Parece que fue ayer cuando Naoto Ôshima propuso un conejo como la nueva mascota de SEGA, pero no. El pasado junio se cumplieron veintiséis años del nacimiento de Sonic, finalmente un erizo por no casar con el concepto de “juego veloz” ideado por Yuji Naka.

A estas alturas de la película podemos afirmar que el personaje no casa con la tercera dimensión, refugiándose sus incondicionales en la célebre trilogía de 16 bits. Aunque Sonic Adventure y su secuela supusieron un punto de partida notable, la conversión de SEGA en third-party afectó al devenir de la franquicia. Entregas como Heroes, Unleashed o Boom evidenciaron la falta de rumbo del Sonic Team, cuyo nuevo proyecto (Sonic Forces) despierta recelos semejantes.

En éstas, la multinacional japonesa decidió apostar por lo seguro y ofrecer justo lo que pedíamos: una entrega a imagen y semejanza del Sonic The Hedgehog original. Lo intentó con Sonic The Hedgehog 4 (abandonado en su segundo capítulo), demostrando que los nuevos motores gráficos no casan con la jugabilidad frenética de la serie. Entremedias irrumpió Christian Whitehead, programador amateur preso de la nostalgia.

En 2008, Whitehead desarrolló “Retro Sonic” bajo su propio motor gráfico, el “Retro Engine“. Al año siguiente se embarcó en la conversión de Sonic CD para dispositivos iOS, frenada por el equipo legal de SEGA. Pero la multinacional japonesa no tardaría en cambiar de opinión, sabedora de que su icono podría brillar en dispositivos inteligentes: fue así como Sonic CD recaló en Xbox 360, PlayStation 3, iOS, Android, Ouya, Windows y Apple TV. Las versiones de Sonic The Hedgehog y Sonic The Hedgehog 2 llegaron a iOS, Android y Apple TV poco después, como paso intermedio hasta el título que nos ocupa.

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Sonic Mania demuestra que un aficionado, con la suficiente destreza y pasión, puede salvar la papeleta a todo un gigante del ocio electrónico. Más de un directivo se habrá tragado su orgullo para reconocer que el trabajo de Whitehead presenta mayor viabilidad comercial que cualquiera de las últimas superproducciones del erizo azul. Es así porque se ha concebido desde el respeto más absoluto, con la máxima de transmitir las sensaciones experimentadas a los mandos de Mega Drive. Pensaréis que no tiene mérito, dado que Mania recicla parte de los recorridos originales, pero vaya si lo tiene. Estamos ante un ejercicio magistral en cuanto a diseño de niveles, con fases inéditas capaces de plantar cara a las de antaño. Esto implica niveles repletos de rutas alternativas, hasta el punto de parecer nuevos con cada reintento. Seguimos transitándolos a velocidad de vértigo, bajo una falsa sensación de avance automático pero con la obligación de poner los cinco sentidos para desentrañar sus muchos secretos.

Nos aguardan doce niveles divididos en dos actos, con jefes intermedios y finales (desde una improvisada partida de Puyo-Puyo hasta los últimos engendros mecánicos del Dr. Eggman). El nivel de dificultad presenta altibajos, con secciones que drenan vidas y fases que atravesamos sin despeinarnos, aunque siempre queda el reto de localizar y completar los desafíos tridimensionales. Se incluyen de dos tipos: carreras en pos de una Esmeralda del Caos (hacernos con siete desbloquea el verdadero final de la aventura) y recorridos por un laberinto de esferas recompensados con medallas de bonificación. Éstas desbloquean extras como un test de sonido, minijuegos y habilidades, lo que multiplica las horas de juego.

Sonic Mania consigue plantar cara a la trilogía para Mega Drive; demuestra que el apasionamiento lo es todo en términos de desarrollo

En cuestión de mecánicas se incorpora el movimiento “Drop Dash“, con el que Sonic rueda tras un salto, nada más pisar tierra firme. No le hemos encontrado demasiada utilidad, todo sea dicho. Sí agradecemos la adecuación de ciertos niveles a las peculiaridades de Knuckles, que participa de la aventura junto al carismático Tails. Podemos alcanzar los títulos de crédito con cualquiera de los tres, aunque su inclusión resulta más interesante respecto a las modalidades adicionales: en “Crono” intentamos alcanzar la meta en el menor tiempo posible, ascendiendo en la tabla de clasificación mundial; “Competición“, por su parte, nos enfrenta a un segundo jugador en local.

Sonic Mania también convence en el plano técnico, con unos gráficos pixel perfect que aún bebiendo de plataformas añejas se decoran con infinidad de florituras bidimensionales. Los escenarios albergan más  elementos interactivos y los fondos distraen tanto por su dinamismo como por su colorido. Mención especial a la inédita Studiopolis Zone, estudios cinematográficos al aire libre con referencias a propiedades intelectuales como Streets of Rage o Daytona USA.

Todo discurre a 60 frames por segundo estables y acompasado por una banda sonora que combina temas reimaginados con otros nuevos pero nada discordantes (ojo a Mirage Saloon Zone y su inspiración descarada en El bueno, el feo y el malo). Y es que Sonic Mania transpira fan-made hasta por sus acordes, a cargo de Tee Lopes (PagodaWest Games).

Hay fórmulas que es mejor no tocar y la de Sonic The Hedgehog es una de ellas. Las florituras gráficas y su incursión en otros géneros no sentaron bien al erizo, lo que ha motivado este homenaje a la trilogía para Mega Drive. No obstante, encontramos tantas fases reimaginadas como inéditas, respondiendo siempre a un diseño de niveles excepcional. En este sentido, concedemos razón a quienes hablan del mejor Sonic en 15 años: frenético, adictivo y rejugable… siempre que no esperéis concesiones en cuanto a dificultad.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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