Si me hubieran dicho la cantidad de cambios, referencias y matices que tiene un título de conducción arcade como es el nuevo Need for Speed, jamas lo hubiese creído. Su beta me dejó bastante frio y no voy a esconder cierta animadversión hacia Ghost Games, estudio que me decepcionó sobremanera con The Run. Sin embargo, he de admitir que el reboot de Need for Speed es un título interesante, no exento de fallos, pero que agradará a las alquitranadas huestes de la franquicia.

EA ha basado su campaña de marketing en los cinco estilos de conducción que propone el título, cada uno representado por un ídolo del mundo del tuneado, los deportes extremos o el underground en general. De esta manera, Morohoshi-san encarna al forajido; Ken Block el estilo, Nakai-san el tuning, Magnus Walker la velocidad y Risky Devil al equipo.

No, no tendremos que elegir una única forma de conducir, sino que cada carrera otorga puntos para cada estilo. Obviamente, los estilos de cada prueba (sprint a velocidad, derrape a estilo, etc.) nos bonificarán con más puntos de reputación, primordiales para avanzar en la historia. Tendremos que convertirnos en maestros de todas las artes de pilotaje para llegar a ser los mejores, un icono en la ficticia ciudad de Ventura Bay.

Los chicos de Ghost Games han mezclado magistralmente lo mejor de los títulos más exitosos de la saga en un nuevo inicio para la misma que, si bien no es perfecto, sienta unas solidas bases de futuro. Para empezar, jugaremos con el modelo que pudimos ver en Rivals: un mapa, corredores manejados por la IA y, si queremos (también podemos jugar en solitario) conductores de carne y hueso a los que retar. También podremos formar equipo con amigos, competir juntos e incluso finiquitar la trama.

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Del primer Most Wanted retoman el aspecto peliculero y palomitero de la historia. Recordaréis que aquel juego nos presentaba actores reales en entornos tridimensionales. Aquí lo único generado por ordenador son los coches que vamos comprando y tuneando. Esto nos permitirá conocer a esos ídolos que antes comentábamos y que estarán presentes en la historia según avanzamos. Huelga decir que no ganará un Oscar y, por desgracia, peca de exceso de testosterona: tu personaje es el “novato guay” que llega a la ciudad, participa en pruebas de hombría y se codea con chicas guapas. Esto reduce mucho la posibilidad de empatizar con el personaje (no dice una palabra en todo el juego, al más puro estilo Gordon Freeman). A Todo Gas hecha videojuego.

Need for Speed combina sabiamente lo mejor de Most Wanted y Underground

De la saga Underground retoma el sistema de tuneo, aunque con varias vueltas de tuerca. Como si de un Forza Horizon se tratase, el título permite configurar a nuestro gusto decenas de reglajes y piezas de los coches (siempre desde un prisma estético y competitivo) para conseguir el vehículo soñado. De hecho, Need for Speed cuenta con apenas cincuenta coches, ya que no pretende hacernos coleccionar vehículos sin ton ni son sino que escojamos unos pocos y los convirtamos en auténticas máquinas de competición callejera.

En este sentido la obsesión del juego por la personalización roza la locura. Aparte de decenas de reglajes, podremos modificar muchísimas partes del coche (especialmente del motor) para configurarlo a nuestro gusto: barras estabilizadoras, sistema de refrigeración, bloque motor, sistema de encendido, neumáticos (importantísimos según la prueba a realizar), filtro de aire, árbol de levas, freno de mano, óxido nitroso y un largo etcétera. Pero lo realmente novedoso es que todos y cada uno de los cambios afectan al rendimiento del buga, lo que a su vez repercutirá en las carreras. Además, cada prueba es diferente; tendremos sprints, persecuciones policiales, contrarreloj, touge (trenes de derrape a lo “Tokio Drift”), yincanas, pruebas de derrape… lo que nos obligará a configurar el vehículo adecuadamente para cada prueba, o bien tener varios coches preparados para cada ocasión. Esto nos hará volver cada dos por tres al centro neurálgico del juego: nuestro garaje, algo que a medio plazo se vuelve tedioso.

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