Puede no sonarle a las nuevas generaciones, pero hubo un tiempo en que Bomberman era el alma de la fiesta. Con más de 60 títulos a sus espaldas, la mascota de Hudson Soft pasó por todas las plataformas habidas y por haber, hasta perder fuelle a finales de la década pasada. No así su fórmula, arrebatada de mala manera por infinidad de mobile games.

Me alegré sobremanera al saber que el personaje (ahora bajo el seno de Konami) irrumpiría en el lanzamiento de Nintendo Switch. Super Bomberman R celebra el trigésimo tercer aniversario de la franquicia, con su premisa intacta y las partidas multijugador como principal reclamo. El componente social de la plataforma ha sido determinante, entendemos, de forma que hasta el modo historia puede completarse en cooperativo. El segundo jugador se incorpora a la partida con tan sólo pulsar un botón.

Para quienes no sepan de qué va esto: avanzamos por un escenario delimitado geométricamente y salpicado de obstáculos. Muros que derribar plantando bombas a razón de una o varias por vez, según los potenciadores recogidos. El objetivo suele ser bien acabar con los enemigos sobre el tablero, bien recolectar los ítems que activen el portal a la siguiente fase. Entra en juego así la estrategia: calcular la onda expansiva, posicionarnos en consecuencia y, si es posible, acorralar al rival entre detonaciones.

Se agradece el esfuerzo por insertar los niveles en un argumento mínimo, narrado a base de cinemáticas y con el sentido de humor por bandera. Aquí una razón más para aplaudir la viveza del panel de Switch, porque el juego derrocha colorido. Nos aguardan 50 fases segmentadas en mundos y rematadas por el jefe final de turno, al que plantamos cara dos veces. La primera al estilo tradicional, sembrando bombas que frenen su trayectoria. El problema es que la inteligencia artificial se pasa de lista: acierta nuestro siguiente movimiento nueve de cada diez veces, lo que eterniza el trámite hasta el enfrentamiento propiamente dicho, cuando el malvado sube a una mole robótica para hacernos papilla. Son los momentos más vistosos del juego, aunque la perspectiva de cámara (pseudo isométrica) ayude más bien poco.

Los enfrentamientos finales suponen de los momentos más inspirados.

Los enfrentamientos finales suponen de los momentos más inspirados.

Lo anterior se padece también en las misiones de tránsito, diseñadas con diferentes alturas y elementos interactivos que juegan tanto a favor como en nuestra contra. Meritoria la variedad de planteamientos, como el rescate de civiles o la supervivencia a hordas enemigas durante un tiempo dado. Los menos duchos no tienen de qué preocuparse, pues cada nivel presenta varios modos de dificultad y podemos recargar vida apoquinando la divisa del juego. Alcanzar los títulos de crédito resulta entonces cuestión de perseverancia, unas tres horas como máximo.

Restan después las opciones multijugador. Tristemente, son más las configuraciones de juego que las modalidades. En cuanto al offline, pueden combatir un mínimo de 2 y un máximo de 8 jugadores, tanto en la misma consola (sincronizando idéntico número de mandos) como en el televisor. Otra opción son las batallas locales, donde vincular hasta cuatro consolas, cada cual con dos Joy-Con. En todos los casos podemos personalizar la partida: número de sets, posición de inicio, tiempo,  empleo de habilidades especiales, plante de trampas o las llamadas “carretas de venganza”, con las que los jugadores caídos pueden importunar a quienes sigan sobre el tablero. El objetivo una vez más es ser el último Bomber en pie.

Super Bomberman R trae de vuelta el espíritu arcade de los 80: su fórmula sigue funcionando como el primer día

Por su parte, las batallas online distinguen entre “batallas de liga” (subimos de nivel a base de acumular victorias) y “batallas libres”, instantáneas o configurables. Al tratarse del tercer juego más vendido en el lanzamiento de Switch (tras Breath of the Wild y 1-2 Switch), no hemos tenido problema para encontrar partidas. Sí en cuanto a la fluidez: se aprecia lag, aunque nunca hasta el punto de entorpecer la partida. Es un problema reconocido por Konami, que esperemos solucione en breve mediante actualización.

A fin de cuentas, los combates en multi resultan muy entretenidos, pero hubiésemos agradecido más variedad en su planteamiento. El desbloqueo de escenarios, personajes y accesorios en la tienda del juego supone otro intento por prolongar la vida útil de un título quizás sobrepreciado, dada su naturaleza arcade. De ahí que funcione mejor en modo portátil que en sobremesa.

Sobre los apartados visual y sonoro, resultan simpáticos aunque con peros. Los gráficos son correctos, con remates algo desfasados y los efectos terminan por machacar. Melodías y doblaje (al inglés) juegan un buen papel.

El lag no llega a frustrar unas batallas online parcas en modalidades.

El lag no llega a frustrar unas batallas online parcas en modalidades.

Desde su colorida carátula al propio gameplay, Super Bomberman R trae de vuelta el espíritu arcade de los 80, motivo por el que agotó su stock en cuestión de horas (al menos en nuestro país). Es un homenaje sin alardes al icono de Hudson, ideal para partidas rápidas en solitario o compañía. Más lo segundo, pues su campaña se agota demasiado pronto.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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