamente minimalista. Es de suponer que, en este sentido, se le ha querido dar continuidad a la estética del juego para honrar y ser fieles al espíritu del primero, lo cual me exaspera aún más ya que el motor gráfico Frostbite que mueve el juego parece sufrir, al menos en lo que a las versiones de consola se refiere. La baja resolución en las mismas (720p en Xbox One, versión jugada para la ocasión), el problema de cargas de texturas (que manda narices en un juego tan tremendamente minimalista) e incluso algunos fallos graves con la GPU del sistema que dejaban al juego sin carga de texturas y una paleta de colores de 256 al viejo estilo de los monitores VGA, son errores que, hoy por hoy, no podemos pasar por alto. Menoss aún cuando existen diferencias demasiado notables entre títulos de la misma compañía y bajo el mismo motor gráfico (véase Battlefront). Esto explica por qué en PC, los requisitos recomendados nos piden una GTX970 o similar y 16GB de RAM…

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