Splatoon está condenado a traer cola. Esta aproximación de Nintendo a los shoot’em up competitivos en línea nos llega sustentada en promesas a largo plazo, de forma que el contenido incluido en el disco resulta insignificante en comparación a las descargas que Nintendo EAD tiene en preparación.

Splatoon nos lanza directamente a Cromópolis, una pantalla de menús camuflada cual urbe diminuta donde interactuar con otros jugadores, personalizar nuestro equipo y dar el salto a los consabidos enfrentamientos cuatro contra cuatro. Pronto nos olvidamos de transitarla y recurrimos a los accesos directos del GamePad.

El juego derrocha personalidad desde la primera toma de contacto, aunque sólo sea por la forma humanoide del protagonista (inkling), capaz de transmutarse en calamar para nadar los ríos de tinta que resultan de los tiroteos. Nuestra primera parada será el Vestíbulo, donde la opción de Combate competitivo se encuentra bloqueada. Se habilitará cuando el suficiente número de jugadores haya alcanzado el nivel 10, hasta lo cual nos conformamos con retar a nuestros amigos o participar en un Combate amistoso junto a otros siete jugadores. 

El modo de juego Territorial nos pide cubrir de pintura la mayor extensión de escenario posible liquidando a los adversarios por el camino, lo que también concede valiosos puntos de experiencia. Con éstos sube de nivel nuestro inkling y los potenciadores inherentes a su equipo: accesorios, ropa, calzado y armas que adquirimos en las tiendas de turno (algunos exclusivos de cierto nivel). Contamos un total de 24 mejoras entre principales y secundarias, las cuales llegan a marcar la diferencia en el transcurso de las refriegas: mayor potencia del arma principal, menor consumo de tinta, incremento de la velocidad o distancia a la que lanzamos bombas… A este respecto distinguimos armas secundarias y especiales (inseparables de la principal): bombas guiadas, aspersores, telones de tinta, Tintazuca, Tintófono, burbujas a modo de escudo y Supercalamar entre otras.

Ya metidos en faena, sabed que los equipos se redistribuyen de forma aleatoria tras cada partida y que los escenarios disponibles por modalidad varían cada cuatro horas, de lo que nos informan unas exasperantes Mar y Tina. El día del lanzamiento contaremos con cinco únicas arenas: Parque Viaducto, Plataforma Gaviota, Parque Lubina, Almacén Rodaballo y Plazuela del Calamar, cada una con sus recovecos aunque no especialmente diferenciadas en términos jugables. Asevera Nintendo que las armas se adaptan mejor a unos escenarios que otros, pero no hemos sabido verlo. 

Preocupa igualmente la descompensación entre lanzatintas, salpicadoras o rodillos, opción predilecta de quienes participaron en las sesiones de demostración (Global Testfire). Si los combates evolucionan según lo previsto, el desequilibrio será historia conforme los amantes del gatillo fácil descubran las excelencias de la Megabarredora o el Kalarrapid. Frenar a ese rodillo inquieto con un disparo certero gira las tornas a nuestro favor y por dicho motivo muchos compañeros de la prensa han primado la cadencia a la velocidad de pintado durante las últimas semanas. Queda igualmente la opción de parches correctores…

El esquema de control sí nos ha conquistado, por mucho que apuntar con el giroscopio extrañe de primeras. No tardamos en nadar, saltar u ocultarnos cual calamar con una naturalidad pasmosa, resultando esto último imprescindible para la supervivencia (lo comparamos sin paliativos con los insistentes parapetos de Gears of War). El GamePad también brinda accesos directos a las posiciones de nuestros compañeros de equipo. “Supersaltos” que ejecutamos con pulsar sobre sus nombres, especialmente útiles cuando algún integrante logra colarse en trinchera enemiga o es acorralado. 

