Un medio día ardiente, mientras escrutaba los manuscritos, Aureliano Segundo sintió que no estaba solo en el cuarto. Contra la reverberación de la ventana, sentado con las manos en la ventana estaba Melquíades… lo reconoció porque aquel recuerdo hereditario se había transmitido de generación en generación, y había llegado a él desde la memoria de su abuelo”. Cien años de soledad es una de las novelas capitales de García Márquez, una intemporal obra traducida a más de 35 idiomas que sigue las vicisitudes de la familia Buendía a lo largo de varias generaciones. Conjugando técnicas narrativas pocas veces vistas hasta la fecha, uno de los aspectos más interesantes de este libro es su tiempo circular y repetición de motivos, una concepción filosófica con profundas raíces en el estoicismo y con Nietzsche como principal estandarte, pero que en la literatura no sólo ha cautivado a García Márquez sino a gigantes como Borges o Michael Ende.

oxenfree-analisis-1A medio camino entre el thriller sobrenatural y Los Goonies, Oxeenfree presenta a un grupo de adolescentes que organiza una escapada a una isla aparentemente abandonada para disfrutar de una noche de fiesta. La casualidad quiere que Alex se adentre con su mejor amigo Ren y su hermanastro Jonas en una extraña cueva. Las acciones de la joven, animada por su colega (adicto al pastel de marihuana y, al parecer, profundo conocedor de algunos secretos de la isla), desencadenan una serie de sucesos paranormales que pondrán patas arriba su mundo y sus creencias. A partir de este momento, comenzará una aventura que con la causalidad, la circularidad y la repetición como telón de fondo reflexiona sobre la vida y la muerte (temas centrales para el juego) así como la soledad, la aceptación personal o el recuerdo que las personas dejan en nosotros.

Oxenfree consigue redefinir el diálogo haciendo que el mundo siga avanzando mientras se suceden las conversaciones

El brillante acierto del estudio Night School de utilizar la idea filosófica que defiende Nietzsche en La Gaya Ciencia (o más profundamente en Así habló Zaratrustra) se ve refrendado por una concepción de personajes y de diálogos de lo más interesante. Es cierto que convertir la narración en su principal mecánica puede que aleje a Oxenfree del canon de la aventura gráfica (aquí los puzles son escasos y tremendamente sencillos, y ya puedes olvidarte de point & click y de pixel hunting) pero queda claro que es algo intencionado, porque el verdadero motor de lo que ocurre es el diálogo: Alex, Ren, Jonas, Clarissa y Nona hablan y hablan sin parar, del mismo modo en que lo hacían Mike, “Gordi”, “Data”, “Brand” o “Bocazas” en los Goonies. Se pisan, se interrumpen, hablan de cosas insustanciales para abordar asuntos de mayor calado treinta segundos después, todo ello de una forma orgánica nunca vista hasta el momento; porque si Quantic Dream y Telltale han conseguido introducir con éxito el tiempo en la ecuación del diálogo en un videojuego, Oxenfree consigue redefinir esta idea haciendo que el mundo siga avanzando mientras se suceden las conversaciones. No tenemos que estar quietos mientras hablamos: podemos seguir andando o escalando o sintonizando alguna frecuencia con nuestra inseparable radio mientras Alex discute, interrumpe a sus amigos o se queda en silencio (sí, callarse es una alternativa tan válida como otras).

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Pincha para ampliar y disfrutar del maravilloso diseño artístico de Oxenfree

El ritmo que imprime Oxenfree es realmente frenético, aunque consigue ofrecer una relativa sensación de libertad tanto de movimientos como de elección que se ven reafirmados en los diferentes finales que presenta, lo suficientemente sólidos y paradójicos para alimentar intensas conversaciones y teorías en los foros de Steam. La solidez del conjunto se aprecia en la guinda que suponen los lúgubres escenarios que navegan entre el posimpresionismo y el cubismo y una perturbadora música, homenaje claro a bandas sonoras de los años 80.

Como reivindicación de la vida, Nietzsche escribió hace 134 años: “¡Cuánto tendrías entonces que amar la vida y amarte a ti mismo para no desear otra cosa sino esta suprema y eterna confirmación!”. Y de eso dialoga Oxenfree con nosotros. No hay nada permanente, la vida es fugaz y es muerte; pero puede que consigamos hacer que parezca perdurable si hacemos que el instante dure eternamente. Night School firma uno de los debuts más notables de los últimos años, toda una declaración de intenciones que, cuando llega al fundido a negro, te deja pensando en él durante días.

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