Uno de los mejores momentos del año se produce alrededor de la sobremesa de Nochevieja y Año Nuevo: mi padre y mi tío, ambos radiotelegrafistas en grandes embarcaciones, nos deleitan con la multitud de anécdotas vividas en sus largas travesías por el mundo. Grandes nevadas encallados en Terranova, motores estropeados a 30 grados bajo cero, asaltos piratas en Nigeria, sobornos a autoridades a cambio de protección, motines a bordo, peleas, borracheras… Escuchamos con los ojos abiertos, reímos a mandíbula batiente y disfrutamos de estas historias, que podríamos repetir de memoria, pero que siguen siendo igual de atractivas que hace quince años.

Estoy a bordo de mi pequeño barco, surcando el Unterzee, intentado llegar a una isla donde me esperan unos tipos siniestros para que embarque sin hacer muchas preguntas una mercancía secreta y se la lleve de vuelta a un tipo tuerto más siniestro si cabe en Fallen London. No puedo evitar acordarme de las andanzas de mi padre y de mi tío; ¡cuántas veces he envidiado sus hazañas! Me he podido refugiar en grandes clásicos de la literatura y del cine para emularles en la ficción, pero no ha sido hasta la llegada de Sunless Sea que me he sentido transportado a su piel.

Sunless Sea es una inteligente propuesta que pretende sumergirnos en su distópico universo, repleto de islas, piratas, monstruos abisales e historias, muchas historias. O, al menos, las que podamos descubrir y crear con nuestros viajes y decisiones. Desde el primer momento Sunless Sea quiere que nos involucremos de forma activa en su mundo y en su ambientación, así podremos determinar qué tipo de capitán seremos, tal vez un poeta, un lobo de mar curtido en mil viajes, un filósofo… o puede que prefiramos que el misterio rodee nuestro pasado y sea la comidilla de la tripulación y de nuestros oficiales. Las metas que persigamos con nuestras expediciones marcarán un objetivo que será nuestra brújula final, quién sabe, puede que busquemos pasar a la historia como un escritor fecundo, tal vez estemos buscando los restos de nuestro difunto padre para darle una sepultura digna o puede que, simplemente, queramos morir podridos de dinero. Las posibilidades son amplias y nos permiten un gran margen de maniobra; otro cantar será que consigamos alcanzar nuestros sueños.

Y es que muy pronto descubriremos que estamos frente a un reto de proporciones considerables. Sunless Sea es un juego lento, por momentos contemplativo, que en sus primeras horas nos dará un buen chapuzón de realidad. Lo que parecía un tranquilo viaje donde la tripulación trabaja feliz, los oficiales se muestran competentes y la perspectiva de llegar a nuevo puerto es recibida con alegría, pronto se tornará en ansiedad por alcanzar un sitio donde arribar para recargar las provisiones, que se han quedado cortas, y esos barriles de combustible que hace horas dejaron de gotear; un sitio donde reparar los destrozos que ha sufrido nuestro barco y donde lo que queda de nuestra tripulación pueda aguar en alcohol el terror que se les ha calado en los huesos después de ver emergir a esa criatura de lo más profundo del océano.

Y volvemos a las decisiones: Failbetter Games no se anda con paños calientes, si queremos tener una mínima oportunidad de volver a contarlo o, al menos, de intentar llegar a ese puerto que se perfila en el mapa que vamos trazando con nuestras exploraciones, toca remangarse y asumir que somos el capitán. ¿Lanzaremos las provisiones al motor como si fuesen combustible? ¿Las restantes nos permitirán llegar a puerto antes de que la tripulación se amotine a causa del hambre? ¿No nos quedan provisiones? ¿Seremos capaces de comernos las ratas que corretean por la bodega? ¿Sucumbirá nuestra gente al terror cuando tomemos la decisión de comernos al marinero más débil e inútil? ¿Caeremos en la superstición y realizaremos ofrendas y sacrificios a las criaturas que pueblan las negras aguas del Unterzee? ¿Apagaremos las luces y nos dejaremos abrazar por la oscuridad, a pesar de la maltrecha salud mental de nuestros tripulantes, para intentar evitar a esos malditos piratas que nos acechan? Efectivamente, Sunless Sea hace rato que dejó de ser un apacible viaje para convertirse en un terrorífico salto al abismo más oscuro y cruel del alma humana.

La exploración es uno de los grandes pilares del juego, pasaremos muchas horas recorriendo las oscuras aguas del océano para ir dibujando el mapa del fantástico universo que nos plantea Sunless Sea; pero también pasaremos mucho tiempo leyendo páginas de texto, nuestro cuaderno de bitácora o conversaciones con sus múltiples decisiones y consecuencias. Jugar y leer en Sunless Sea va de la mano, ninguna de estas dos facetas tiene un mayor protagonismo que el otro, todo lo contrario, ambas conforman un todo que no se puede entender por separado. Entiendo que Failbetter Games asume que con esta fórmula muchos jugadores se perderán por el camino, pero darle una oportunidad al juego es algo así como dejarte atrapar por una novela de Lovecraft, inspirada en 20.000 leguas de viaje submarino de Verne o en Moby Dick de Herman Melville con la prosa de Gaiman o Mieville y la capacidad de decisión que solo puede imprimir un videojuego.

A lo largo de nuestras aventuras, como buen roguelike que es Sunless Sea, es muy probable que acabemos en el fondo del océano o con una daga en nuestro corazón, tirados en cualquier esquina del puerto más maloliente de Unterzee. Con toda seguridad, nuestro primer capitán fallará, el segundo puede que siga el mismo destino, pero quién sabe, tal vez el tercero alcance sus metas. Sí, has leído bien, he hablado de varios capitanes. En Sunless Sea la muerte es definitiva, pero el juego no acaba ahí; el estudio británico ha ideado un sistema por el cual, dependiendo de cómo se nos haya dado la partida, al morir podremos (o no) legar una serie de ventajas a nuestro sucesor; tal vez una inestimable suma de dinero que nos ayude en los inicios, puede que parte de la tripulación que hemos conseguido reunir o algún artefacto de incalculable valor o poder. Y es que empezar siempre es duro, pero Sunless Sea premiará a los más atrevidos, a aquellos que luchen por llegar más lejos para colmar sus ambiciones o deseos. Como si de una metáfora se tratase, este sistema es un reflejo de la sabiduría que como seres humanos recibimos como legado de nuestros antecesores, por lo que nuestras siguientes 'nuevas partidas' serán de inicio más sencillas, pero tan difíciles y ambiciosas como nos lo propongamos.

Seguramente es un juego que no gustará a todo el mundo: requiere de paciencia y de un ejercicio de imaginación importante por parte del jugador. Su propuesta lenta, contemplativa, plagada de lecturas profundas (en un maravilloso inglés) y con incontables decisiones lo convierten en una rara avis, como esos pececillos atrofiados de las fosas abisales, aterradores y atractivos a partes iguales.

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