En el Combate competitivo nos aguarda la modalidad Pintazonas, que apenas pudimos catar por el ínfimo número de jugadores conectados. Hemos de pintar y proteger parcelas del escenario durante el tiempo marcado, lo que incrementará nuestro rango (matchmaking de C- a A+). A fin de cuentas, Splatoon nos ha divertido como enanos gracias a sus incursiones frenéticas y accesibles. Sí, el número de mapas y modalidades deja que desear y el arsenal dista de la paridad, pero nos acogemos al DLC (gratuito) que llegará durante semanas. Rezan los planes de Nintendo: “Como contenido adicional gratuito disponible tras el lanzamiento, los jugadores también podrán probar nuevas armas, así como un nuevo modo de combate competitivo llamado Torre. Una importante actualización del juego tendrá lugar en agosto que añadirá nuevas posibilidades a la hora de formar equipo con cuatro jugadores o crear encuentros privados para ocho jugadores, solo con amigos. También en agosto estará disponible otro modo de combate competitivo, Pez Dorado, una nueva línea de artículos para darle vida a los atuendos de los calamares en combate ¡y mucho más!”. 

La situación no es nueva, como bien saben los asiduos de otros fps (congratulados meses después). Por este motivo hemos preferido no puntuar esta crítica, sin llegar a convertirla en una “review in progress”, pues al final lo que importa son las impresiones a los mandos. 

Splatoon tiene más que ofrecer en el plano desconectado: juegos arcade, Arena para dos jugadores y un improvisado Distrito Pulpo. Lamentamos profundamente lo limitado de las partidas locales, donde nos conformamos con reventar más globos que un amigo (uno desde el televisor y el otro desde el GamePad). Si pensábais en Splatoon como el nuevo rey en vuestras fiestas de salón, podéis irlo olvidando.

El modo historia sirve de entrenamiento para la vertiente online, aunque también evidencia lo poco inspirado de los cinco mapas disponibles, ajenos a muchas de las genialidades que encierra este rescate del “Gran Siluro”. El Capitán Jibión nos da la bienvenida a las alcantarillas de Cromópolis, donde se otorga contexto (y malos malísimos) al mundo de Splatoon. Un distribuidor de niveles nos obliga a explorar en busca de teteras invisibles, que al ser chorreadas de pintura dejan al descubierto la fase propiamente dicha. Se conciben más bien como desafíos de apenas 5 minutos, pero con mecánicas tan atractivas como plataformas invisibles, escaladas de vértigo, búsqueda de ítems en recorridos laberínticos, saltos al milímetro entre chorros de tinta… El diseño de los enemigos es sencillamente genial: Octoamazonas, Giroctocópteros o Tintapisonadoras nos pondrán las cosas difíciles, pero nada en comparación con los ingeniosos enemigos finales. Tardaremos unas 6 o 7 horas en completar la treintena de misiones (a las que se sumarán desafíos desbloqueables mediante figuras Amiibo), todas ellas con claras reminiscencias a hitos del género de plataformas como Super Mario Sunshine o Super Mario Galaxy. Ni nos imaginamos lo que podría haber sido este modo historia convertido en un juego de cabo a rabo…

Gráficamente no estamos ante el título que mejor exprime las interioridades de Wii U, aunque el resultado es de notable alto, sin deficiencias aparentes. La representación de la pintura se lleva la palma, como no podía ser de otra forma, amén de jefes y entornos en el Distrito Pulpo. Una estética colorida, acompasada por piezas musicales nunca monótonas y de algún modo distintas a lo que Nintendo nos tiene acostumbrados, motivo por el que sus seguidores llevaban años pidiendo una nueva propiedad intelectual.

En conclusión

Splatoon es un juego muy divertido, con algunos problemas de bulto y base. Sus batallas en línea ganarán mayores enteros conforme se equilibre el arsenal y aumente el número de escenarios y modalidades disponibles. Hasta entonces nos queda un modo historia loable, cuyas ideas bien podrían implementarse en los combates competitivos. Opciones de juego local menos testimoniales habrían redondeado la propuesta.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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