Remedy Entertainment es una de esas desarrollados dilatadas en experiencia, pero con pocos títulos en el mercado. Tal es su altitud de miras, por la que cada nueva producción torna en referente. Del tiempo bala de Max Payne a los vaivenes narrativos de Alan Wake, todo envuelto por estéticas tan diferenciadas como evocadoras.

Quantum Break no resulta excepción, pero sí excepcional en estos tiempos de juegos permanentemente conectados, donde las campañas para un jugador saben a excusa (cuando no han sido cercenadas). La ruptura del espacio tiempo a que hace referencia cobra así un doble sentido, recuperándose el estrecho vínculo entre software y usuario.

Somos Jack Joyce, invitado a la Universidad de Riverport por su colega Paul Serene. El científico tiene algo grande entre manos, un experimento capaz de cambiar el curso de la historia. El cliché del “todo salió mal” es tan solo uno de los muchos insertados por el estudio finlandés en el transcurso de la aventura. Consigue investirla de personalidad, sin embargo.

Convertidos en protagonistas antagónicos, Joyce y Serene lucharán por imponer su modus operandi ante la hecatombe en ciernes, siempre con la silueta de la Corporación Monarch en el horizonte. Fruto de un ‘incidente’, ambos reciben asombrosos poderes de manipulación temporal, espina dorsal del gameplay.

Quantum Break_REVIEWS_Screenshot 17Porque sí, Quantum Break se presenta a medio camino entre videojuego y serie de acción real. No es la primera vez que se intenta algo así, pero sí la más concienzuda. Lejos de lo meramente contextual, los episodios se intercalan con los cinco actos de la experiencia. Podemos omitirlos a golpe de botón si lo único que queremos es seguir jugando, pero nos perderíamos buena parte de la trama (incluidos algunos secundarios determinantes para su desenlace).

La peculiar estructura narrativa se completa con los llamados “nudos”. Entre fases y capítulos tomamos control de Serene para elegir una de dos opciones, las cuales alteran sustancialmente el guión. Hubiese agradecido consecuencias menos previsibles, aunque Sam Lake nos regala algún cliffhanger de impacto. Imaginad un episodio de la mítica “24” en un contexto de ciencia ficción, con unos valores de producción ciertamente inferiores. Aunque contar con los mismos actores para juego y filmación se antoja todo un acierto, el nexo se desdibuja por la inevitable disparidad visual. No estamos tan cerca del fotorrealismo como pensábamos, ni se ha contado con un presupuesto que replique de forma creíble los efectos especiales o indumentaria de las oleadas a que hacemos frente.

Los poderes temporales invitan a la creatividad durante los tiroteos, inéditos en desenfreno y diversión

No se me malinterprete, el esfuerzo para con la ficción es notable, pero no está exenta de fisuras. Acaba resultando más bien una subtrama romántica y eso pesa cuando se nos pide aparcar el mando durante 20 minutos, algo por lo que únicamente me sentí recompensado con el último de los cuatro capítulos. No diré más, tan solo que la escena post créditos contradice cierto esqueje argumental. En este sentido, nos aguarda un producto bastante regujable, algo de lo que la propia Remedy dejó constancia al remitirnos el código de review: “queríamos que tuvieseis el juego cuanto antes para poder completarlo varias veces y así descubrir todas sus ramificaciones”.

No pocos medios han sucumbido a la tentación de comparar Quantum Break con lo próximo de Naughty Dog, instados en parte por el fanatismo de los usuarios. Semejante duelo de exclusivas se produce una vez cada lustro, pero cabe preguntarse si El Desenlace del Ladrón juega en la misma liga. Presuponiendo que Uncharted 4 mantenga las mecánicas de la trilogía para PlayStation 3, Quantum ofrece algo similar. ¿Qué son las aventuras de Nathan Drake si no la suma de escaladas imposibles y tiroteos entre coberturas? El cazatesoros tiene aquí un claro rival a batir, pues estamos ante las secciones de combate más frenéticas y entretenidas de la presente generación. Los poderes temporales de Jack marcan verdadera diferencia y evitan que nos limitemos al manido esquema de resguardarse, disparar en el momento oportuno y volver a esconder la cabeza hasta la siguiente recarga del adversario. De hecho, salvo en el modo de dificultad más accesible, parapetarse largo tiempo equivale a muerte segura.

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Debemos aprovechar cada resquicio del escenario, sin olvidar los dones que el consabido incidente nos ha otorgado. El número de habilidades es considerable y la mayoría se efectúan con el par de gatillos superior, lo que puede llevar a confusión. No tardaréis en acostumbraros: tan pronto congelamos el tiempo de un área concreta como esprintamos a la retaguardia enemiga, pillando desprevenido al soldado de turno y haciéndole morder el polvo con una ristra de balas. Contamos también con un escudo temporal, potentes golpes sónicos (útiles como último recurso) e incluso una suerte de Vista de Águila para revelar amenazas y munición. Cada batalla invita a la creatividad, por lo que no disputaréis dos iguales. La única pega reside en la poca variedad de enemigos y armamento, más evidente en los instantes finales.

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Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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