Como en otros ámbitos del entretenimiento, los desarrollares de videojuegos se dejan llevar por corrientes temáticas. Los zombis volverán a la palestra el año que viene (State of Decay 2, Days Gone…), mientras nos recuperamos de una invasión jurásica (cuellilargos de Zero Dawn inclusive) y de los viajes interestelares (Destiny 2, Mass Effect: Andromeda…). Centrados en el ámbito independiente, han proliferado los shoot’em up cenitales de violencia extrema, donde un protagonista armado hasta los dientes ejecuta su venganza personal.

Así ocurre en Ruiner, ópera prima de Reikon. Sabedores de que el suyo podría entenderse como el enésimo Hotline Miami, los varsovianos han puesto todo su empeño en diferenciarse estética y narrativamente. Abrazan al tiempo mecánicas propias de otros géneros, lo que como veremos arroja un resultado irregular.

La introducción promete: tomamos el control de un sociópata cibernético al que han jaqueado el cerebro. Dicha voz eclipsa al gameplay, pidiéndonos que asesinemos al jefe de turno sin comprender muy bien las motivaciones y consecuencias de la carnicería por venir. Atravesamos varias salas bajo tonalidades roja y negra, despachando adversarios con ataques cuerpo a cuerpo y el armamento que dejan caer. También tomamos contacto con el control a dos sticks: uno para guiar al personaje y otro para el apuntado. Por su parte, los gatillos activan diferentes habilidades, como un escudo de energía o el deslizamiento supersónico. Quedarse quieto es inadmisible y suele pagarse con la muerte; toca esquivar sin descanso mientras apuntamos en la dirección conveniente, a lo que ayuda el marcaje simultáneo de amenazas.

Pronto descubrimos que hemos servido de chivo expiatorio a un sistema corrupto, que los poderosos han secuestrado a nuestro hermano y que tan sólo podemos confiar en una hacker dispuesta a desentrañar la verdad. En efecto, la trama cobra importancia frente a títulos de la misma índole, desarrollándose mediante imágenes estáticas y un sistema de respuestas testimonial. Asentir o encogerse de hombros son de las pocas opciones que encontraremos, sin impacto alguno en los acontecimientos. Reikon también plantea su propio ‘mundo abierto’: la ciudad de Rengkok (una Bangkok futurista) alberga personajes con los que hablar para acceder al siguiente nivel propiamente dicho, amén de misiones secundarias del todo anodinas. Aunque sirve para meternos en ambientación, el mapa se recorre en varios minutos y los diálogos entremedias obedecen a clichés. Aires de Blade Runner que contagian al desarrollo en su conjunto.

Reikon se empeña en más de lo que necesita para que su ópera prima resulte notable

Mucho de Ruiner resulta superfluo. La falta de ambición (motivada seguramente por un presupuesto escueto) hace que uno sienta como interrupción todo aquello que no sea acción descarnada. Es ahí donde  el juego convence sobremanera, gracias al ritmo frenético y al inteligente aprovechamiento de los entornos: abundan las coberturas, los elementos explosivos y aquellos que rebotan cual bola en una mesa de pinball. Elegir arma también implica estrategia, ya que algunas son más efectivas contra determinados enemigos. Otro aspecto clave es el árbol de habilidades. Abrir cofres mediante quick time events y despachar contrarios granjea Karma, con el que subimos de nivel y obtenemos puntos de experiencia. Los invertimos en incrementar la velocidad del protagonista, su salud, enseñarle nuevos movimientos… La gracia es que podemos combinar varias habilidades y que cada fase requiere de las suyas si queremos salir con vida. ¿No se crean cuellos de botella al desbloquear módulos ‘incorrectos’? Para nada, pues los puntos pueden reasignarse (cada habilidad se ilustra con una animación para ayudarnos a elegir).

Por poner una pega, los envites cuerpo a cuerpo están claramente descompensados. Algunos jefes pueden derrotarse a base de esquivar y golpear en las distancias cortas; mandamases ante los que poco podemos hacer tirando de armas. Quede claro que éste es un título exigente incluso en el modo de dificultad más bajo, con picos que os harán repetir decenas de veces… al menos hasta pillarle el truco a sus dinámicas.

En lo que al apartado técnico respecta. La estética sorprende de primeras, pero la sensación de déjà vu llega demasiado pronto: azules, negros y rojos sobre entornos industriales, donde no siempre es fácil dilucidar el avance o apreciar el diseño de los enemigos. Los efectos de iluminación cumplen en cualquier caso, al ritmo de una banda sonora cyberpunk. Justo señalar también las ralentizaciones detectadas en Xbox One (no hemos probado el resto de versiones). Sí, abunda el tiempo bala, pero a veces da la sensación de que el juego no corre todo lo fino que debería.

Ruiner destaca frente a otros shooters cenitales por su frenético esquema de control y árbol de habilidades reasignables. No obstante, Reikon abarca más de lo que puede, diluyendo la experiencia con una trama no del todo satisfactoria y un mapeado irrelevante. La experiencia se alarga así por encima de las 6 horas, aunque los novatos tardarán más en alcanzar los títulos de crédito. Los amantes de la dificultad, Daft Punk y Ghost in the Shell tienen aquí un título interesante que podría haber salido redondo.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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