Nadie puede tildar a Intelligent Systems de sobreexplotadora. Este viernes llega a las tiendas la sexta entrega de Paper Mario, dieciséis años después del original para Nintendo 64 (por mucho que todo se remonte al Super Mario RPG de Square). Por comparación, ese spin-off portátil que es Mario & Luigi se ha demostrado una franquicia mucha más prolífica, albergando incluso un notable crossover (Mario & Luigi: Paper Jam Bros.).

Paper Mario: Color Splash supone la última gran exclusiva para Wii U, dado el lanzamiento multiplataforma de The Legend of Zelda: Breath of the Wild. Los usuarios de la agónica sobremesa reciben al fontanero con los brazos abiertos, dispuestos a disfrutar su primera aventura papirofléxica en alta definición. Corrieron ríos de tintas tras el anuncio, dada la disconformidad de los incondicionales respecto a un estilo de juego más cercano a Sticker Star (Nintendo 3DS) que a La Puerta Milenaria (GameCube).

El título arranca en noche cerrada y tormentosa, cuando Peach acude a Mario para descifrar una misteriosa carta remitida a palacio. Para sorpresa de la pareja, el sobre resulta un Toad descolorido y plegado, procedente de Isla Prisma. Allí ponen rumbo, encontrándose que el paraje ha perdido su habitual cromatismo. ¿Lo adivináis? Bowser anda detrás (de algún modo), quien secuestra a la princesa tras esparcir las preciadas Maxiestrellas Iris.

 

WiiU_PaperMarioColorSplash_E32016_SCRN_02Nada más comenzar topamos con Baldo, el inevitable ayudante, quien nos hace entrega de un ítem fundamental: el martillo pintor. Desprende pintura a base de golpes, con la que colorear aquellas partes blanquecinas de los escenarios. Como en Sticker Star, no hay acompañantes que valgan, ni sistema de niveles propiamente dicho. Mario incrementa sus puntos de vitalidad venciendo a cada uno de los jefes finales, amén de ampliar la capacidad de absorción del martillo recogiendo mejoras. Sí, los combates intermedios siguen siendo por turnos, pero no supeditan el avance. De por sí, golpear o colorear los ‘decorados’ nos brinda cantidades ingentes de pintura, monedas y cartas, piedra angular de los enfrentamientos.

Cada naipe representa un ataque o mecanismo defensivo, que debemos WiiU_PaperMarioColorSplash_E32016_SCRN_03seleccionar en el mazo del GamePad antes de ‘lanzarlo’ a la pantalla del televisor. Un sistema más efectista que inmediato, todo sea dicho, aunque no exento de profundidad. Existen cartas más eficaces que otras según el tipo de enemigo y éstos suelen alternarse en la hilera de ataque, por lo que resulta imperativo ordenar a conciencia: si a ese Cheep Cheep le sigue un Goomba de casco puntiagudo, una apuesta segura sería martillear al pez y a continuación pisotear al compañero con unas botas metálicas. Las cartas también deben colorearse (de ahí la importancia del indicador de pintura) para determinar la intensidad del ataque. ¿Para qué malgastarla cuando la tortuga frente a nosotros se rendirá con un par de golpes? Así, presionamos sobre la carta en cuestión para pintarla a medias, caso contrario si el esbirro impresiona.

WiiU_PaperMarioColorSplash_E32016_SCRN_08A la hora de la verdad, como decíamos, estos combates reportan más bien poco. Ni siquiera un reto por regla general, optándose por esquivar a los enemigos o aplastarlos de improviso, ahorrándonos hacerles frente. Cuestión distinta son los jefes, que nos obligarán a estrujarnos las neuronas para detectar su punto débil (olvidaos de encararlos si no tenéis determinada carta en el mazo). Por fortuna, Intelligent System ha facilitado las cosas respecto a la entrega estereoscópica. Determinados personajes (el propio Baldo entre ellos) arrojan pistas si se las pedimos y tanto los escenarios como los diálogos evidencian el siguiente paso a poco que uno observe o sepa leer entre líneas.

 

WiiU_PaperMarioColorSplash_E32016_charset_01-2Los veteranos tampoco se alegrarán al saber que vuelve el esquema de fases, en lugar de la estructura por capítulos en ‘mundo abierto’ de anteriores entregas. La mayoría de niveles encierran diferentes rutas y Estrellas Iris (fragmentos de las seis Maxiestrellas) que capturar, si bien el juego se antoja un tremendo rompecabezas donde cada región debe visitarse en un orden concreto. Conseguir tal ítem o localizar a los integrantes de cada Equipo de Salvamento Toad suelen ser condición sine quanon para el avance, todo ello justificado por subtramas. Eso sí, más os vale idolatrar a los Toad, porque son el único personaje amigo que encontraréis a lo largo y ancho del mapeado. Cierto que se distinguen por colores y personalidades, pero se echa en falta una mayor variedad de intérpretes. No así con los escenarios, convertidos casi en actor de reparto: volcán, playa, desierto, arboleda, templos e incluso un hotel embrujado; niveles diseñados con maestría, que invitan a recorrerse de cabo a rabo en busca de sus muchos secretos. De hecho, colorearlos al 100% se convierte en una de las tareas secundarias más apetecibles del título, de por sí sobrado en horas de juego. Unas 30 os costará alcanzar los títulos de crédito.

Color Splash sigue la estela de Sticker Star, lo que puede disgustar a los incondicionales. No le impide ser un Paper Mario entretenido e hilarante

Narrativamente estamos ante el capítulo más flojo de la serie, no así desprovisto de humor y referencias a mansalva (¿alguien dijo Star Wars?). El rapto de Peach a manos del Rey de los Koopas se daba por hecho, pero no se ha revestido de los impagables embrollos a que acostumbra la serie. La recolección de Maxiestrellas recuerda una vez más a Sticker Star, como la interacción con los escenarios, que podemos recortar y “desdoblar” para alcanzar áreas recónditas o descubrir ítems imprescindibles. En todo caso, contribuyen al mejor acabado técnico y artístico de cualquier Paper Mario. El colorido en alta definición y los muchos efectos de papiroflexia impresos convierten a Color Splash en un placer para los sentidos, incluso si no se tiene el GamePad entre manos. Aunque podéis jugar sin necesidad de televisor, recomendamos encarecidamente hacerlo en pantalla grande: sólo así se aprecian los cuantiosos detalles de unos entornos vibrantes, acompasados por las remezclas de clásicos que componen la banda sonora.

Paper Mario: Color Splash sigue a pies juntillas la fórmula de la divisoria entrega para Nintendo 3DS: fases rejugables y entrelazadas, que transitar sin compañeros ni incrementando estadísticas. Las pegatinas se sustituyen por cartas, aunque bajo un sistema de combate con la suficiente profundidad. Una pena que tan sólo los enfrentamiento finales le saquen provecho, como también el menor énfasis en la trama central. Pese a todo, estamos ante una exclusiva imperdible, brillante en lo visual y muy divertida en su (extenso) desarrollo. Pretendidamente o no, Intelligent Systems ha gestado el capítulo más accesible de la franquicia, lo que no entusiasmará a todos. Se les pasará el berrinche a las pocas horas, cuando comprueben que la esencia de Paper Mario sigue más que vigente.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.