Admitámoslo: los juegos sobre deportes extremos han vivido tiempos mejores. Atrás quedaron grandes títulos como la saga SSX, los Tony Hawk e incluso los míticos Cool Boarders de la primera PlayStation. De un tiempo a esta parte, estos juegos han ido perdiendo fuelle hasta casi desaparecer entre enésimas entregas de franquicias desfasadas o títulos que, de forma fútil, no consiguen ni revitalizar el género, ni tan siquiera estar a la altura de sus predecesores (véase el caso del Shaun White Snowboarding).

En esta tesitura, mis ojos se abrieron cual girasoles al sol cuando Ubisoft presentó por sorpresa este Steep. Un juego llamado a recoger el testigo de épocas pasadas y, además, dar una vuelta de tuerca a un género a todas luces estancado.

Dos eran sus claves a modo de pretensiones: por un lado, incluir una variedad de deportes extremos sin encasillar el juego en uno sólo, y por otro, la posibilidad de jugar en un enorme mundo abierto con toques de MMO, marca de la casa.

En su día ya os hablamos de cómo Ubisoft había escogido un nuevo camino para muchas de sus producciones. Títulos como The Crew o The Division ya muestran ese carácter de mundo abierto, con una pizca de MMO y, especialmente en el caso del shooter neoyorkino, grandes dosis de rol. En Steep nos encontramos una premisa más o menos similar, pero con matices que, por desgracia, no llegan a cumplir como debieran su objetivo. El juego carece de cualquier tipo de narrativa, más allá de soltarnos en los Alpes para ‘impresionar’ a quien quiera que desee vernos y así desbloquear nuevas zonas. Nuestro personaje se limita a subir de nivel mediante la experiencia que logramos explorando el enorme mundo de Steep y, como es obvio, dependiendo de nuestra puntuación en cada una de sus pruebas.

Steep

Steep atesora pruebas de snowboarding, esquí extremo, salto base y parapente.

Pese a disponer de cuatro deportes distintos (que serán ampliados mediante DLCs) como son el snowboarding, el esquí extremo, el salto base y el parapente, las pruebas comparten objetivo: ganar el máximo de puntos posible para lograr la medalla de oro. Sí, hay diferencias entre desafíos (alcanzar la máxima velocidad, realizar los mejores trucos…), pero la meta viene a ser la misma.

A pesar de que el juego demuestra variedad, sobre todo por las cientos de pistas por las que podemos lanzarnos, con el paso del tiempo no podemos evitar cierta sensación de repetición. No molesta tanto gracias al pique sano con otros jugadores (o amigos), algo a lo que ayuda sobremanera la ausencia total de tiempos de carga, permitiéndonos desplazarnos por todo el mapeado con tan sólo apretar un botón. Exactamente lo mismo para repetir una prueba con la que no hayamos quedado satisfechos.

En este sentido, podemos adquirir pases de helicóptero con créditos del juego (se obtienen cumpliendo objetivos o subiendo de nivel) para llegar de forma inmediata a zonas “fuera pistas”. Otros añadidos de interés son los globos aerostáticos, desde los que lanzarnos en busca de nuevas rutas; por no hablar de secciones casi oníricas, que nos muestran el aspecto más bello y natural de las montañas alpinas mientras nos cuentan una serie de fábulas sobre las mismas.  

Steep destapa todo su potencial jugando en compañía, gracias a sus cuantiosas opciones sociales

Pero, volviendo a la evolución de nuestro personaje, al no tener un sistema de habilidades que mejorar o algo similar, el único aliciente que se nos ofrece es el de ganar créditos para comprar nueva equipación. Esto lo reduce todo a algo meramente estético, lo que a priori no tiene porqué ser malo, pero se nota la falta de sponsors oficiales que motiven a los locos de la adrenalina. Hemos visto pruebas de Solomon, Red Bull o Go Pro. Hay unos cuantos más, pero son pocos para un juego de estas características. Sean ‘de marca’ o no, las opciones de personalización son extremadamente variadas y, en algunos casos, tremendamente divertidas.

Ese toque ‘rolero’ que le falta al título y que no hubiera estado de más añadir (es tan sencillo como dar una serie de cualidades a cada objeto que adquiramos, como más velocidad en una tabla específica o unos esquíes especialmente pensados para los trucos en los snowpark, por poner un ejemplo) se intenta compensar con unas características sociales que, aquí sí, son toda una delicia. Al igual que en los anteriores juegos de Ubi, nos cruzaremos con decenas de jugadores en nuestras andaduras alpinas: podemos crear un grupo con hasta tres amigos más, e incluso invitar a jugadores con los que nos crucemos. Además, podemos guardar y compartir nuestras repeticiones más espectaculares y, lo mejor de todo, crear nuestras propias pruebas en aquellas rutas que más nos hayan gustado. La conclusión es clara: Steep se puede jugar en solitario perfectamente, pero con amigos gana muchos enteros.

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El juego es cien por cien arcade, aunque dominar cada disciplina no es tarea fácil.

A nivel deportivo, lo que más nos ha gustado son los descensos en wingsuit, carreras vertiginosas y muy acrobáticas donde iremos al límite en todo momento. Su contrapunto es el parapente, el modo más aburrido que, al menos a mí, me ha servido más para vivir ciertos momentos de introversión y relajación, más que para competir. El control un tanto errático tampoco ayuda a mejorar la experiencia de juego. Importante dejar claro que el título es cien por cien arcade. Que nadie espere una simulación deportiva extrema porque, aparte de llevarse un chasco, es algo tremendamente difícil (sino imposible) de conseguir.

La cámara también es un tema un tanto escabroso ya que, salvo en las repeticiones, sólo contaremos con dos tipos: principal en tercera persona y subjetiva desde el casco. ¿Cuál es el problema? Pues que la cámara subjetiva es básicamente una visión de lo que graba nuestra Go Pro virtual y en ningún caso sirve para controlar al raider. Esto hace que tan sólo podamos hacer uso de la cámara en tercera persona y, por desgracia, su ángulo no siempre es el adecuado.

Aún así, no quiero que esta crítica parezca derrotista. El juego hace bien muchas cosas sin llegar a ser perfecto en nada. Entretener entretiene, gracias a su enorme mapa, a la gran libertad de acción que ofrece y a su ingente cantidad de opciones sociales. Todo ello permite compensar sus fallos, sin duda alguna.

A nivel técnico no es puntero, pero luce de maravilla. Con unas vistas espectaculares de unas montañas llenas de detalles, una iluminación dinámica de quitar el hipo (que podremos elegir a nuestro gusto gracias a un ciclo día-noche que se puede acelerar) y unas animaciones muy logradas, donde sólo el motor de colisiones falla puntualmente.

Con Steep, Ubisoft da un primer paso para traer de vuelta un género defenestrado. Lo hace intentando aplicar la fórmula que tan buenos éxitos le está haciendo cosechar, lo cual ya es un punto a favor del título. Eso sí, viendo esas bajadas de snowboard a toda velocidad, uno se pregunta por qué Steep no ha coqueteado con la realidad virtual.

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