Lo hemos repetido hasta la saciedad: 2017 es el gran año de las plataformas, justo cuando muchos daban el género por muerto. Super Mario Odyssey, Yooka-Laylee o Sonic Mania nos han hecho soñar como hacía tiempo no lo hacíamos, pero la proliferación de títulos también deja ejemplos menos inspirados. A Bubsy: The Woolies Strike Back nos vemos en la obligación de sumar este Super Lucky’s Tale, con que Microsoft acompaña el lanzamiento de Xbox One X.

Lucky fue el protagonista de la primera exclusiva para Oculus Rift. Pese a un diseño genérico, el software de Playful destacó por lo efectista: no todos los días se te pasea un zorro a un palmo de narices. Quién sabe si en conversaciones para el desarrollo de su propio visor de realidad virtual (descartado en favor de la realidad mixta), los de Redmond encargaron una secuela para apelar al público infantil.

La perspectiva de Super Lucky’s Tale evidencia sus orígenes. Lo que funcionaba en realidad virtual aquí difícilmente: la cámara tan sólo puede rotarse unos grados a izquierda y derecha, lo que resulta incomprensible dados los tiempos que corren y los títulos con que compite. Esto dificulta numerosos saltos, máxime cuando las dimensiones de una plataforma son exiguas. Sin ser un juego desafiante, la mayoría de muertes se producen por la dificultad para dilucidar dónde posaremos las patas. Esto mismo convierte en fieros a los enemigos voladores, por mucho que su repertorio de movimientos sea limitado.

Lucky' debe hacer frente a Jinx y su estirpe felina, con el objetivo de rescatar el misterioso Libro de los Tiempos y a su propia hermana.

Lucky debe hacer frente a Jinx y su estirpe felina, con el objetivo de rescatar el misterioso Libro de los Tiempos y a su propia hermana.

Saltos aparte, las animaciones de Lucky cumplen sobremanera, destacando la posibilidad de zambullirnos en la tierra. Muchos de los coleccionables se supeditan a encadenar habilidades sin perder un segundo, lo que atañe tanto a las fases principales como a los mundos en que se insertan, al más puro estilo Super Mario 64. Son cuatro, rematados por jefes finales a los que accedemos recolectando equis número de tréboles (estrellas, por seguir con la analogía).

En un intento por alargar la vida útil, cada nivel alberga cuatro tréboles. El primero aguarda al final del recorrido, el segundo se obtiene recolectando las letras que conforman el nombre de la mascota, el tercero se oculta en algún rincón y el cuarto depende de agenciarnos 300 monedas. Sorprendente que éstas no sirvan para otra cosa (amén de incrementar el indicador de vidas), por lo que acabaréis la aventura como auténticos millonarios. Por su parte, los tréboles secretos no requieren demasiado esfuerzo, siendo común topárnoslos en la primera vuelta.

Playful se apoya en los fundamentos de Lucky’s Tale, inapropiados sin visor de realidad virtual entremedias

Al menos, Playful ha puesto empeño en la variedad de fases. Las hay de avance tridimensional, lateral y automático (endless runner), entretenidos rompecabezas y encargos de los personajes secundarios, como el acorralamiento de gallinas en el mundo ‘agrícola’. Porque el sentido del humor está presente en cada diálogo y casa a la perfección con una estética cartoon nuevamente genérica, pero bastante atractiva.

Por la simpleza de sus modelados, el juego no tiene problemas para correr a resolución 4K nativa en Xbox One X y aquellos equipos capaces, si bien presenta problemas de rendimiento (puntuales) en el modelo S. La falta de optimización es la única explicación que se nos ocurre, lo que debería corregirse con un parche durante las próximas semanas. Acompañan simpáticas melodías y efectos de sonido, incluyéndose el inesperado doblaje de interjecciones, introducción y epílogo. Ahí radica quizás el mayor problema de Super Lucky’s Tale: la meta no compensa un diseño de niveles poco inspirado, sobre todo por el abusivo número de tréboles que nos separa del jefe final. Mientras en Odyssey las lunas son consecuencia de una exploración placentera, aquí se sienten una obligación.

Super Lucky’s Tale era uno de nuestros títulos más esperados para Xbox One, siendo como somos verdaderos amantes de las plataformas, pero el resultado dista de nuestras (modestas) expectativas. Sabíamos que el original no derrochaba personalidad, pero la realidad virtual le insuflaba encanto. Sin visor de por medio y empeñada en una perspectiva quisquillosa, su secuela viene a menos.

La variedad de fases y el colorido no salvan un desarrollo estirado a base de coleccionables. Ítems que no suponen demasiado desafío y por ende apetece lo justo perseguir. En total, unas siete u ocho horas que quizás agradezcan los más pequeños.

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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