Rock Band 4 es como esa expareja que vuelve a tu vida para quedarse, un lustro después de que dieses la relación por perdida. Entre 2007 y 2009, la franquicia con que Harmonix expandió la fórmula de Guitar Hero motivó ni más ni menos que seis entregas principales: Rock Band, Rock Band 2, The Beatles: Rock Band, Green Day: Rock Band, Lego Rock Band y Rock Band 3. La saturación se hizo evidente al entrar nuevos accesorios en la ecuación, conforme Activision tomaba buena nota de los aciertos de la competencia y se atrevía con desviaciones ciertamente extravagantes (DJ Hero).

Los usuarios se cansaron de acumular plástico en casa y de la sangría de microtransacciones con fecha de caducidad, pues transferir temas entre títulos se antojó complejo cuando no imposible. El auge del juego en línea y la incipiente crisis económica canceló no pocos conciertos de salón, cuando la idea de pulsar botones de colores en el momento justo se antojaba ya manida.

Rock Band probó suerte entonces con los dispositivos móviles (Rock Band Mobile) e incluso una discreta entrega descargable (Rock Band Blitz), aunque para entonces los productores del género musical se refugiaban en los sensores por movimiento. Dance Central y Just Dance se convirtieron así en legado de lo que un día fuese fenómeno, aunque la estrategia de futuro para con el simulador de bandas radica en otro estandarte del party game.

La consolidación de lo digital condenó la estrategia de London Studio, acostumbrado a bombardear el mercado con discos de expansión. Fue así como SingStore ganó peso, hasta decidirse convertir SingStar en una plataforma de largo recorrido, ajena a la periodicidad del formato físico. Rock Band 4 nos llega entonces más como una declaración de intenciones que una reinvención. Harmonix busca honrar las buenas vibraciones del original, aquellas reuniones con los colegas donde cada cual contribuía a un todo y que, de alguna manera, estrechaban lazos.

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El centro de la experiencia vuelven a ser las partidas locales, donde cada músico abraza su instrumento de preferencia. Quienes esperasen tocar online pueden darse con un canto en los dientes, aunque no se descarta incluir dicha modalidad en un futuro. Se rehúsa también del teclado por su menor incidencia, con tal de que cada miembro intervenga activamente. Lo hará tirando de la batería, guitarra, bajo o micrófono que durante años acumularon polvo en el trastero, una de las grandes bazas de Rock Band 4 frente al sobrecoste de Guitar Hero Live. Mad Catz ha preparado una nueva tanda de periféricos, si bien no he tenido ocasión de probarlos más allá del evento de presentación.

Rock Band 4 es como esa expareja que vuelve a tu vida para quedarse, más una declaración de intenciones que una reinvención

Los instrumentos de Rock Band para Xbox 360 son compatibles con Xbox One previo adaptador inalámbrico, mientras que los de PlayStation 3 hacen lo propio con PlayStation 4 de forma nativa, gracias a la tecnología Bluetooth. Ha sido mi caso, sin experimentar problema alguno de conexión o respuesta y sin que la nueva guitarra o batería segmenten la base de usuarios. Recomiendo en cualquier caso consultar la tabla de compatibilidad hecha pública.

También os gustará saber que todas las canciones adquiridas hasta la fecha, desde el primer Rock Band hasta el último, pueden exportarse sin coste adicional. Se acabó el echar en saco roto, pues se persigue la idea de una biblioteca a perpetuidad. La semana de lanzamiento resultó catastrófica en este sentido, con problemas continuados de servidor y el grueso de temas antiguos indisponibles en PlayStation Store. Se explica por la paulatina renegociación de licencias, a la que sumamos un engorroso proceso de recuperación: tendrás que escudriñar la tienda manualmente para ir descargando canciones de una en una. Lo bueno del asunto es que todas pasan a formar parte del grueso del juego, más allá de la “Partida rápida“.

Sí, podrás tocar Paparazzi de Lady Gaga en pleno modo carrera (“Ir de Gira“), por lo que la experiencia no se limita a las 65 canciones incluidas. El tracklist rebosa de ‘caras B’, no tanto por las melodías como por las letras, pato que acabarán pagando los vocalistas. Suerte del novedoso sistema de votaciones, especialmente útil al “Tocar un Concierto“: el juego dispone un listado de temas y los integrantes escogen sus preferidos, a veces con factor sorpresa (“temas de los 80”, “intérpretes femeninas”…). Las reacciones del público, cuyos cánticos ganan en clamor, incluyen peticiones de bises que podemos aceptar o rechazar también por sondeo.

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La campaña se ve impregnada de tal libertad, acercándose su premisa al RPG. Acumulamos dinero, fans y estrellas tras cada concierto, lo que abre nuevas giras. Entre unas y otras se nos presentan varias opciones que nos definirán como grupo: ¿aceptamos al representante de turno para ingresar rápido o nos limitamos a la escena independiente? La primera alternativa nos hará subir al escenario con ‘bonitas’ camisetas de patrocinio, viajar en caravana y tocar temas comerciales. Ganar más dinero también desbloquea nuevos atuendos e instrumentos. La idea era buena, pero se materializa de forma anecdótica y anódina, mediante textos de transición. No hay hueco aquí para la cinemática espectacular, del mismo modo que perdemos opciones de personalización respecto a Rock Band 3.

Pero Rock Band 4 no decepciona en lo que de verdad importa. Se siente uno más rockero que nunca gracias a las secciones de improvisación, novedad estrella sin paliativos. Batería, micrófono o guitarra en ristre, habrá segmentos que pondrán a prueba nuestra creatividad. Aunque podemos tocar sin ton ni son con agradable resultado al oído, la idea es alternar entre sonidos graves (teclas superiores) y agudos (inferiores), sostener notas, acoplarlas, rasguear a 4 u 8 tiempos por compás… las indicaciones en pantalla pueden resultar un tanto confusas, pero la cosa cambia una vez se les coge el truco: ya no veo la hora de que me toque un solo (el modo “Improvisación Infinita” se agradece para practicar).

Poco sentido tiene hablar sobre polígonos en un juego de esta índole. Se sigue optando por una estética caricaturesca y colorida, aunque sin defectos visuales aparentes. Las animaciones sí que han mejorado sustancialmente, en beneficio de la ambientación.

Rock Band 4 demuestra que su problema de hace un lustro no fue de fórmula, sino de concepto: muchas entregas en muy poco tiempo, al precio de fragmentar bibliotecas musicales y base de usuarios. Harmonix se disculpa ahora devolviéndonos la inversión en canciones y accesorios, con la promesa de que este Rock Band será eterno. En consonancia debería haberse apodado simplemente “Rock Band” y olvidarse de numeradores. Un simulador que pierde opciones para concentrarse en la diversión por medio de improvisaciones, nuevo aporte maestro al género.

Nueva batería de accesorios a cargo de Mad Catz

Nueva tanda de accesorios a cargo de Mad Catz

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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