Puede que The Legend of Zelda: Ocarina of Time esté considerado uno de los mejores juegos de todos los tiempos, pero Majora’s Mask dejó mayor impronta en quienes se atrevieron con su propuesta. No extraña que Eiji Aonuma, en su primer encargo como productor, confesara haber tenido pesadillas durante el proceso de desarrollo.

El esquema de juego difería diametralmente de los ya establecidos cánones de la franquicia y es por ello que Majora’s Mask dejó tras de sí tantos incondicionales como detractores. Tanto es así que ninguna de las entregas posteriores ha mostrado semejante grado de atrevimiento

Las discretas ventas de Nintendo 64 urgían una secuela para el exitoso Ocarina of Time, pero los de Kyoto no podían permitirse otros cuatro largos años de desarrollo. Tanto Miyamoto como Aonuma coincidieron en una limitación temporal que condensase la aventura, pero al tiempo prolongase su vida útil promoviendo que los jugadores escudriñasen cada uso horario en pos de completar los muchos rompecabezas dispersos por Términa. Nintendo EAD finiquitó el desarrollo en apenas un año.

Iniciada la partida, ya con el inventario de equipo en el panel táctil de Nintendo 3DS, sorprende la existencia de cuatro únicos templos. No por ello Majora’s Mask resulta breve, pues encierra numerosos ítems por encontrar, enemigos a derrotar y misiones secundarias por las que perderse. El juego arranca justo tras la conclusión de Ocarina of Time, cuando Link cabalga a lomos de Epona dispuesto a recuperar su infancia. Un misterioso enmascarado (Skull Kid), acompañado de dos hadas hermanadas (Taya y Tael) le asaltan. Comienza así una persecución por la que el Héroe del Tiempo acaba en una tierra paralela a Hyrule, amenazada por la caída de la luna. 

Disponemos tan sólo de tres días para encontrar a Skull Kid, recuperar la preciada máscara y evitar el desastre. ¿Imposible? Desde luego, pero la opción de retornar al primer día gracias a la Ocarina del Tiempo nos permite ir avanzando poco a poco en nuestra empresa. Ahí reside la ‘gracia’ del juego, que nos convierte en administradores del tiempo bajo penalización: cada vez que retrocedemos somos desprovistos de buena parte de nuestras posesiones, no así de objetos fundamentales con los que atajar secciones ya completadas.

Por suerte para los más reacios, la remasterización de Majora’s Mask corrige algunos puntos en conflicto del original. El farragoso sistema de guardado se simplifica con estatuas dispersas a lo largo del juego, muchas de las cuales también sirven de atajo previa interpretación de una melodía. La Ocarina también permite avanzar a una hora concreta, si es que tenemos algún encargo pendiente. Vuelve a resultar muy útil entonces el Cuaderno Bomber, ahora una agenda de interacciones pormenorizada, donde programar alarmas para que Taya nos recuerde a dónde acudir y cuándo. 

El gran problema del clásico resultaba, no obstante, su falta de explicitud. Majora’s Mask 3D ofrece más pistas, tanto desperdigadas por el escenario como en boca de unos personajes que han ganado en locuacidad. Sigue siendo un título exigente, pero recompensa de forma más justa a los observadores. El resto siempre puede recurrir a las piedras Sheikah, que retornan desde Ocarina of Time 3D para delatar nuestro próximo movimiento a modo de visión.

Por razones obvias no podemos detallar otros cambios jugables o guiños introducidos por Grezzo. Basta decir que ciertos enfrentamientos han rebajado considerablemente su dificultad y que algunos puzles han variado para complicar un poco las cosas a los veteranos. Lo percibiréis nada más comenzar, cuando juguéis al escondite con unos atolondrados Bomber. El mayor reto aún consiste, como no podía ser de otra forma, en hacernos con todas las máscaras del juego: metamorfosis que nos permitirán salvar Términa con las máximas garantías. 

Las mejoras más evidentes recaen sin embargo en el apartado técnico. Ya habréis visto los numerosos vídeos comparativos que pueblan la red, evidencias de un lavado de cara apabullante. Al igual que el original mejoró Ocarina of Time gracias a las virtudes del Expansion Pack, Majora’s Mask 3D supone un salto cualitativo respecto a su predecesor en Nintendo 3DS. Siendo este un juego donde los personajes secundarios cobran tanto peso, se agradecen las mejoras en el modelado no sólo del propio Link. Los rostros han ganado expresividad y fluidez las animaciones. 

En términos generales apreciamos texturas más nítidas y coloridas, donde el sistema de iluminación juega un papel clave. De agradecer en un juego donde la ambientación es un constante claroscuro. Por lo demás nos aguarda una aventura de estética psicodélica, tenebrosa pero poderosamente atractiva, algo que simboliza a la perfección la inquietante Máscara de Majora.

Si queréis un consejo, el remake muestra lo mejor de sí en New Nintendo 3DS. La imagen reluce en los nuevos paneles tanto o más que la banda sonora, intacta aunque igualmente remasterizada, lo que apreciaréis gracias a unos altavoces más capaces. El juego es compatible además con el C-Stick, de cuya precisión no éramos conscientes hasta estas partidas maratonianas. Se agradece en más de una situación, aunque el enfoque de cámara a golpe de gatillo sigue siendo lo predominante. ¿Y qué hay del nuevo efecto 3D superestable? Ratificamos nuestras impresiones con la edición Ambassador: lo hemos mantenido activo hasta los títulos de crédito sin molestias, con una ganancia en inmersión que nos ha hecho revisitar buena parte del fondo de catálogo de la portátil. Los juegos parecen otros, más aún si comparamos la experiencia de Majora’s Mask 3D con lo jugado hace 15 años.

En conclusión

Majora’s Mask 3D es el perro verde de The Legend of Zelda y como tal despertó (y seguirán haciéndolo) sentimientos encontrados. Una vez asumimos su particular mecánica (avanzar y retroceder en el tiempo son una constante que frustrará a algunos), es fácil ensimismarse con los parajes y gentes de Términa. Una aventura oscura cuya remasterización resuelve las injusticias del original, recompensa sabiamente al jugador y le atrapa gracias a las excelencias del efecto 3D. El lavado de cara tampoco es reprochable, especialmente con New Nintendo 3DS entre manos. Hemos disfrutado terriblemente las muchas horas en que la luna se aproximaba a nuestras cabezas. Es lo que tiene mejorar lo inmejorable.

 

Sobre El Autor

Redactor Jefe

Licenciado en periodismo por la Universidad de Málaga, siempre con el propósito de especializarse en ocio electrónico y nuevas tecnologías. Actualmente reside en Madrid, donde ejerce como Jefe de Redacción para esta revista. En su década de experiencia ha prestado servicio a grupos de referencia como Axel Springer (Hobby Consolas), Dixi Media (La Información), Gamereactor (división española) o Hipertextual (Ecetia, AppleWeblog y ALT1040).

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