Es la primera vez que rehuso una valoración propiamente dicha, pero Project Spark es incalificable por definición. He pasado las últimas semanas inmerso en su entorno de creación y ni por asomo siento haber aprovechado cuanto ofrece. Todo depende de lo habilidoso que uno sea, supongo.

Con Project Spark, Team Dakota ha engendrado el hacedor de juegos definitivo. Quienes mirasen con desdén a Little Big Planet o Kodu, encontrarán aquí un plus de profundidad. Los programadores de turno se carcajearán, obviamente, pero era inevitable buscar un equilibrio para con los millones de usuarios que ansían transitar sus propias creaciones.

Aunque hemos trapicheado con la versión para Xbox One, sabed que Project Spark también está disponible para PC y tabletas electrónicas con Windows 8, por lo que los ítems adquiridos se desbloquean en todas las plataformas. Igual puede decirse del nivel de experiencia y los créditos asociados a nuestro perfil, inevitables por el carácter free to play de la producción.

El paquete de inicio habilita la modalidad historia, diversos entornos y un multiplicador mensual de ganancias, aunque podéis ahorraros el desembolso si lo único que os interesa es coquetear con el editor o jugar alguna de las 10.000 creaciones disponibles. Los paquetes de créditos también claman por nuestra tarjeta de crédito, pero lo cierto es que el propio avance granjea la cantidad suficiente como para mantenerla a buen recaudo.

Son muchos los meses transcurridos desde el arranque de la beta en compatibles, como evidencia la nutrida comunidad de Project Spark. Los usuarios han gestado aventuras de acción, juegos de rol, shoot’em up subjetivos e incluso variantes de Tetris… algunas de una complejidad digna de los mejores desarrollos independientes. La pregunta es: ¿os aterran las hojas en blanco? Si la respuesta es negativa, vuestro siguiente paso será el modo de creación (o la posibilidad de trastocar juegos ajenos, en primera instancia). Tranquilos igualmente si nunca han aplaudido vuestra creatividad, pues bastan unos pocos minutos para que nuestro personaje corra a sus anchas por verdes praderas o montículos alienígenas. Alzar montañas o disponer riachuelos es tan fácil como apretar un gatillo y desplazar el cursor por el área deseada. Un par de pulsaciones también son suficientes para diseminar obstáculos y enemigos alrededor de nuestro héroe.

Uno de los grandes aciertos de este cajón desastre es el sistema de “cerebros”. Cada personaje u objeto tiene su propio cerebro, al que accedemos para programar qué hará en determinadas circunstancias. Por ejemplo, que nuestro campeón salte cuando pulsamos el botón A o ejecute un doble salto si encadenamos dos pulsaciones. Una vez más, el juego se alía con los menos duchos (o más vagos) al ofrecerles fórmulas predeterminadas, aunque el verdadero reto reside en diferenciarse del resto para que nuestro juego termine  entre los más destacados.

Un poco fríos nos han dejado las Misiones de Campeón, episodios que tratan de contextualizar el universo de Spark. Narrativa y jugablemente dejan que desear, pero al menos instruyen acertadamente en las herramientas de creación. El menú principal también engarza tutoriales exhaustivos (e intuitivos) que recomendamos encarecidamente.

No está exento Project Spark de opciones multijugador. No es sólo que podamos crear juegos para varios jugadores, sino que podemos hacerlo en compañía. Cual banda primeriza conjugando notas en un garaje, hasta cuatro jugadores pueden editar de forma simultánea. Mientras uno se encarga de la orografía, otro puede dar color al entorno, un tercero colocar objetos y un cuarto escudriñar el cerebro de los personajes. ¡Casi se siente uno parte de su propio estudio indie!

Algún pero también hay en esto de jugar a ser dioses del videojuego, pues el rendimiento queda comprometido en alguna que otra ocasión, nunca de forma alarmante. En materia gráfica hemos visto cosas infinitamente mejores corriendo en Xbox One, pero un motor más ambicioso habría amplificado los problemas inherentes al libre albedrío. Es complicado refinar un título de estas características al fin y al cabo. Su peculiar estética es otro de los inconvenientes, a poco que busquemos un acabado distintivo. Debemos pasar muchas horas a los mandos para conseguir entornos sin regusto a ajo, lo que habría evitado un apartado visual menos encorsetado. Tampoco podemos culpar al estudio, cuya pretensión fue la de un universo coherente y en constante expansión. A tal efecto se han implementado centenares de efectos característicos (atentos a la grabación de diálogo y captura de movimientos mediante Kinect), acompasados por composiciones versátiles y un doblaje desganado en exceso.

En conclusión

Project Spark es, efectivamente, un juego incalificable. Su valoración depende de cuánto lo aproveche cada cual y esto a su vez de lo habilidoso o creativo que uno sea. No quita para reconocer la profundidad de una herramienta abierta a toda clase de géneros y lo suficientemente equilibrada como para que cualquiera pueda crear su juego en cuestión de minutos. También tienen hueco los amantes de la comida rápida, quienes pasarán las horas probando las decenas de miles de creaciones articuladas por la comunidad.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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