Echarse a la mar es la mayor aventura de Sea of Thieves. El resto que lo decida el destino. Sin duda, lo último de Rare alberga conceptos prometedores, aunque su verdadero potencial está por descubrir.

Con cuatro años de desarrollo a sus espaldas, Sea of Thieves se perfila como una de las franquicias más prometedoras de Microsoft. Y, de largo, una de sus apuestas más importantes (en lo que a exclusivos se refiere) para todo 2018.

Como pirata sin rumbo fijo, guiado tan sólo por los vientos de los mares del sur, tu misión será la de forjar una leyenda digna de ser contada. Este MMO cooperativo nace de la imaginación de uno de los estudios más queridos de la industria que, sin embargo, hasta hace poco parecía abocado al ostracismo.

Sea of Thieves es un sandbox con innumerables oportunidades, prometiéndose (con permiso de Black Flag y Rogue) el mejor juego de piratas para consolas. Su preciosista mundo alberga experiencias sociales sin parangón, a caballo entre la climatología dinámica, los ciclos de noche y día, sus eventos aleatorios y, por supuesto, nuestra tripulación. Algo totalmente indispensable si se quiere disfrutar del juego en todo su esplendor.

Lo que hace a Sea of Thieves tan atractivo es su carácter, en una línea similar a las anteriores franquicias de Rare. Aún así, tiene obstáculos importantes que superar: tras unas cuantas horas, habiéndote enfrentado a otras tripulaciones, lanzado desde el cañón de algún Galeón o llenado un cubo de vómito tras emborracharte con Grog, te das cuenta de que el juego no da para más… de momento.

Con todo, tenemos numerosas misiones por realizar. Podemos hacerlo a nuestro antojo o ‘trabajando’ para alguna de las tres facciones actuales. Los Acaparadores de Oro nos envían en busca de tesoros perdidos (mapas y acertijos mediante), recompensándonos si llevamos la misión a buen puerto; La Orden de las Almas nos enfrenta contra hordas de esqueletos vivientes (jefe final incluido) y La Alianza de Comerciantes reclama el tránsito de mercancías hasta un puesto avanzado. 

Dichas tipologías de encargo ofrecen conceptos interesantes. Aunque son simples misiones de búsqueda, la complejidad de encontrar y transportar mercancías en un mar lleno de riesgos (y muchos piratas con ganas de aguarnos la fiesta) hacen que éstas nunca pierdan su encanto.

Las tres facciones tienen un sistema de ascenso o notoriedad según lo bien que trabajemos para ellas; aunque como ya sabréis a estas alturas, las recompensas en Sea of Thieves son meramente estéticas (ropajes u objetos) o jugables en forma de nuevas travesías. En Sea of Thieves ningún jugador es más que otro, ni se les separa por rangos. Sólo nuestra leyenda como piratas tendrá su eco en la eternidad.

No es menos cierto que todo lo anterior da para muchas horas de juego, pero repetimos, tras unas cuantas, la repetición y el tedio pueden apoderarse de nosotros. Actualmente la mejor opción para jugar a Sea of Thieves es sin duda Xbox Game Pass. Comprarlo de salida supone una inversión injustificada por su contenido.

Esperamos que la primera gran actualización sirva de consuelo, con las más que plausibles raids. Sobre éstas encontramos pistas en el evento de lanzamiento, con los Plátanos de Oro o en la imposibilidad de acabar con el Kraken si no cooperamos con otras tripulaciones (y alguna de éstas quiere sobrevivir). 

Cooperación y camaradería son el eje de Sea of Thieves, por encima de la consecución.

Cooperación y camaradería son el eje de Sea of Thieves, por encima de la progresión.

Todo esto nos lleva al otro punto débil del juego: su cooperativo para cuatro jugadores. Parece que se ampliará hasta seis, algo totalmente necesario si navegamos en un Galeón. El manejo de las velas, el timón, el ancla, la integridad del casco, las bodegas y, cómo no, los cañones, es una auténtica locura para tan sólo cuatro grumetes. Prueba de que la comunicación clara y constante es requisito indispensable.

Además, cabe esperar que Rare incluya la opción de crear clanes para que varias tripulaciones naveguen bajo el mismo estandarte. Algo que daría un plus de jugabilidad al título, permitiendo la inclusión de misiones más arduas y complejas y, sobre todo, remarcando su carácter MMO.

Punto y aparte para el encantador estilo artístico de Sea of Thieves, que nos regala estampas preciosas a cada ola que cabalgamos. Gracias a una iluminación magistral, la mejor recreación del agua vista en un videojuego y una belleza cartoon que nos dejará sin habla. Aquí sí, Rare ha vuelto por la puerta grande.

Para concluir, respecto al juego en solitario, Sea of Thieves puede echar para atrás al más avezado de los jugadores. Recordemos que el título carece de tutoriales (salvo uno muy básico sobre los controles) y que el sistema de progresión es ‘horizontal’. Es decir, nuestro personaje no sufrirá avances salvo lo meramente estético. Tener más oro y fama, o subir de rango dentro de las facciones, no granjea mejoras a nuestro avatar. Esto es perfecto para que cualquiera surque los mares de Sea of Thieves, pero a su vez desmotivará a quienes hayan invertido una cantidad considerable de horas.

No hay nada parecido a Sea of Thieves en el mercado, por lo que su frescura y diversión están muy lejos de agotarse. Rare no es una compañía sospechosa así que, sin información veraz en la mano, pero sí con mucha confianza, auguro un prometedor futuro a la que podría ser la nueva gran franquicia de Microsoft.

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